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Uriarte, un ariete del nacionalismo conocedor de las dos caras de ETA

La trayectoria de Uriarte ha estado siempre cercana al nacionalismo. Desde que fue relevado en San Sebastián es un instrumento del PNV.

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Uriarte, al recibir el premio Sabino Arana | EFE

El obispo emérito de San Sebastián, Juan María Uriarte Goirizelaia, está desatado. Lleva semanas copando las páginas de los medios de comunicación pero no en la sección de religión sino en la de política. Está jubilado pero está más activo que nunca. En pocos días ha arremetido contra las víctimas del terrorismo, ha acusado al PP de ser la "extrema derecha" y ha exigido una "dulcificación" de la política antiterrorista. Y sobre todo, afirmaba "asumir" las posiciones políticas de Batasuna-ETA.

La verborrea de Uriarte ha obligado a la Iglesia a tener que tomar cartas en el asunto. Este miércoles, el propio secretario general de la Conferencia Episcopal Española, José María Gil Tamayo, indicaba cuál es la opinión de la Iglesia ante ETA y el terrorismo. Además, recordaba al propio Uriarte quiénes son los actuales obispos que hay en el País Vasco y que son los que tienen legitimidad total allí.

Precisamente, José Ignacio Munilla, su sucesor en San Sebastián muy a su pesar, también ha contestado a las palabras del obispo emérito. Y lo ha hecho con contundencia. El joven prelado denunció "los nacionalismos exacerbados" que "hacen tanto daño" y agregó que "al perder la fe, algunos han cambiado la Patria del Cielo por una patria de plastilina o de papel de fumar".

Juan María Uriarte nació en junio de 1933 y fue ordenado sacerdote en 1957. En 1976 era ya obispo auxiliar de Bilbao, diócesis en la que estuvo hasta que en 1991 fue enviado como obispo a Zamora para volver al País Vasco en el 2000 para sustituir a José María Setién al frente del obispado de San Sebastián.

De este modo, Uriarte ha vivido el nacimiento y todo el proceso y consolidación de ETA primero como sacerdote y más tarde como obispo en el País Vasco. Es decir, vivió muy de cerca el terrorismo y la evolución del clero vasco en su aproximación al nacionalismo.

Su doble experiencia personal con ETA

En lo personal también el obispo emérito tiene una experiencia cercana de lo qué es el terrorismo y la tiene en los dos sentidos. Por su familia materna es tío de Jone Goirizelaia, la más conocida de las abogadas de etarras e histórica del entorno proetarra tras haber sido miembro de la mesa nacional de Herri Batasuna y parlamentaria de las marcas políticas de ETA desde 1990 hasta 2005.

Por el apellido Uriarte ha experimentado la barbarie etarra pues el 17 de mayo de 1985 ETA mató a su primo Juan José, taxista de Bermeo. En esos momentos, Uriarte era ya obispo auxiliar de Bilbao y fuel quién presidió el entierro. En la ceremonia, afirmaba que era "un error" la acusación de que su primo era un confidente policial y agregaba que "no es lícito a nadie erigirse en juez, y menos en vengador".

Los etarras no se dieron cuenta de que el asesinado era el primo del obispo auxiliar de Bilbao hasta después del atentado por lo que ETA intentó negar la autoría ante la patata caliente que se les quedaba aunque no sirvió de nada porque poco después eran detenidos los terroristas responsables.

En 1991 Uriarte pasaba a ser obispo titular y pasó de ser auxiliar de Bilbao a titular de la sede castellana de Zamora, lo que desde el nacionalismo se vio como una especie de exilio. Sin embargo, la gravísima situación que vivía San Sebastián con el obispo Setién al frente aceleró su llegada al País Vasco.

En el 2000, Juan Pablo II sustituía al obispo Setién ante una situación que se tornaba ya insostenible. De hecho, se le adelantó en tres años su renuncia. De esta manera aparecía Uriarte, una opción intermedia entre la línea más extremista de Setién y los que buscaban una opción despolitizada. Uriarte no fue una cosa ni la otra pero siempre ha estado cercano al nacionalismo y ha seguido alentando a este sector, siguiendo una línea similar a la de Setién aunque modificando algo las formas.

Siempre encontró el apoyo del PNV

Durante sus años como obispo de San Sebastián, Uriarte siempre ha encontrado el apoyo y respaldo del PNV, el partido cuyo lema fundacional era 'Dios y Ley Vieja' y que ahora es uno de los partidos más laicistas de España.

No son nuevas sus incursiones en materia política susceptibles de herir a una parte de sus fieles. De hecho, como obispo no era raro oírle en sus homilías abogar por el acercamiento de presos etarras al País Vasco o equiparar a las víctimas del terrorismo con los familiares de estos presos.

En 2002 impulsó un documento crítico con la línea que la Conferencia Episcopal hablaba sobre el terrorismo y el nacionalismo en España. En él censuraba la Ley de Partidos que llevó a cabo el PP con el apoyo del PSOE y que llevó a ilegalizar al brazo político de ETA. El texto, en el que participaba Uriarte decía: "la convivencia, ya gravemente alterada, ¿no sufriría acaso un deterioro mayor en nuestros pueblos y ciudades?" y añadía que podría tener "consecuencias sombrías que prevemos sólidamente probables".

En 2009 llegó el turno de su relevo al frente de la diócesis y el torbellino que se originó tras ser elegido el que menos esperaba. Es sabido que a Uriarte no le gustó nada que Munilla fuera su sustituto y lo vio como una desautorización. Así lo vio la curia de la diócesis, que dimitió casi en pleno y una buena parte de los sacerdotes, que escribieron una carta contra su nuevo obispo.

Sobre su salida dijo que "es tiempo de sufrimiento para la comunidad cristiana de Guipúzcoa, para su presbiterio, para el obispo que sale y para el obispo que entra". Además, añadía que Setién había sido "vapuleado" y que él también iba camino de ello.

Su enfado por el nombramiento de Munilla

Sin embargo, pese a su política de cercanía al entorno más nacionalista y su complacencia con el entorno proetarra no entendía que esta línea pudiera ser criticada y en su despedida aseguraba que de la Iglesia vasca hay "imágenes distorsionadas e interesadas que sobre ella circulan en ámbitos cívicos y algunos círculos eclesiales".

El nuevo rumbo de la Iglesia vasca con Munilla e Iceta, marcando un cambio de estilo, no gustó nada al ya emérito y tampoco al PNV, que recomendaba al nuevo obispo de Bilbao que tomara ejemplo de Uriarte. Pero no han tenido suerte en el nacionalismo vasco.

Y ha sido a partir de ese momento cuando se ha producido una espiral de declaraciones e informes en los que Uriarte ha saltado a las primeras páginas de los diarios. Durante años ha criticado la doctrina Parot y se ha felicitado del fallo de Estrasburgo.

Además, en repetidas ocasiones ha comparado a víctimas con verdugos e incluso participó como ponente en un informe del Gobierno vasco que asume las tesis batasunas y en el que acusa a la Guardia Civil y a la Policía de hasta 94 muertes.

Sus tesis políticas, ya conocidas por todos, son según cercanas a las de Arnaldo Otegi, tal y como él mismo dijo, tras afirmar que tanto él como otros dirigentes proetarras encarcelados "asumen unas posiciones próximas a las que yo asumo". Mientras tanto, durante estos años se ha ganado el aplauso del entorno proetarra como del nacionalismo y así esta pasada semana recibió el premio Sabino Arana, entregado por el PNV por "su muy significativa contribución a la paz y a la reconciliación, y por su firme defensa de los derechos humanos, de todos los derechos para todas las personas".

Este es el balance que deja. Un obispo emérito que no para de dar titulares y que se ha convertido en un ariete de los poderes políticos de los nacionalistas y que en nada ayuda al obispo titular en su intento de cerrar las heridas provocadas durante años. En lo pastoral, el balance de los episcopados de Setién y Uriarte han dejado una diócesis en coma. Sin fieles, sin vocaciones y con un pueblo cada vez más escaso y con gran desafección. Un erial donde antes sólo florecían vocaciones y misioneros. La Iglesia de Uriarte y de Setién.

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