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El viraje de Rivera: ¿castigo a Rajoy o miedo a compartir una derrota?

El líder de Ciudadanos, que admite que no hay discrepancia "en el fondo", cambió a última hora el sí por la abstención al decreto de la estiba. 

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El portavoz del PP, Rafael Hernando, con su homólogo de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, y José Manuel Villegas, este jueves en el Congreso. | EFE

Minutos antes de las nueve de la mañana de este jueves, Albert Rivera se encontraba a su entrada al Congreso por la calle Cedaceros con el portavoz de Compromís, Joan Baldoví, quien fruto de esa casualidad era una de las primeras personas en conocer que los treinta y dos diputados del partido naranja se iban a abstener en la convalidación del decreto de la estiba. "Nosotros no" le aseguraba Rivera a su colega de hemiciclo, una decisión que a esa hora ignoraba aún el grueso de su grupo parlamentario salvo su hombre de confianza, José Manuel Villegas, quien llegaba al pleno con el encargo de detenerse ante la prensa para anunciar el viraje.

El secretario general de Ciudadanos aseguraba que intentaron hasta última hora que el Ejecutivo aplazase el decreto: "Consideramos que había margen para llegar a un acuerdo, que la línea que inició ayer -el miércoles- el Gobierno era la línea buena de negociación, implicándose y haciendo propuestas concretas, y creemos que en esa línea, con una semana más que el Gobierno podría haber tenido apoyos para aprobar el decreto, por lo menos se podría haber intentado hasta el último momento ese acuerdo. Al no conseguir eso, nosotros hoy nos vamos a abstener".

Sólo veinticuatro horas antes, en el mismo pasillo del Congreso, Villegas había asegurado que "no condicionamos el voto a que haya acuerdo total de las partes" y que bastaba, por tanto, con la oferta realizada por el Gobierno para garantizar su voto favorable. Lo dijo tras repetidas preguntas de los informadores.

La incógnita de las diputadas en NY

Avanzada la tarde del miércoles, las cosas iban cambiando. Por un lado, se conocía la peripecia de las tres diputadas de Podemos, Compromís y ERC, sorprendidas en una viaje oficial de las cortes españolas a Nueva York.

De no haber podido regresar, algo que lograron in extremis, el sí de los treinta y dos diputados de Ciudadanos hubiese bastado, junto al de los cinco del PNV, para que el Gobierno evitase el histórico revolcón parlamentario, pues hay que remontarse a 1979 (el año de nacimiento de Rivera) para encontrar un precedente de un decreto tumbado por la cámara baja. La representante de ERC, Teresa Jordá, vinculaba su forzado regreso a España con el cambio de opinión de los de Rivera: "Parece que Cs se va a abstener, pero estamos convencidas de que es porque nosotras estamos aquí" aseguraba a su llegada al Congreso, informa Miriam Muro.

En la cuestión de fondo, Ciudadanos coincide en lo esencial del planteamiento del Gobierno y de la oferta a los estibadores, que fuentes del partido naranja consideran en privado "inmejorable", principalmente por las prejubilaciones con el 70% del sueldo. "No hay discrepancia en el fondo" ha reconocido el propio Rivera, que aboga a las claras por cumplir con la sentencia europea sobre la estiba: "Espero que el Gobierno siga sentado en la mesa y traiga nuevamente este decreto. Si tiene que modificar algo por el camino, que lo haga, pero yo creo que al final esta reforma tiene que llegar sí, o sí. Lo que no vale es no cumplir la sentencia".

Se reabre la crisis con el PP tras una tranquila semana

El viraje de Ciudadanos, del sí a la abstención final, se produce después de tres semanas de gran tensión con el PP, cuyo origen está en la crisis política abierta en Murcia por la imputación del presidente autonómico, Pedro Antonio Sánchez, pero que ha tenido réplicas significativas en la agenda regeneradora del pacto de investidura, con asuntos como la supresión de aforamientos o la limitación de los mandatos presidenciales, que el partido naranja ha tratado en vano de explorar con la izquierda ante el cerrojazo del partido en el Gobierno, cuyo coordinador general, Fernando Martínez-Maillo, llegó a reconocer que habían firmado esas condiciones simplemente porque "eran lentejas".

Pese a todo, esta misma semana se habían reconstruido en parte los puentes entre ambos socios. El lunes Ciudadanos anunciaba un acuerdo inminente sobre el complemento salarial para jóvenes, una de las medidas estrella de los centristas incluida en el acuerdo de investidura, que era objeto de un cruce nada conflictivo en la sesión de control del miércoles entre la ministra de Empleo, Fátima Báñez, y el portavoz adjunto naranja, Toni Roldán. Igualmente, el portavoz parlamentario Juan Carlos Girauta mantenía un debate de guante blanco con el ministro de Justicia, Rafael Catalá, en el que ambos coincidían en la necesidad de modificar la elecciones de los jueces de los tribunales superiores por parte de los parlamentos autonómicos. Ha sido justo veinticuatro horas después cuando todo ha cambiado, evitando Ciudadanos hacerse la foto de los perdedores del decreto de la estiba con el Gobierno y el PNV.

Enfado en la cúpula riverista con el PSOE

Aunque las tensiones de Ciudadanos, contra lo que a simple vista pueda parecer, no son únicamente con el PP, sino también con el PSOE, precisamente a cuenta de la crisis de los estibadores. "Parece que somos nosotros los que tenemos que hacer siempre el papel de responsables, y ellos pueden jugar a romper la baraja" se quejaba de los socialistas en privado, con alta indignación, un miembro de la cúpula de Ciudadanos el pasado martes, minutos antes de la reunión del grupo parlamentario. Durante su discurso en abierto antes de esa reunión, Albert Rivera se felicitaba de los avances en la negociación presupuestaria con el Gobierno, donde Ciudadanos exige una financiación de 4.000 millones para sus medidas sociales, entre ellas la ampliación de las bajas por paternidad o en plan contra la pobreza infantil. Ese mismo día, y no sin recibir críticas, el grupo naranja respaldaba al PP en el veto del Gobierno a la Ley de autoconsumo eléctrico, pese a que los de Rivera han hecho de la eliminación del llamado "impuesto al sol" una de las banderas de su actividad parlamentaria.

La relación entre el PP y su "socio preferente" parecía, en definitiva, reconducida, hasta que Rivera decidió hacer un viraje distinto al que protagonizó antes de la investidura. Si entonces transitó de la "abstención técnica" al sí, ahora ha hecho el camino inverso.

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