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La historia de los mártires de Barbastro ejecutados en la Guerra Civil llega al cine

Milicianos de la CNT arrestaron y ejecutaron a la comunidad entera al inicio de la guerra. Su estreno, un torbellino para el mundo del cine español.

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La persecución religiosa en España en el siglo XX, durante la II República y sobre todo durante la Guerra Civil, ha sido una de las más atroces de la historia del cristianismo. El número  de muertos por odio a la fe así lo acredita. También la lista de santos y beatos que regaron con su sangre España de norte a sur.

Muchas fueron las atrocidades que se produjeron durante estos meses. Se cree que hasta 10.000 personas fueron ejecutadas por sus creencias religiosas. Sin embargo, el ejemplo que de manera más escalofriante muestra esta realidad se produjo en la localidad aragonesa de Barbastro, diócesis literalmente devastada durante la Guerra. En los primeros días fue ejecutado el obispo, todo el seminario y numerosos sacerdotes. Los conocidos como mártires de Barbastro fueron beatificados por Juan Pablo II en 1992.

Pues bien, la historia de estos mártires ha sido llevada al cine. Un Dios prohibido es una producción que contará este hecho histórico no demasiado conocido y sobre todo el triunfo de la fe y del amor frente a la barbarie. Esta película ha sido llevada a cabo por la productora Contracorriente, nombre de lo más adecuado tras atreverse a realizar un proyecto de este tipo en el cine español y en el que los sacerdotes son las víctimas y miembros del bando republicano, en este caso de la CNT, son representados como los verdugos. Sin duda, toda una novedad en el mercado cinematográfico español.

La película ha sido dirigida por Pablo Moreno, mientras los Misioneros Claretianos aparecen como productores asociados y el estreno está previsto para finales de esta primavera. De hecho, la gran mayoría de los mártires de Barbastro eran claretianos. La cinta tiene intención de mostrar el momento histórico en el que fueron martirizados 51 miembros claretianos de Barbastro "deteniéndose en el aspecto humano y religioso de las personas que participaron en este hecho histórico y resaltando la dimensión universal del triunfo del amor sobre la muerte".

En este sentido, el filme narra las últimas semanas de vida de los claretianos asesinados, muchos de ellos estudiantes. Desde que son retenidos hasta que son fusilados. En ese tiempo consiguieron realizar diversos escritos sobre su situación y sobre sus compañeros presos. Estos documentos, y el testimonio de dos miembros argentinos que no fueron asesinados debido a su nacionalidad, han sido la fuente en la que se han inspirado los productores.

Qué ocurrió en Barbastro

La casa de la Comunidad Claretiana de Barbastro fue asaltada por milicianos de la CNT el 20 de julio de 1936. La comunidad estaba formada por 60 personas: nueve sacerdotes, doce hermanos y 39 estudiantes. Los tres padres superiores fueron arrestados mientras que el resto fue encerrado en el salón de actos del colegio de los Padres Escolapios.

Los carceleros buscaban una y otra vez la apostasía de los jóvenes seminaristas. Para ello, introducían prostitutas en el salón para tentarlos. No obtuvieron éxito. Del mismo modo, les tenían prohibido rezar aunque conseguían sortear la vigilancia para orar en pequeños grupos.

Del mismo modo, pudieron mantener la comunión diaria. Un padre escolapio y un cocinero se las ingeniaron para poder introducir las sagradas Formas en el cesto del desayuno. A la hora de repartirse, el padre Sierra colocaba la Hostia entre el pan y la pastilla de chocolate.

Intuyendo y más tarde comprobando la suerte que se les venía encima, los jóvenes dejaron su testimonio en sillas, tablas, paredes y hasta en los envoltorios de la comida. Allí dejaron claro que en ese lugar la fuerza del amor era invencible.

Unos doce días después de ser encarcelados los padres superiores fueron fusilados. El resto murió fusilado los días 12, 13, 15 y 18 de agosto de 1936. Con ellos murió un gitano, Ceferino Giménez, que se negó a abandonar su Rosario, motivo por el cual fue ejecutado. El Pelé, como era conocido, es ahora beato en la Iglesia Católica.

La otra memoria histórica

La persecución religiosa en España todavía tiene testigos vivos por lo que no hay que remontarse siglos atrás para hablar de las barbaries que es capaz de hacer el ser humano. Se cuentan en más de 10.000 los mártires durante la Guerra Civil donde un porcentaje muy importante del clero fue asesinado.

En este tiempo ejecutaron a doce obispos, entre ellos el de Barcelona. Todos menos uno murieron al inicio de la contienda. A esta cifra habría que sumar 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas. Los seglares que fueron asesinados a causa de su fe ascienden a 3.000.

Pero también hubo auténticas masacres en otros puntos. El actual obispo de Barbastro, Alfonso Milián, recuerda las palabras de Juan Pablo II cuando habló de cómo el seminario entero de esta pequeña Diócesis fue asesinado. "¡Todo un seminario mártir!", exclamó el Pontífice, ahora también beato.

También es mártir de este lugar el que fuera su obispo al comenzar la guerra, monseñor Florentino Asensio, cuya muerte fue de una crueldad inimaginable. Una vez detenido y encarcelado fue trasladado el 8 de agosto de 1936 a una celda del Ayuntamiento. Fue sometido a todo tipo de vergonzantes vejaciones hasta el punto de cortarle los genitales en medio de las risas de todos los presentes. Mientras le empujaban le decían: "no tengas miedo. Si es verdad eso que predicáis, irás pronto al cielo". La respuesta de este obispo no pudo ser más clara: "Sí, y allí rezaré por vosotros". Sus asesinos, poco antes de arrojarle a la fosa común, le robaron su ropa y sus zapatos y le arrancaron los dientes.

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