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Rajoy no admite errores y dice que él en la Moncloa es lo mejor para España

El presidente se reivindica, evita la autocrítica y se niega a hablar de pactos: España "ha cambiado de cara" y "sería muy triste dar marcha atrás".

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Mariano Rajoy quiere ser recordado como el hombre de la "estabilidad" y "la confianza". Y, precisamente, cree que ése es su mejor aval para optar a la reelección frente al resto de sus rivales políticos. "Ha sido un orgullo y honor presidir el Gobierno de este gran país", proclamó tras firmar la disolución del Parlamento y convocar formalmente las elecciones generales para el 20 de diciembre en un Consejo de Ministros extraordinario. "Si no lo creyera, no me presentaría", contestó, tras el incesante debate interno, sobre si es el mejor candidato para el PP.

Con todo su gabinete arropándole -salvo Pedro Morenés, por la crisis de los soldados desaparecidos- en la sala con más lustre del complejo de la Moncloa, el presidente hizo un balance triunfalista de una de las legislaturas "más intensas de la democracia". Se le pidió que citara un logro y un error por el que pedir perdón de su mandato, pero sólo se le ocurrieron ejemplos de lo primero, empezando por evitar el rescate total del país. "Hemos demostrado al mundo y sobre todo a nosotros mismos entereza, responsabilidad y un profundo sentido de la responsabilidad", destacó.

Para el balance, Rajoy fue cargado de datos. Se ayudó de dos grandes pantallas para titular la suya como la "legislatura de la recuperación" y su equipo repartió a los periodistas un prolijo documento de más de más de medio centenar de páginas con sus principales medidas económicas. "Nuestro sistema de bienestar ha conseguido conjurar la amenaza de la quiebra, una amenaza más que real cuando los ingresos públicos se hundieron en nuestro país en 70.000 millones de euros", en palabras del presidente.

La política de pactos

El candidato del PP cree que la economía le volverá a dar la llave del Gobierno. "España ha cambiado de cara", se reivindicó una y otra vez, no sin recalcar que "nadie ha quedado al borde del camino" y la recuperación ya empieza a notarse en calle. Si bien, a diferencia de hace cuatro años, Rajoy es consciente de que la mayoría absoluta se antoja imposible y tendrá que intentar entenderse con otros. "Se hablará en su momento, según sea el resultado de las elecciones", evitó mojarse pese a la insistencia de los informadores. "Gobernaremos como digan los ciudadanos, esa es mi oferta", puntualizó.

Las negociaciones, esquivó una vez más, llegarán una vez se cierren las urnas. "Si no soy primera fuerza no voy a intentar ser presidente. Voy a respetar lo que digan los ciudadanos", puso como base. A partir de ahí, Rajoy ni tan siquiera mentó a Albert Rivera, al que no ha invitado a la Moncloa en estos cuatro años. Le preguntaron si teme que el líder de Ciudadanos pida su cabeza a cambio de que el PP se mantenga en la Moncloa. "Yo pretendo seguir vivo una larga temporada y que usted lo vea. Mi cabeza está bien situada y no pienso dejar que nadie la cambie de sitio", fue su respuesta, sonrisa incluida.

Antes, tocará el momento de los debates electorales. Tal y como informó este diario, el comité de campaña del PP trabaja con la hipótesis de que Rajoy mantenga un único cara a cara, y que sea con Pedro Sánchez. El candidato no se mojó: "Los debates son mi medio natural y, a partir de ahí, estaremos donde proceda" aunque "con orden", subrayó. Después, señaló a Jorge Moragas, su jefe de campaña. "Yo me pongo a sus ordenes", remató, dejando todas las posibilidades abiertas.

Reforma de la Constitución

Como segundo problema de la nación, Rajoy señaló el desafío separatista. En este sentido, no se saltó la hoja de ruta por él mismo marcada, aunque aclaró que tiene previstos los mecanismos necesarios por si Cataluña inicia la independencia. "Nunca me he negado a dialogar, a escuchar y negociar propuestas" pero "sólo el pueblo español en su conjunto puede decidir sobre la soberanía nacional", arguyó. Lo volvió a decir: "Jamás me he negado a hablar y jamás me voy a negar a hablar con nadie. Pídame lo que quiera, pero no me pida que liquide la ley porque eso no lo voy a hacer nunca".

En este contexto, el candidato del partido hoy en el poder aseguró que no rechaza reformar la Constitución, pero se mostró escéptico y precisó que tal medida no irá en ningún caso en su programa electoral. "Estaré, como siempre, atento a escuchar las propuestas de los demás pero, en estos momentos, la reforma no es una prioridad", zanjó. Aún más, explicó que no ve el consenso suficiente ya que una parte implicada lo que quiere es acabar con la unidad nacional y a ello siempre se opondrá su formación.

En síntesis, fue un balance previsible. Pese a que el acto parecía más un mitin, nada dijo del programa -una gran incógnita- ni de las listas electorales -el PP espera noticias esta misma semana-. Tampoco expuso nada nuevo sobre la lucha contra la corrupción. Rajoy quiere que los españoles le identifiquen con la "estabilidad" y "la confianza", sus palabras más repetidas. Y, pese al runrún dentro de su propio partido, defendió que es el candidato que "le conviene" al país.

"Voy a hacer cuanto esté en mis manos para seguir gobernando porque es lo que le conviene a España. Sería muy duro y muy triste dar marcha atrás a lo que ha hecho el Gobierno del PP estos años", fue su resumen ante la opinión pública. El país "puede sentirse orgulloso por haber superado su mayor crisis", añadió. Para rematar la jornada, se revolvió contra el pesimismo en TVE: "Hablemos de las cosas positivas", emplazó.

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