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El peligro de la Riverocracia

Crecen las críticas en Ciudadanos al control férreo del partido a través de los departamentos de comunicación y organización.  

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Albert Rivera en el Mercado Central de Valencia | EFE

El sueño de Rivera es que Ciudadanos funcione como una S.A. En la psique del líder centrista siguen pesando sus primeros tiempos al frente del partido, con apenas veintitantos años, cuando el funcionamiento del mismo era casi asambleario y vivió inmerso en una serie de guerras cainitas que sólo a partir de 2009, tras la desbandada masiva de militantes a raíz del pacto con la ultraderechista Libertas para las elecciones europeas, comenzaron a remitir.

Todo ello, unido a que sus innegables dotes como político (admitidas por rivales tan encarnizados como Pablo Iglesias) hacen de él un número uno venerado e indiscutido, convertido en un líder de partido con una filosofía presidencialista. Algo que reflejan sus palabras de este viernes en Valencia, donde por primera vez se refirió a los críticos que tímidamente comienzan a mostrar sus cartas de cara al cuarto congreso nacional de la formación naranja, que tendrá lugar en febrero en Madrid, una semana después de que en votación telemática y abierta a toda la militancia se elija al presidente de Ciudadanos y a toda su Ejecutiva por un sistema de lista plancha.

Rivera, que pisaba además el feudo de una de esas voces críticas, la eurodiputada y antigua líder naranja en las Cortes valencianas Carolina Punset, parecía querer dar a entender que no admite críticas parciales y que sólo acepta que se le dispute el liderazgo, algo hoy por hoy imposible incluso para alguien con el peso político y mediático de Punset. "En política hay que mojarse, si alguien piensa que no lo hemos hecho bien puede presentarse. En política no se está para hacer de comentarista de lo que hacen los demás, sino para cambiar las cosas" afirmó Rivera, en un inédito y velado reto a los críticos, que siempre han dejado claro que no hacen una enmienda a la totalidad de su liderazgo.

Los superpoderes del departamento de comunicación

Lo que tanto Punset como la plataforma TranC’sparencia, que aglutina a un millar de militantes y cargos públicos, están poniendo de relieve son los, a su juicio, fallos en el funcionamiento del partido. Entre ellos señalan que el mensaje político está en manos de directores de comunicación y de empresas que asesoran en ese aspecto, como Instituto de Comunicación Empresarial, del periodista Manuel Campo Vidal.

Lo cierto es que el poder del departamento de comunicación es muy elevado, ejerciendo en todo momento como emisario de Rivera. Cualquiera que haya seguido las comparecencias de Ciudadanos en los dos últimos años habrá podido ver escenas que lo evidencian: portavoces desautorizados expresamente en sus manifestaciones por los jefes de prensa, responsables sectoriales de la Ejecutiva vigilados de cerca cuando hablan a la prensa de su materia o dirigentes del partido que son abroncados por su manera de utilizar su cuenta de Twitter, en la que parece no caber nada más que no sea la mera réplica propagandística del mensaje del partido.

Un modelo de funcionamiento que evidencia un protocolo de medios al que ha tenido acceso Libertad Digital y que está levantando ampollas. En ese texto se puede leer lo siguiente: "Los únicos portavoces autorizados para intervenir en medios serán aquellos que hayan sido nombrados por el Departamento de Prensa (…) No se atenderán a medios de comunicación sin aviso e información previa al Departamento de Prensa".

El seguimiento estricto de ese protocolo impide, como lamentan muchos dirigentes municipales de Ciudadanos, dar respuesta rápida a ataques de los rivales políticos o de la prensa local en el ámbito de cada municipio.

El control sobre lo que pueda decir cada portavoz se extiende en los nuevos estatutos aprobados este sábado en el Consejo General hasta límites insospechados. Así, se considera una falta susceptible de expulsión del partido "las manifestaciones públicas que menoscaben el buen nombre del partido o de sus afiliados así como la creación o participación en corrientes de opinión que sean contrarias a los intereses del partido en su conjunto" o "la realización de declaraciones y manifestaciones públicas en nombre del Partido que comprometan políticamente al mismo sin contar con la autorización que reglamentariamente corresponda".

Rivera, un jacobino orgánico

La falta de autonomía en los ámbitos municipal o autonómico se deriva también del modelo jacobino de gobernanza del partido, en el que, al contrario que en el PP, el PSOE y Podemos, no existentes barones territoriales. Carolina Punset reivindica que los dirigentes territoriales puedan ser elegidos por la militancia como lo será Rivera en febrero, en lugar de que las direcciones territoriales dependan, en buena medida, del dedazo del presidente nacional. Preguntado por ello recientemente, el número dos centrista, José Manuel Villegas, aseguraba que el modelo de elección lo elegirán los militantes. Una obviedad que no oculta que el modelo de Rivera es que no existan direcciones regionales autónomas.

A partir de este lunes se abre el proceso de enmiendas sobre las ponencias de ideario, estrategia política y estatutos, en el que intervendrá activamente TranC’sparencia.

Nadie contempla el futuro de Ciudadanos sin Rivera, a medio plazo, pero muchos creen que eso no debe conllevar caer en la riverocracia.

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