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De la confesión de Pujol a la de Millet: la larga agonía de Mas y Convergencia

"Ferrovial pagaba comisiones a CDC a través del Palau", sostienen Millet y la hija de Montull ante el tribunal del caso Palau.

(Barcelona)
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Millet, tras declarar | EFE

Fèlix Millet tenía ganas de dos cosas en el juicio por el caso Palau: denunciar la financiación ilegal de Convergencia y salpicar a Mariona Carulla, su sucesora al frente del conglomerado de fundaciones del Palau de la Música, y quien, según el testimonio de Millet, estaba al corriente de los pagos en negro a músicos, cantantes y colaboradores varios, una de las muchas irregularidades en la gestión que dirigía Millet y ejecutaba Montull.

"He dicho la verdad en todo menos en una cosa.Ferrovial hacía donaciones a Convergencia a cambio de adjudicación de obra pública. Esto no lo dije antes y es verdad", manifestó Millet a preguntas del fiscal Emilio Sánchez Ulled, quien ya tenía atado el testimonio incriminatorio que vendría después a cargo de Gemma Montull, hija de Jordi Montull, mano derecha de Millet, y exdirectora financiera del Palau. De hecho, el representante del ministerio público estuvo un punto áspero y agresivo con Millet, cuya defensa no ha logrado llegar a ningún acuerdo con la fiscalía. En cualquier caso, el hasta ahora principal acusado (ahora es Convergencia, uno de sus extesoreros, Daniel Osàcar, y de rebote Artur Mas y Carles Puigdemont) podrá alegar que, al igual que Gemma Montull y tal como está previsto que haga este jueves Jordi Montull, ha confesado todo, incluso aquello que había negado con más denuedo, las comisiones a Convergencia, por lo que solicitará el mismo trato que se pueda derivar del pacto que la defensa de Gemma Montull sugiere que ha alcanzado con el fiscal.

Dinero en mano

Millet pidió perdón por sus errores e insistió en que desde el día del primer registro del Palau puso todo su patrimonio a disposición del juzgado para devolver el dinero despistado y hacer frente a sus responsabilidades. No es precisamente la primera vez que Millet admite sus culpas, pero sí en la que afirma que él mismo y después Montull eran los encargados de entregar en mano el dinero de Ferrovial a los tesoreros del partido nacionalista. Sánchez Ulled intentó que Millet diera detalles técnicos, pero por ahí no logró nada. El viejo patrón del Palau, un patricio barcelonés de superlativa honorabilidad en los buenos tiempos, no se acordaba de nada e insistía en que los apuntes contables, las órdenes por mail y las entradas y salidas de dinero de sus cajas fuertes eran cuestiones de lo que se ocupaban sus subordinados, que en el Palau eran todo el mundo. Él no estaba al caso de los pormenores y hasta con un punto de fastidio parecía intentar indicar al fiscal que no podía responder nada más grueso que lo que ya había declarado sobre la conexión de una parte del botín (un 2,5% para CDC, el 1% para él y el 0,5% para Montull) con Convergencia. ¿Lo sabía alguien más que el tesorero?, inquirió el fiscal. "Supongo que sí", replicó Millet, que tampoco estaba dispuesto a dar más nombres que el de Osàcar.

En ese particular, Gemma Montull también dejó el listón en el extesorero y se limitó a seguir el interrogatorio de Sánchez Ulled con el fin de apuntalar la acusación sobre la financiación ilegal de CDC.

La suma de ambas declaraciones en la vista del caso Palau ha provocado un considerable cráter en el PDeCAT (el nuevo nombre de Convergencia), en el seno de Junts pel Sí (el grupo "mixto" de Convergencia y ERC) y en el mismo proceso. A todo esto hay que añadir la investigación que se lleva a cabo desde el juzgado de El Vendrell sobre múltiples mordidas del sistema tres por ciento acaecidas con posterioridad a la intervención del Palau en 2009.

El efecto Pujol

Si las pasadas semanas Mas se aferraba al victimismo al pairo de los juicios por el referéndum del 9-N de 2014 y crecían sus expectativas de retorno triunfal, la vista del caso Palau sitúan al expresidente autonómico y a su partido en la misma tesitura que en el 25 de julio de 2014, cuando Jordi Pujol confesó por escrito la existencia de fondos familiares ocultos en Andorra. De entonces a hoy, CDC ha superado pantallas separatistas pero se ha dejado en el transcurso el papel de formación central de la política catalana y gran parte del apoyo electoral con el que contaba. La corrupción sistemática les obligó a cambiar de nombre, pero el partido sigue infestado de miembros con algo más que un pasado convergente y con Mas y Germà Gordó, el exconsejero de Justicia, en el punto de mira.

El simbólico testimonio de Fèlix Millet y los detalles aportados por Gemma Montull determinan que el Palau no sólo era una extraordinaria fuente de ingresos para Millet y Montull sino el lavadero en el que se encauzaba el dinero que CDC recibía a cambio de adjudicaciones públicas. Grandes sumas en metálico, facturas falsas, asientos contables y documentos de todo tipo se añaden a las contundentes palabras de Millet y Montull.

Bajo estas circunstancias se producirá este jueves el interrogatorio a Daniel Osàcar, quien si no hay cambios en el orden del día comparecerá tras Jordi Montull. No existen dudas sobre la fidelidad a sus jefes en el partido del extesorero Osàcar, pero tampoco sobre que encarna como acusado al partido en pleno, se llama CDC o PDeCAT, con Mas a la cabeza.

Comparecencia de Mas

El expresidente de la Generalidad ya ha anunciado que comparecerá ante los medios cuando concluyan las declaraciones de los acusados más relevantes. Se deduce en que insistirá en la fase de negación y tratará de desacreditar las confesiones de Millet y Montull con el argumento de que han sido arrancadas bajo la promesa de una reducción de condena, que son "delincuentes confesos", que todo es producto del proceso y un ataque más dentro de lo que el nacionalismo denomina la "Operación Cataluña" de las cloacas del Estado, sean policiales o togadas.

Todas esas explicaciones ya le sirven de poco a ERC, que comienza a temer el contagio y la factura electoral. En público, ERC mantiene una cierta discreción, pide mano dura al PDEcat con la corrupción y sigue al frente de los preparativos del choque de trenes del prometido próximo referéndum. En privado, todo ERC y una parte del PDeCAT confían en que la CUP rompa la baraja y no apruebe los presupuestos, con lo que el referéndum se cambiaría por unas elecciones anticipadas en las que cada partido aguantaría su vela sin coaliciones "patrióticas".

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