ESTRENO: 12 DE MARZO

Medidas extraordinarias: Drama médico sin sangre en las venas

Medidas estraordinarias es un drama médico basado en hechos reales que nos cuenta la lucha de un padre (Brendan Fraser) por salvar a sus hijos de las garras de la enfermedad de Pompe. Para ello, se asocia con un médico muy poco convencional (Harrison Ford) con consecuencias insospechadas.

JUANMA GONZÁLEZ

¿Se acuerdan de El aceite de Lorenzo?. En ella, el director australiano George Miller (Mad Max, Las brujas de Eastwick) abordó la lucha de unos padres contra la enfermedad degenerativa de su hijo con tal convicción y seguridad que convirtió un potencial relato de sobremesa en un melodrama casi ejemplar que explotaba a la perfección todas sus bazas.

Medidas extraordinarias, también basada en hechos reales, hubiera necesitado de un director con tanta personalidad y fuerza como Miller para que el relato cobrase dramatismo y, sobre todo, aires cinematográficos. Porque el film de Tom Vaughan (conocido hasta ahora por una vulgar comedia con Cameron Diaz, Algo pasa en Las Vegas) recorre de cabo a rabo todos los tópicos del telefilm de sobremesa basado en hechos reales, y no se molesta en animar la función con un mínimo de rigor, épica o sentido crítico.

El pobrísimo guión carece de peso específico, y la dirección desanimada arruina por completo un drama médico que peca de numerosas inconcreciones y que desaprovecha todas las oportunidades que se le presentan. A Vaughan no le interesa el componente de “buddy movie” entre el voluntarioso padre interpretado por Brendan Fraser y el bohemio y terco doctor al que da vida Harrison Ford, pero es que tampoco se molesta lo más mínimo en describir la lucha contra el sistema de las farmaceúticas que abordan los protagonistas en su odisea. Da la impresión de que le interesa más el reto empresarial de sus protagonistas que el imparable deterioro de los pequeños.

Pero el problema no es ése, sino que no hay en Medidas extraordinarias un hálito de creatividad, dramatismo, interés estético o entusiasmo, y su estreno cines sólo se explica por la presencia de un conformista Harrison Ford que aborda con carácter pero indudable aburrimiento un personaje que daba para mucho más. No nos encontramos ante un film academicista o rutinario, sino ante un ingenuo y ligero drama que, de tan comodón, desdramatiza la angustiosa situación de sus protagonistas y el conflicto que atraviesan.

Frente a eso poco pueden hacer un Harrison Ford que conserva su brillo estelar pero que debería cambiar de agente inmediatamente. Brendan Fraser también aborda su papel con sobria profesionalidad e intenta aportar humor, pero en vista de las desgana de su director, ni uno ni otro pueden obrar lo imposible: que este bienintencionado drama tenga un ápice de dinamismo.

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