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Fin de régimen en Cataluña

Los empresarios extorsionados por Jordi Pujol Jr. pierden el miedo y recuperan el habla

El informe de la Udef en manos del juez contiene testimonios lacerantes sobre los procedimientos del hijo mayor del ex muy honorable.

Jordi Pujol Ferrusola y su padre, Jordi Pujol i Soley | EFE
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P. Planas (Barcelona)

La exnovia de Jordi Pujol Ferrusola, María Victoria Álvarez, es una mujer sin miedo sometida a una presión brutal, asaltos, robos y amenazas al margen. El juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, ha subrayado el papel clave de esta mujer a la hora de desentrañar el complejo entramado societario con el que se maneja el "clan Pujol". El informe entregado por la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales (la famosa "¿qué coño es la UDEF?" que dijera Pujol) al magistrado describe el grado de impunidad del que llegó a gozar el hereu.

Sus apellidos inspiraban una mezcla de temor y respeto, juntos y por separado. Las mordidas, según coinciden todos los testimonios empresariales, se ejecutaban en nombre del padre, en la seguridad de que el "molt honorable" estaba al tanto de las andanzas de su hijo y de que hasta su consuegro, el padre de Mercè Gironès, actual exesposa del Junior de la familia, el señor Ramon Gironès, llegó a pedir su 3% en la venta de un piso en la que no había participado ni siquiera como intermediario.

Los detalles son tan escabrosos como el descontrol documental de Jordi Pujol Ferrusola, que ni siquiera se preocupaba en simular los informes por los que cobraba cantidades fabulosas. La empresa EMTE le pagó 145.000 euros por el "asesoramiento" para una posible implantación en México, un país en el que los Pujol tienen intereses turísticos.

Pujol Ferrusola cobraba por todo, hasta por hacer llamadas y lo de EMTE fue un tema menor, muy menor. Sobre todo en comparación con la fortuna que logró del grupo Copisa, que le pagó un total de 3.590.000 euros en dos entregas a dos sociedades de ese genio de las finanzas en que se convirtió el mayor de los hermanos Pujol.

El temor reverencial era consecuencia del rumor nada infundado de que no pagar el pizzo implicaba perder todos los contratos en Cataluña, fueran públicos o privados.

Ahora, los empresarios y directivos afectados por las actividades "profesionales" han recuperado el habla, la conciencia y comienzan a sacudirse el miedo. Pujol, su esposa y los hijos de ambos son unos apestados sociales, últimos socios del círculo ecuestre de los mitos rotos. Félix Millet, el autor del saqueo del Palau de la Música y personaje clave para entender el sistema de negocios a la catalana y la financiación de Convergència, goza ahora mismo de más consideración en su vecindario que Pujol, escondido en el chateux de su hijo Josep en la Cerdaña francesa, en Cataluña, según él, pero fuera de España.

Entre tanto, todo el mundo en la empresa y las finanzas catalanas tiene una anécdota que contar, y en algunos casos bastante que callar, sobre su relación con Pujol, Marta Ferrusola y la mayoría de sus hijos. Se ha perdido el miedo y se ha perdido el respeto, aquella manera de tratar a Pujol y a sus hijos como si fueran representantes de una sociedad siciliana, una familia muy unida a la que el grueso de acólitos se refiere ya como los Pujolone.

Mientras, la mujer clave en la caída del muro de silencio, María Victoria Álvarez, no dispone del estatus de testigo protegido que cabría esperar ante la importancia de sus revelaciones. Ella cifra la fortuna en Suiza en unos 134 millones. La suma total de los intereses de todos los Pujol asciende, según los cálculos más moderados, a más de quinientos millones de euros.

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