
En la entrevista, que publica la revista GQ en su número de septiembre, Megan Fox se declara "tímida" pero no es esa la impresión que dan sus declaraciones. Fox critica a los actores, al mundo de Hollywood y a su propia profesión. También alude a la fama que ha alcanzado en su corta trayectoria.
"Actuar es muy extraño", cuenta Fox, al explicar que les pagan "para fingir atracción y amor". "Cuando piensas en ello... somos como prostitutas", dice. Tampoco le gustan los besos en la pantalla: "¡De verdad que es jodidamente asqueroso! Es una cosa súper íntima".
Sobre la fama que ha adquirido rápidamente, explica que no es como lo esperaba: "Cuando eres pequeño piensas que todos los famosos son ricos y poderosos. Pensé que una vez que consiguiera el éxito, todas mis dudas internas se solucionarían y me convertiría en una persona segura de mí misma. No ha sido así". En su vida, revela, tiene "un enorme sentimiento de soledad" porque nadie la conoce realmente". También cuenta su frustración tras el éxito de Transformers: "Realmente mi único trabajo era estar atractiva".
También recuerda algunas de sus experiencias en Hollywood con algunas de sus "leyendas": "Hay muchos tíos en el negocio, súper egocéntricos, acostumbrados a acostarse con un montón de chicas y, como no me conocen, piensan que voy a ser como un pastelito. Les espanto enseguida, delante de quien sea".
Es consciente de la imagen que se difunde de ella, pero no parece molestarle. Según admite, tiene una imagen de "promiscua, de agresiva sexualmente, de chica salvaje". Pero aunque ella dice que no es así, reconoce que no le importa que la vean de esa manera: "Prefiero tener una imagen de salvaje y promiscua antes que no ser realmente yo, antes de ser políticamente correcta".