
L D (Juanma González) A la hora de presentar en palabras Señales del futuro existe la duda de si ver el vaso medio lleno o medio vacío. Por un lado, el film de Alex Proyas presenta en imágenes algunos de los mejores momentos vistos en pantalla este año, y proporciona dos horas de entretenimiento asegurado. Pero otro, la mezcolanza de géneros (que funciona estupendamente durante su primera mitad) se viene abajo durante su desenlace, cuando se revela la verdad de uno de los varios enigmas que presenta la cinta.
Y es que ésta, que abarca con convicción el suspense, pura acción, terror y ciencia ficción, funciona maravillosamente en todo lo referente a los tres primeros. Es cuando se mueve en ese territorio cuando el film protagonizado por un hierático Nicolas Cage resulta tenso, espectacular e inusitadamente intenso. Para el recuerdo quedan dos secuencias espléndidas, y que envuelven sendas catástrofes en una autopista y en una estación de tren. Exprimiendo hasta el límite la ajustada calificación por edades de la cinta, Proyas presenta unos minutos de una violencia, ruido, tensión y –por qué no decirlo, diversión- que dejan absolutamente enmudecida a la platea. Se lo aseguro.
Pero en lo relativo a uno de los numerosos enigmas que presenta la cinta, que al final se revela fundamental, y en el que unos misteriosos individuos de dudosas intenciones tratad de comunicarse con los protagonistas, es donde la cinta de Proyas va a acabar flojeando. Acosado finalmente por la necesidad de cerrar esta línea argumental, el film descubre su última y definitiva baza argumental –tiene varias, como digo-, la que trata de rizar el rizo, pero que lleva al espectador a desconectar de lo visto hasta ese momento por su exceso e inverosimilitud.
Pero, volviendo a lo planteado inicialmente, Señales del futuro merece pese a ello que se contemple el vaso medio lleno. El film está bien dirigido y la puesta en escena de Proyas brilla en innumerables momentos: ver la aparición terrorífica de uno de los extraños en la habitación de Caleb, o y mantiene el interés a lo largo de todo su metraje, al que dicho sea de paso, le sobran algunos minutos. El impacto de las dos escenas mencionadas más arriba deja paso a un tono definitivamente pesimista y trágico, poco habitual en el cine comercial visto en los últimos meses.
Pero de lo que no queda ninguna duda tras ver Señales del futuro, es que su director Alex Proyas tiene un manejo de los resortes del género incuestionable y su conocimiento de los mismos –sin caer en homenajes obvios e innecesarios- recuerda al de, por ejemplo, Frank Darabont en una de las mejores cintas del año pasado, La niebla. Utilizando la ciencia ficción e incluso el terror de plataforma básica, el director de Yo, Robot sabe como dar espectáculo, inquietar e incluso asustar. Pero lo más importante, que bajo la apariencia de una cinta de pura trama, casi sin contenido, logra que latan una serie de advertencias pavorosas que alejan el film de un blockbuster al uso.
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