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El auge de la extrema izquierda y su relación con los crecientes ataques a la Iglesia

El crecimiento de la extrema izquierda ha ido de la mano del aumento de los ataques a la Iglesia en España. El panorama "preocupa" a los cristianos.

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Una peregrina de la JMJ, acosada por un "indignado" en 2011 en Madrid | Archivo

Un atentado en la Basílica del Pilar, otro fallido contra la catedral de La Almudena, acoso al cardenal Rouco Varela, iglesias profanadas, misas interrumpidas y destrozos en los templos... Estos son solo algunos de los ataques más graves contra la Iglesia Católica durante los últimos meses en España, aunque han sido muchos más. En los últimos tiempos ha aumentado de manera considerable el número de incidentes que han tenido como víctima a la Iglesia, tanto en España como en el resto de Europa, donde salvo algunas excepciones, se ha conocido poco o nada de los ataques.

Este aumento de la violencia ha coincidido en el tiempo con el crecimiento exponencial de partidos populistas. Principalmente de la extrema izquierda en España y de ambos extremos en el resto de Europa. En nuestro país, en el 15-M la extrema izquierda acabó monopolizando este movimiento de protesta ocupando ilegalmente las plazas y por ende ganando una visibilidad que le ha llevado a tener tres años más tarde unos resultados históricos en las elecciones europeas.

En los genes de la extrema izquierda está su anticlericalismo y su odio a la Iglesia. Algo que ya quedó de manifiesto en la Jornada Mundial de la Juventud en una estampa que lo definía todo: los extremistas autodenominados "indignados" acosaban y agredían a unos jóvenes católicos que no respondieron a la violencia.

Tres años más tarde, la cosa no ha mejorado. Los ataques han aumentado mientras los grupos antisistema tienen más poder que nunca y hasta una representación política histórica. En estas últimas elecciones europeas en España, los votos de la extrema izquierda superaban el 25% del total, con más de cuatro millones de votos y hasta 15 eurodiputados, tan sólo uno menos que el Partido Popular.

Esta situación ha generado cierta inquietud en el seno de la Iglesia, consciente de la radicalidad de algunos de estos grupos y de la virulencia de sus mensajes contra ellos, lo que aumenta el temor a que se hagan más fuertes y se incrementen los ataques debido a sus mensajes extremistas.

"Los prejuicios de una izquierda trasnochada"

De este modo, desde el Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia han manifestado a Libertad Digital su "preocupación ante este fenómeno". Desde este centro resaltan que, por un lado, se trata de "formaciones políticas que dicen representar los intereses de los más desfavorecidos y, por otro lado, tienen el común denominador de ser anticatólicos". Sin embargo, no tienen en cuenta que la Iglesia se ha convertido precisamente durante la crisis en el gran valedor de los más desfavorecidos.

En este sentido, María García, presidenta del OLRC, habla de "unos prejuicios trasnochados de una izquierda que renueva sus líderes (en el caso de Podemos) pero que no es capaz de entender la laicidad positiva, es decir, las relaciones de respeto entre lo público y las confesiones religiosas". Y es por ello por lo que esta extrema izquierda "carga especialmente contra la Iglesia Católica, que está siendo un colchón contra la crisis, algo innegable, independientemente de las creencias religiosas".

Además, la presidenta del Observatorio indica que "en algunos círculos políticos y altavoces mediáticos, generalmente relacionados con la extrema izquierda, se buscan cabezas de turco y enemigos visibles a los que atacar". Puso como ejemplo un artículo de Pablo Iglesias en Público en 2011 en el que jaleaba la irrupción violenta de mujeres desnudas en la capilla del campus de Somosaguas. En su opinión, "es un excelente ejemplo de cómo las agresiones empiezan verbalmente, incluso desde las cátedras universitarias, y acaban empujando a un anciano por ser cardenal de la Iglesia Católica (ataque a Rouco)".

Este es tan sólo uno de los párrafos del artículo que escribía el líder de Podemos:

El problema no es que la Iglesia Católica sea la institución que más legitimó y se benefició del franquismo o que, sistemáticamente, haya combatido con fe ciega el reconocimiento de derechos a las mujeres y a las personas homosexuales, o que callara el 23-F, o que entre sus miembros los casos de abusos sexuales a menores hayan alcanzado niveles escandalosos. Con todo eso, en una sociedad democrática, la Iglesia y los católicos tienen, como cualquier persona o colectivo, perfecto derecho a practicar su religión, a organizarse y a defender sus ideas, incluso cuando éstas son claramente antidemocráticas, como ocurre con buena parte de los planteamientos de la Iglesia.

Además de las numerosas declaraciones ofensivas contra la Iglesia de las caras visibles de Podemos, en su programa para las europeas dedicaba un punto entero a "garantizar la no-discriminación por razones de credo o religión". Sin embargo, estos puntos se centran, entre otros puntos, en la "aprobación de medidas legislativas conducentes a asegurar la laicidad y una verdadera separación Iglesia-Estado" así como la "eliminación de los privilegios fiscales de la Iglesia Católica, así como los privilegios que se le reconocen en materia educativa".

De manera muy similar se manifestaban en Izquierda Unida, que solicita "una declaración formal y expresa de la laicidad en todos los países de la UE". Exigen igualmente que la "práctica religiosa debe ser libre, pero circunscrita al ámbito de lo privado" así como "la retirada de símbolos religiosos en todos los edificios públicos o privados en el ejercicio de prestación de servicios públicos".

Un fenómeno que preocupa en Europa

En Europa también existe gran preocupación por los efectos que el ascenso de los partidos extremistas puede tener para los cristianos. Martin Kugler, cofundador del Observatory on intolerance and discrimination against christians in Europe, asegura a Libertad Digital que estos resultados son también fruto de la "frustración" y el "desinterés" que existe con respecto a la Unión Europea debido al trato y al desdén con el que muchas veces da la propia institución a los ciudadanos.

Aunque indica que "no existe un vínculo directo" entre el aumento de la violencia y el aumento de los partidos populistas "en algunos países como Francia, el tratamiento agresivo dado por el Gobierno a los cristianos (duras cargas policiales y arrestos) posiblemente ha disminuido la confianza en los partidos tradicionales y por lo tanto ha ayudado a los más radicales. Pero en general, los cristianos no votan a partidos de extrema derecha en Europa a causa de sus tendencias xenófobas, con la que los católicos nunca pueden estar de acuerdo".

Con respecto a España, Martin Kugler indica que desde el Observatorio "vemos fenómenos alarmantes" tras los ataques a templos y otra serie de sucesos. "Si la autoridad civil no reacciona adecuadamente hay un peligro para todas las libertades. En España parece que la situación política está siempre más polarizada que en otros países y por eso es incluso más urgente explicar bien el papel de la tolerancia y la libertad religiosa. Es una tarea de católicos, laicos, de todos", sentenció.

En España

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