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Emoción en los homenajes a Policía y Guardia Civil: "Por favor, no nos dejéis"

Así vivió LD la manifestación histórica de Barcelona. "¡Viva España y Visca Cataluña!" y "¡Puigdemont a prisión!", de los cánticos más coreados.

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Eran las 9.30 horas de este 8 de octubre cuando me subí a un taxi para poder llegar desde Plaza de España a Travesera de Gracia, donde se encuentra la comandancia de la Guardia Civil. Allí, a las 10.00, la entidad Espanya i Catalans había organizado un pequeño homenaje a la Benemérita. Barcelona comenzaba a despertar en una veraniega mañana de otoño. Poco movimiento aún. Algunos coches y taxis subían y bajaban por la Gran Vía. ¿Conseguirá ser ésta una movilización masiva?

"Una de estas tardes, decidimos llevar a cabo este homenaje a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que habían sido escrupulosos con el cumplimiento de la ley y no se habían achantado. Estamos ofendidos con la actitud de la cúpula de los Mossos", explica a Libertad Digital el vicepresidente y secretario general de Espanya i Catalans, Javier Megino. No esperaban que se concentrara tanta gente frente al cuartel, pero era un grupo numeroso que se nutría según pasaban los minutos. Los agentes, sonrientes, observaban desde la puerta.

"Ellos siempre están ahí. No nos gusta que tengan que actuar, pero cuando actúan queremos agradecérselo porque ellos nos defienden a todos. Hoy hacemos uno de los actos más importantes, la entrega a la Guardia Civil de unas flores, que es poca cosa, pero desde el corazón les decimos: ¡muchas gracias, viva la Guardia Civil!, ¡viva España!", informaron desde un megáfono. Fue ese el momento en que una mujer se abrió paso entre la multitud para acercarse hasta los agentes con el ramo en la mano al grito de "¡no estáis solos!".

"La sociedad catalana ha perdido el miedo"

La idea de la entidad era poder bajar desde el norte de la ciudad con "dos columnas para que la gente sintiera la necesidad de sumarse, que no tuviera miedo. Llamábamos para que bajaran". Y es que, según avanzábamos hasta la Plaza de Urquinaona –lugar elegido para dar el pistoletazo de salida a la manifestación– las ventanas se iban abriendo a nuestro paso. No eran muchas, pero sí las suficientes. Un hombre salió al balcón ondeando una gran bandera de España. Parón para aplaudirle. Un matrimonio de octogenarios salió a su terraza a saludar. Ovación cerrada. El hombre explicó con gestos que no podía unirse, su mujer no se encontraba bien.

El tráfico lo iba cortando esta avanzadilla tan numerosa. La Guardia Urbana no daba abasto. Había ya mucha gente. Cruzamos la Diagonal. El gentío era ya inmenso. "El 8 de octubre es un punto de inflexión", afirma Megino. La "mayoría silenciosa" desbordó las calles de Barcelona. "La sociedad catalana ha perdido el miedo".

Aún no habíamos conseguido ni llegar a la plaza y ya no se podía avanzar. Imposible. De repente, la muchedumbre rompió en aplausos y vítores. Levanté la mirada y me encontré a una novia en el balcón. Vestía ya de blanco con su novio al lado y no creía lo que estaba viendo. "¡Que se besen, que se besen!", gritaban. Lo hicieron. Ovación cerrada. Barcelona era ya una fiesta. A duras penas conseguimos llegar a Urquinaona. No cabía un alfiler. Literal.

"Señor Puigdemont, señor Junqueras, con esto les demostramos que no somos cuatro gatos. Hay más gente. Y lo único que queremos es paz y armonía. Han conseguido que salgamos a la calle, que con la edad que tenemos no habíamos salido nunca", nos dice Toni que viene acompañado desde Palamós (Gerona). "Se creen que los silenciosos somos tontos. Y no es así; somos respetuosos y hemos respetado siempre las decisiones de todos y todas las ideologías. Pero lo que no puede ser es que ahora nos quieran echar 40 años para atrás porque todo lo que hemos conseguido lo quieren borrar de un plumazo. Hemos nacido aquí, tenemos familia aquí y fuera. Somos españoles. Y lo que no queremos es separarnos. Queremos vivir en convivencia", apunta su amigo Bartolomé.

Avanzamos unos metros y nos encontramos con dos jóvenes de Barcelona. Mabel y Eva. "Queríamos demostrar que no todos queremos la independencia y somos catalanes igual. Yo cuanto más catalana me siento, más española me siento también. Intentan mostrar que no es así". ¿Creéis que el presidente de la Generalidad y sus socios de gobierno darán marcha atrás? "No lo sé, pero que luego no hablen de democracia", señala Eva. "Yo creo que deberían. Si ves que una gran parte de la población está saliendo a la calle diciendo 'no puedes hacer una declaración de independencia', si dos millones de personas han votado, pero el resto no, no puedes hacerlo", completa Mabel.

"Ya se ha llegado al límite"

"Vivimos aquí, en Barcelona. Somos catalanas, pero todo lo que está pasando no nos representa a todos. Llevan años manipulando todo, ocupando todo el poder en Cataluña: los medios de comunicación, las cúpulas de los partidos políticos, las instituciones… con lo cual tienen embridada a la sociedad desde hace más de 30 años. Y nada más, ese es el tema", nos comentan otras dos mujeres.

Como el resto de las miles de personas –entre 950.000 y un millón, según Sociedad Civil Catalana (SCC), cifras que da por buenas a LD la Delegación del Gobierno en la Ciudad Condal– han decidido salir ahora a la calle "porque esto ha sido muy fuerte para todos. Porque, de hecho, se han cargado el Parlamento, nuestra representación, y lo han hecho en contra de más de la mitad de la gente, sin consultar y sin nada. Y esto no lo podemos permitir. Cuando el ciudadano sale a la calle es porque ya se ha llegado a un límite".

¿Tienen miedo de que Puigdemont declare el martes la independencia? "Yo sí", nos dice una de ellas. La otra matiza: "Yo miedo no, lo que tengo es mucha frustración, mucha rabia. Lo que me preocupa mucho es la gran tensión y fractura social que hay a todos los niveles: en los trabajos, en los colegios, los vecinos, amigos, familia… Es lo que me preocupa. Y aquí están banderas españolas y catalanas en paz, tranquilos, como debería ser".

La parada junto a la Policía Nacional

Ya en Vía Laietana llegamos a las puertas de la comisaría de la Policía Nacional. El estruendo es atroz. Conseguimos abrirnos paso entre la muchedumbre y nos acercamos hasta el cordón policial. La emoción entre los manifestantes allí concentrados es máxima. Se acercan con lágrimas en los ojos a abrazar a los agentes. Les dan la mano; los besan. Se sacan fotos con ellos. "¡No estáis solos!", exclaman otra vez. El estruendo es ensordecedor. Muchos les dan flores, banderas y carteles. Uno de ellos recoge los regalos y los va poniendo sobre un furgón policial.

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Un chico se abraza a uno de los agentes: "Por favor, no nos dejéis". Lo dice en tono de súplica. Él contesta emocionado: "No lo haremos". ¿Impresionados?, le pregunto al policía. "No te puedes hacer una idea de lo que esto significa para nosotros", me contesta.

El éxito ha sido rotundo. "Ha desbordado nuestras previsiones", comenta a LD Manuel Miró, vocal de SCC. "Ha sido un punto de inflexión".

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