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Colau, harta de peticiones de enchufe: "Ahora no puedo intervenir en casos individuales"

Muestra su malestar en las redes sociales: "Desde que soy alcaldesa, se han multiplicado las peticiones de empleo".

(Barcelona)
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Colau en un acto con la comunidad ecuatoriana | EFE

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ya ha vuelto de vacaciones. Han sido muy pocos días, afirma en su blog personal, pero "la responsabilidad que implica ser alcaldesa obliga a estar casi siempre disponible". Son sus últimos apuntes, las notas del diario de Ada, donde se muestra tal cual, sin intermediarios, cara a cara con sus fans.

La última entrada es de hace un día y en ella, la alcaldesa exhibe su pesar y su impotencia. Le asaltan por la calle, por teléfono, por las redes con peticiones de empleo. Ada, Ada, Ada. Pero no puede hacer nada. Escribe: "Ayer por la mañana una mujer mayor me paró por la calle, llorando, y me explicó que no llega a fin de mes, con una pensión miserable, un hijo en paro y una vivienda social que no alcanza a pagar. El otro día una amiga me preguntó si podía conseguirle empleo a su marido, camionero, conduciendo algún camión de recogida de la basura. En el colegio de mi hijo, un padre me comentó que lleva cuatro años en el paro y que estaría dispuesto a trabajar de lo que sea. Desde que soy alcaldesa, se han multiplicado las peticiones de empleo: cada día en la calle, por carta, por facebook, hasta por whatsapp y sms".

La sensación de impotencia es desoladora para la alcaldesa, que continúa: "Aparentemente tengo más poder que nunca, y sin embargo en cierto sentido me siento más impotente: a diferencia del activismo social en el que he estado muchos años, ahora no puedo actuar para dar respuesta a casos individuales. Utilizar el poder que da la alcaldía para resolver casos individuales que acceden a mí por vía personal podría ser considerado clientelismo, incluso tráfico de influencias. Ahora mi tarea (y la del equipo que me acompaña) es cambiar políticas estructurales, como aumentar las políticas sociales (becas comedor, viviendas de alquiler social); o promover políticas de empleo a través de la agencia Barcelona Activa; o aprobar planes de impulso del comercio de proximidad y la economía cooperativa, el turismo sostenible, la rehabilitación urbana y energética, etc. Políticas que estoy segura que ayudarán a crear no sólo empleo, sino empleo de calidad, pero que necesitan varios meses para ponerse en práctica y empezar a mostrar resultados sustantivos".

No me cuente su vida

Se acabó, ventanilla cerrada, cartel de "vuelva usted mañana" y tarjeta de "no me cuente usted su vida". No puede hacer nada. Sería tráfico de influencias, se justifica. Pero no renuncia a seguir mostrando su cercanía, siempre que no le pidan trabajo: "Quiero aprovechar el altavoz de las redes sociales para deciros que nos vamos a dejar la piel para hacerlo lo más rápido posible, pero que ahora no puedo intervenir en casos individuales, aunque algunos de los que conozco me hagan llorar de rabia e impotencia. Eso sí: os pido que me sigáis interpelando y explicando la realidad, la que realmente importa, la de la vida cotidiana de la gente, la que -ahora y siempre- debe ser la máxima de nuestras prioridades. Miles de personas nos votaron para poner la vida digna de todas las personas en el centro de las políticas públicas, sin excusas. Lo sabemos y lo recordamos cada día, con un profundo sentido de la responsabilidad".
El 9 de agosto, la alcaldesa se quejaba en su blog del acoso de particulares y medios de comunicación: "Una semana de vacaciones. No es mucho, pero suficiente para coger fuerzas y volver aún con más ganas. La responsabilidad que implica ser alcaldesa de Barcelona obliga a estar casi siempre disponible. También asumo que el cargo público conlleva que se me pueda interpelar en cualquier momento, y precisamente por ello agradezco especialmente a quienes estos días me habéis saludado discretamente, mostrando comprensión con los pocos días que he tenido para estar con la familia en la playa".

Colau regañaba sin embargo al ABC: "No puedo decir lo mismo de periódicos como el ABC, que en lugar de pedirme una foto como hace tanta gente (y siempre accedo), se dedicó a espiarme, publicar una foto no autorizada y la dirección de la casa de mi padre, por el simple motivo de ser mi padre. Publicar la vida privada de la gente sin autorización y sin que haya ninguna noticia que lo justifique, no es periodismo. Es amarillismo. Quienes en cambio sí fueron correctos fueron los periodistas de la Voz de Almería, que pidieron una entrevista y aceptaron hacerla el último día de mis vacaciones, por lo que decidí concedérsela en agradecimiento a su respeto".

Amenaza con "bunquerizarse"

Ada Colau, herida en su intimidad, comienza a entender a los "políticos" y amenaza con volver a tintar las ventanillas de su furgoneta oficial: "Termino con una sencilla reflexión: si a quienes somos más accesibles y nos esforzamos por llevar una vida normal, a pesar de nuestro cargo y visibilidad, se nos penaliza y se utiliza esa normalidad en contra nuestra, se acaba provocando lo que no nos gusta: que los políticos se bunquericen, se escondan. Yo no quiero caer en eso, pero que eso no suceda es responsabilidad colectiva. En la medida de lo posible quiero seguir a pie de calle, usando los servicios públicos o bañándome en la playa, sin temer fotos por la espalda".

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