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La novela negra del 11-M

Relato minucioso y claro de las aberrantes incógnitas del 11M, incluido en el libro 'Los años perdidos de Mariano Rajoy' de Federico Jiménez Losantos.

Federico Jiménez Losantos
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Presentación del libro

La escena del crimen

Lo primero que se hizo con la escena del crimen del 11-M fue... destruirla. Los cuatro trenes siniestrados fueron desguazados en las cuarenta y ocho horas siguientes a la masacre, contraviniendo la Ley de Enjuiciamiento Criminal que, como se ha hecho en casos de accidentes ferroviarios (metro de Valencia, tren de Santiago de Compostela), se han conservado hasta el juicio que debe dictaminar las causas de las muertes y sus responsables.

Pero un vagón escapó a la destrucción ilegal de los trenes. Pertenecía al tren de Santa Eugenia y tenía aun nítidamente dibujado el agujero de la explosión cuando lo encontró Libertad Digital, tapado con unas lonas,en las instalaciones de Tafesa,en el barrio de Villaverde,en febrero de 2012. El entonces Fiscal General del Estado, Eduardo Torres Dulce, colaborador de esRadio desde su fundación en el programa Cowboys de medianoche, dio orden de conservarlo e investigarlo. Pero ni conservó ni investigó nada.

El juez instructor, Juan del Olmo, dio orden o permitió que, además, se quemaran todos los restos personales —prendas y objetos— pertenecientes a las 192 víctimas mortales y los casi dos mil heridos.Todos estos objetos, que formaban parte también de la escena del crimen, fue- ron destruidos.

¿Y cómo pudo investigarse un crimen si se había destruido la es- cena del crimen? Pues creando una escena falsa, a partir de la cual se justificó la detención de sospechosos, su encarcelamiento, proceso, juicio y condena.

Los tres elementos que, tras destruir la verdadera, constituyeron la falsa escena del crimen fueron una furgoneta Renault Kangoo, una mochila y un coche Skoda Fabia. En la furgoneta, que había sido ya registrada por agentes e inspeccionada por un perro adiestrado para detectar explosivos, sin encontrar nada, la policía halló de pronto, al llegar a sus instalaciones de Canillas, varios objetos que, según se dijo, pertenecían a los terroristas, entre ellos, un trozo de Goma2 ECO que se consideró oficialmente desde entonces el arma del crimen. Es decir, que primero se encontró la dinamita y luego se dijo que era la que se había usado en la masacre, cuya escena del crimen se había destruido. También hallaron un Corán y una cinta islámica, entre otros objetos que los policías no habían visto en su inspección previa.

Pero una vez reparada la ceguera de la policía, apareció el hallazgo esencial del caso: una mochila-bolsa que apareció en la comisaría de Puente deVallecas dieciocho horas después de la voladura de los trenes y que se dijo que procedía de una de las estaciones, desde la que había sido llevada a la improvisada capilla ardiente de Ifema en un bolsón y, de allí, a la comisaría famosa, donde actuaba un policía afecto al PSOE. La mochila, se dijo, era igual que las que habían estallado en los trenes. Y a partir de ahí se estableció la búsqueda de los teléfonos móviles que las habrían hecho estallar todas, de los que los vendieron y compraron y se practicaron las primeras detenciones, en clave islamista pese a ser los vendedores hindúes.

El problema de esta mochila es que el móvil que llevaba no hubiera podido provocar la explosión por falta de fuerza, si hubiera tenido fuerza, tampoco, porque los dos cables estaban desconectados, como para que se viera que eran cables, y junto al explosivo, que era Goma2 ECO, había una gran cantidad de tornillería que, en teoría, hubiera actuado como metralla. Lo malo para los halladores de la mochila es que no sabían que en ninguno de los trenes había estallado una bomba semejante y la autopsia demostró que ni uno solo de los 192 muertos había sido alcanzado por la metralla. La chapuza era evidente, pero había que detener a alguien, y se detuvo. De la tarjeta del móvil se llegó al móvil y de la Goma 2 ECO a Mina Conchita, belén de tan milagrosas apariciones.

La tercera pieza de la falsa escena del crimen, el Skoda Fabia, fue aún más chapucera y zarrapastrosa que las demás. En el maletero había ropa con el ADN de los sospechosos, que agentes del CNI, indignados por el montaje, atribuyeron al propio CNI, subsección Mortadelo y Filemón. Porque el coche apareció en la estación de Alcalá tres meses después del atentado, el 13 de Junio de 2004, a pocos metros de donde había aparecido la furgoneta Reanult Kangoo. Supuestamente, el coche lo había robado en Alicante un delincuente chileno que se lo había vendido a los islamistas que habían llevado todas las mochilas en el Skoda y la Kangoo para colocarlas en el coche y habían dejado abandona- dos los dos vehículos.

La pena del Skoda es que llegó muy tarde a la cita con la Kangoo. Los policías habían peinado la zona en que apareció la furgoneta y no lo detectaron. Ninguna de las matrículas anotadas por la policía correspondía a ese coche, ni una sola cámara lo había grabado en esos meses. Un portero que lo había denunciado en la calle Bruselas declaró que, tras su denuncia, el coche había desaparecido.Y el chileno ladrón resultó tan desmemoriado que no recordaba ni de qué color era el coche. Así que, sin permiso del juez y pese a estar imputado, fue expulsado de España por la Ley de Extranjería. El tribunal, ante la falta de credibilidad de la prueba debería haberse puesto a investigar quién había pues- to el ADN de los presuntos terroristas en ese coche que nunca estuvo allí, pero prefirió descartar el Skoda como prueba. Ningún juez americano lo haría y medio FBI habría ido a la cárcel, pero ¿quién ha dicho que el 11-M sea una película? Ya no se hacen tan malas.

El falso mutis en la falsa escena del crimen

Pero la prueba definitiva de la falsa escena del crimen superó en disparates a todas las anteriores. A los tres meses del 11-M, se avisó de que la policía tenía rodeados en un piso de Leganés, a los responsables de la masacre. Se dijo que previamente habían tenido un tiroteo con ellos en Zarzaquemada, pero luego se negó. No se dijo que el piso en el que decían que se habían refugiado los islamistas era un piso franco de la policía que había sido usado en dos casos de narcotráfico y que, pared con pared, vivía un policía. Vamos, que los islamistas habían ido, huyendo a toda prisa, a caer en lo más parecido a una comisaría. Y empezó la trágica charlotada.

El diario El País y la Cadena SER —la que inventó en la noche del 11-M la existencia de dos terroristas suicidas con tres capas de calzoncillos, índice inequívoco de que eran islamistas suicidas y miembros de Al Qaeda— se apresuraron a comparar el miércoles 18 de noviembre el cerco al piso de Saint Denis, donde murieron dos islamistas del grupo responsable de la masacre de París, con el cerco del piso de Leganés. Luis del Pino, el más concienzudo investigador del 11-M y cuyos libros son de obligada lectura para el que se acerque a investigar el caso sin problemas de sueño, les respondió en Libertad Digital explicando estas doce enormes diferencias:

  1. En Leganés, los supuestos suicidas esperaron disciplinadamente ¡casi siete horas! desde que se establece el cordón policial, a que desalojaran el edificio y los colindantes. Solo después de des- alojados los ocho edificios hacen estallar la carga explosiva, coincidiendo con la hora del telediario.

  2. En Leganés nos dicen que hubo un tiroteo con subfusiles durante el cerco policial. Pero no apareció ni un mísero cartucho de subfusil en el registro efectuado tras la explosión.

  3. En Leganés, no hubo detenciones: aparecieron tras la explosión siete cadáveres... a los que no se les practicó la autopsia. El juez Bermúdez tuvo que hacer malabarismos jurídicos para considerar autopsia unos informes antropológicos que incumplían claramente la normativa legal.

  4. En Leganés, no solo no se practicó autopsia a los supuestos suicidas, sino que se intentó impedir a la Policía Científica que tomara muestras de sus cadáveres. Solo pudieron acceder a los supuestos suicidas siete horas después de su llegada al Instituto Anatómico Forense.

  5. En Leganés, uno de los cadáveres de los supuestos suicidas apareció... con los pantalones puestos del revés. ¿No tuvo tiempo ese hombre para vestirse bien a lo largo de las casi siete horas que duró el cerco policial?

  6. En Leganés, uno de los ocupantes del piso (el octavo ocupan- te) ¡bajó a tirar la basura durante el cerco policial!Y estando el piso rodeado por decenas de policías, coches policiales e incluso helicópteros... nos dicen que se escapó a la carrera. Finalmente, fue localizado en Serbia y detenido... y el Tribunal Supremo concluyó que NO había participado en la colocación de las bombas del 11-M. Por cierto, el Tribunal Supremo también concluyó que NO se podía afirmar que los siete presuntos suicidas de Leganés hubieran participado en la colocación de las bombas del 11-M, motivo por el cual las víctimas del 11-M quedaron jurídicamente imposibilitadas de demandar por vía civil a los herederos de los supuestos suicidas de Leganés.

  7. En Leganés, con decenas de policías rodeando el piso durante siete horas, y con unos supuestos terroristas que nos dicen que se asomaban por la ventana para disparar ráfagas de subfusil... no tenemos ni una maldita imagen del asedio, ni de los propios terroristas, ni de la entrada en el piso.

  8. En Leganés, el sumario del 11-M contiene TRES versiones contradictorias distintas sobre cómo se localizó aquel piso. Ceremonia de la confusión.

  9. En Leganés, resulta que los supuestos suicidas vivían pared con pared... con un policía experto en lucha antiterrorista, escuchas y seguimientos.

  10. En Leganés, nos dijeron que los supuestos suicidas rodeados mandaron sendos faxes alABC y a Telemadrid amenazando con nuevos atentados. Pero en el desescombro del piso tras la explosión no apareció ningún fax.Y, en realidad, los datos del su- mario demuestran que al menos el fax de Telemadrid fue enviado... desde fuera del piso.

  11. En Leganés, apareció una carta de despedida a sus familiares de uno de los supuestos suicidas... con una firma falsa. Siendo un marroquí que escribe (en árabe) una carta de despedida a sus familiares en Marruecos, resulta que aparece una firma... en caracteres latinos.

  12. En Leganés, al hacer el desescombro del piso tras la explosión, aparecieron diversos libros coránicos... milagrosamente intactos. Lo más chusco es que varios de esos libros coránicos son chiíes, cuando todos los ocupantes del piso eran sunitas. Es algo así como si un radical de creencias católicas tuviera como libro de cabecera una biblia luterana. Evidentemente, quien colocó esos libros en el piso no tenía ni repajolera idea de las distintas corrientes que hay en el islam.

Testigos, detenidos y condenados por el 11-M

En total, los detenidos por el 11-M fueron 116, la mayoría de ellos mientras tuvo lugar la Comisión Parlamentaria de investigación del 11-M, suntuosa mascarada que solo sirvió para que varios policías y testigos del caso se contradijeran en el juicio posterior y para que el ministro del Interior, José Antonio Alonso, presumiera cada día de la detención de un brazo más del cefalópodo islamista culpable del 11-M. Terminó la comisión y el pulpo se quedó en calamar, y, finalmente, en tinta negra para despistar. De los 116 solo llegaron al juicio 29, de ellos 9 españoles. 87 quedaron libres sin cargos por no tener relación alguna con el 11-M. Eso prueba el escrupuloso criterio de la policía del Gobierno del PSOE para detener en televisión y soltar a escondidas, sin rueda de prensa del ministro Alonso.

De los 29, solo terminaron el juicio 28. Fiscalía y acusación retira- ron de común acuerdo los cargos contra uno de los hermanos Moussaten.

De los 28 fueron absueltos 7 por la Audiencia Nacional.Y 5 de ellos fueron condenados a penas leves que habían cumplido al terminar el juicio. El Tribunal Supremo redujo —en segunda instancia— las 21 condenas a 18.

De los 18 condenados, solo 3 lo fueron por su relación con el 11- M. Los demás lo fueron por delitos menores como falsificación o tráfico de explosivos, sin tener que indemnizar a las víctimas de la masacre, porque no se les condenó autores del atentado.

Y de esos tres,Trashorras, El Gnaui y Zougan, solo a uno, Zhougam, se le consideró culpable de poner una bomba en los trenes. El es- pañol era un confidente de la policía y ninguno de los dos marroquíes era islamista. Ese es el balance de tantos años de investigación: un solo culpable. ¿Lo es? ¿Puede decirse, con este balance, que el 11-M —según el Gobierno del PSOE, beneficiario de la masacre, y luego el de Rajoy— es "cosa juzgada"?

Un condenado sin pruebas, sólo con dos testigos

Hace once años que Jamal Zougam está preso en una celda de máximo aislamiento, con solo una hora diaria de patio, porque, a diferencia de los otros dos condenados, sigue negando haber participado en la masacre.

¿Hay, sin embargo, pruebas físicas que lo vinculen con el 11-M? Ninguna:ni huellas dactilares en ningún escenario del crimen,ni rastros de ADN, ni llamadas cruzadas con ninguno de los demás procesados. El Mundo y Libertad Digital demostraron que la noche anterior al atentado, cuando dicen que los terroristas estaban montando las bombas, Zougam estuvo haciendo gimnasia, como era su costumbre, hasta las doce de la noche, en un gimnasio de la Plaza Elíptica de Madrid.

Este dato lo conocía la Policía (puesto que se incautó de los datos informáticos sobre entradas y salidas del gimnasio), pero no se incorporó al sumario del 11-M, ni se le comunicó al juez Del Olmo.Asimismo, después del atentado, Jamal Zougam continuó trabajando tranquila- mente en su tienda,sin intentar huir ni esconderse, lo que tampoco cuadra con su supuesta participación en la masacre. En lo único en que se ha basado la condena a más de cuarenta mil años de cárcel de Zougam en el testimonio de dos amigas rumanas que dicen que le vieron en uno de los trenes atacados.

Pero hay ocho indicios claros de que esos testimonios no son veraces:

1. A Zougam lo reconocieron más de media docena de testigos en los trenes, portando supuestamente una mochila bomba. Ninguno de los testigos declaró haberlo visto «colocar» ninguna bomba. Simplemente «reconocieron» ante la Policía a Zougam como alguien que portaba una mochila en los trenes.

2. Esos testimonio serán contradictorios entre sí e incoherentes, porque si todos los testigos que «reconocieron» a Zougam es- tuvieran en lo cierto, el marroquí tendría que haber estado en al menos tres trenes simultáneamente, lo cual es imposible. Por ello, el juez instructor y el tribunal terminaron descartando to- dos los testimonios, salvo dos:los de dos amigas rumanas.

3. En realidad, esos testimonios de las dos amigas rumanas también eran contradictorios e incoherentes entre sí.Y, de hecho, las dos amigas fueron cambiando de versión a lo largo del pro- ceso. Pero se dio por bueno el testimonio.

4. Una de esas dos amigas (testigo C-65) «reconoció» a Zougam tres semanas después de la masacre, cuando ya la foto de Zougam se había publicado en todas partes, y no habló para nada en sus primeras declaraciones (ante la Policía y el juez) de que fuera acompañada por otra amiga.

5. Esa otra amiga (testigo J-70) es una mujer a la que por dos veces le denegaron los técnicos del Ministerio de Interior la condición de víctima, llegando a poner en cuestión, incluso, que viajara en los trenes. Sin embargo, quince días después de la segunda denegación, y cuando ya había pasado más de un año de los atentados, dice que se acuerda de haber visto a Zougam, tras lo cual se le reconoce la condición de víctima, se le otorga la nacionalidad y se le da una indemnización de casi 50.000 euros.

6. El marido de la primera testigo (C-65) también dijo que viajaba en los trenes, pero en un tren diferente que su mujer, y se le reconoció la condición de víctima.

7. El hermano de C-65 también dijo que viajaba en los trenes, junto al marido de C-65, pero a él no se le reconoció la condición de víctima, debido a lo inverosímil de su relato.

8. Otra hermana y un primo de C-65 también intentaron hacerse pasar por víctimas del 11-M, pero en ese caso no solo no se les reconoció que iban en los trenes, sino que el propio juez Juan Del Olmo pidió que se dedujera testimonio contra ellos por simulación de delito. Las amigas rumanas fueron imputadas por falso testimonio, tras la querella que el propio Zougam planteó contra ellas.

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