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Pavor en CDC y ERC ante el hundimiento en las encuestas

La desmovilización del electorado separatista desata las alarmas en los partidos nacionalistas y cuestiona el "proceso".

(Barcelona)
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Artur Mas, este sábado en Barcelona | EFE

Cada acto de campaña de Democràcia i Llibertat, la nueva marca de la Convergencia del tres por ciento, y de ERC, es una reunión de amigos, un escenario desolador, una platea vacía, un público entre el que hay más periodistas que siguen la campaña que militantes, simpatizantes o curiosos. El ambiente es demoledor. Puro vacío. Convergencia no tiene recursos financieros para afrontar la campaña y utiliza unos carteles sin eslogan y en los que Artur Mas y el candidato para Madrid, Francesc Homs, aparecen retratados en blanco y negro como si en la parte inferior hubiera de constar un wanted o en "búsqueda y captura".

Los empresarios que jalearon el proceso y los medios que echaron la leña del "España nos roba" han dado marcha atrás, con La Vanguardia como estandarte de la retirada. Pilar Rahola, miembro del Consell Nacional per a la Transició Nacional y columnista de referencia del medio de Godó pide nuevas elecciones y el director del matutino, Màrius Carol, afirma en su carta dominical: "Esta semana, de forma casi enternecedora, los medios públicos (y asimilados) han asegurado que el pacto con la CUP estaba hecho, que los avances eran importantes y que Mas estaba más cerca que nunca de repetir otros cuatro años. Sin ánimo de dudar de las fuentes ajenas, y aun siendo cierto que los negociadores de Junts pel Sí están aceptando casi todas las propuestas que les hacen, incluidas aquellas para las que no disponen de dinero, las cosas no están tan claras. Democràcia i Llibertat tiene encuestas donde se comprueba una cierta desmovilización de mundo soberanista ante el callejón sin salida en que se encuentra el proceso, hasta el punto de que Ciutadans figura como la fuerza más votada en Catalunya el 20-D. Es lógico pues que los convergentes intenten agarrarse al éxito de las negociaciones como el que se coge a un clavo ardiendo para animar a sus electores. Pero de ahí a que esté a punto el acuerdo hay un trecho. El mismo que existe entre el sentido común y la aventura".

Mas pierde apoyos a marchas forzadas mientras la CUP impone a Junts pel Sí propuestas cada vez más disparatadas. Los negociadores de la plataforma de CDC y ERC, entre los que se cuenta Lluís Llach, tratan de desactivar las reticencias de los antisistemas con fabulosas ofertas de justicia social, desobediencia y autodeterminación automática. Aceptan el desacato a los tribunales, el rechazo a Europa, la eliminación del euro y la legalización de las expropiaciones. Lo que sea con tal de que Mas sea investido presidente de la Generalidad. Barra libre para cualquier ocurrencia: "No limits, just do it, impossible is nothing".

Sin embargo, hasta en el submundo nacionalista cunde la percepción de que el 27-S fue un fiasco y el 20-D será la confirmación definitiva. De ahí las prisas en la negociación con la CUP y de ahí el pesimismo creciente ante la desmovilización general. Oriol Junquera comienza a dar los primeros signos de arrepentimiento. En una entrevista para el digital El Huffington Post declara que la coalición Junts pel Sí "ha tenido aspectos positivos, sin duda, y ha tenido aspectos no tan positivos o incluso algunos negativos. Por ejemplo, la suma de diputados de Convergencia y ERC, que siempre había superado la mayoría absoluta y es la primera vez en la historia que no ha sido así".

Mas insiste en que el separatismo ha ganado las elecciones, pero el análisis de su socio es inapelable: "Hay muchos factores que ayudan explicar esto, pero lo cierto es que la suma de CDC y ERC es la más baja de la historia", declara Junqueras en el mismo medio.

En este ambiente, el desánimo cunde entre las huestes del presidente en funciones. No menor es la percepción de fracaso en ERC. Su candidato para Madrid, Gabriel Rufián, no ha cuajado ni en su propia formación. Muchos de los dirigentes del partido republicano afirman sentir vergüenza ajena ante la falta de formación y de capacidad de Rufián. Junqueras acepta las críticas, pero su crédito en la formación que dirige es cada vez menor. El papel de Rufián puede restar votos a ERC, según sus propios analistas. Su tono monocorde, el ridículo por falta de preparación en los debates, y sus propios errores han desvanecido el optimismo inicial de ERC, que ya sólo se conforma con quedar por delante del partido de Pujol y la corrupción. En esa formación dan por hecho que Ciudadanos o Podemos estarán muy por delante que ellos y, por supuesto, que de Democràcia i Llibertat.

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