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Rajoy promete que no habrá referéndum en Cataluña: "España va a seguir siendo España"

"No vamos a tratar ni a comercializar sobre un proceso que conduce a la fractura de España", sentencia. Habla con Rivera y recuerda a Aznar.

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Mariano Rajoy, este domingo, en la clausura del Congreso Nacional del PP. | EFE

Mariano Rajoy está cómodo en el poder. No tiene intención de marcharse, quiere ser recordado como aquél gobernante que buscó el consenso en los grandes asuntos de Estado y no le tembló la mano en la defensa de la soberanía nacional. Y el PP se entregó a él una vez más sin rechistar. A pesar de la escasa renovación, de colocar a sus amigos en puestos claves y de borrar el debate sobre la limitación de mandatos o la acumulación de cargos. "Hay Rajoy, desde luego, para rato", reconocieron sus barones. En su presencia, las discusiones internas quedaron aparcadas, relegadas a los pasillos. Apenas le llegaron los ecos de las quejas de "pucherazo" en las votaciones o el lamento de los cargos provida. "Somos un partido grande, unido, democrático y distinto a los demás", proclamó, reelegido capitán del barco para los próximos cuatro años.

El presidente del PP logró la pretendida fotografía de unidad y lanzó dos ideas clave en la clausura del Congreso Nacional de su formación: diálogo y respeto a la ley. Antes, quiso dejar hechos algunos deberes. Citó expresamente a José María Aznar, el gran olvidado en las jornadas anteriores del cónclave. "Quiero citarle con gratitud. Sus años como presidente son un orgullo para el PP y sus años de Gobierno son una herencia de la que nos hemos beneficiado todos los españoles", declaró, recibiendo el primer gran aplauso del auditorio. También recordó a la fallecida Rita Barberá, a la que se le llegó a retirar el carnet de militante y se tuvo que sentar en el grupo mixto del Senado por una presunta corrupción que olvidó por completo en su intervención, y reafirmó su "lealtad" a la Corona tras las tensiones con el Rey Felipe VI en los largos meses de incertidumbre política.

"Nos hemos reafirmado en nuestras ideas, principios y valores", destacó Rajoy, tras comprobar que en sus estatutos, por primera vez, se especifica que la formación es "liberal" aunque se votó en contra de que se incluyera el término "conservador". Fernando Martínez-Maillo, su nuevo hombre fuerte en Génova, se desesperó cuando un compromisario quiso introducir en el preámbulo un rechazo expreso a la socialdemocracia y otro se refirió "al nuevo y al viejo PP". "Nuestros principios son nuestro fundamento y, de ninguna manera, vamos a prescindir de ellos", insistió el presidente, que mentó expresamente a las víctimas del terrorismo.

La llamada de Rivera

Antes del cónclave, Albert Rivera telefoneó a Rajoy para darle la enhorabuena y mandó a la cita popular a Miguel Ángel Gutiérrez y a Begoña Villacís. "No me aprietes mucho", le dijo al líder de Ciudadanos, aliado en esta legislatura. Una conversación que le dio pie para lanzar uno de sus mensajes clave: "El Gobierno está obligado a dialogar en el mismo grado que los demás, ni más ni menos", afirmó. "Estamos obligados a gobernar de otra manera, toca adaptarse a la situación, pero la oposición también tiene que adaptarse", insistió, rechazando la derogación de sus reformas. Y recordó que, a pesar de los sondeos favorables, aceptó el encargo del jefe del Estado para evitar así unas terceras elecciones consecutivas. Lo repitió una y otra vez: "El diálogo exigirá concesiones".

A puerta cerrada, en la primera reunión del Comité Ejecutivo, aseguró que su intención es presentar los Presupuestos Generales del Estado, pero evitó dar una fecha. Y en el cónclave recorrió una vez más el temor a otras elecciones en caso de que Pedro Sánchez se haga otra vez con las riendas del Partido Socialista. Rajoy, en su intervención, no se refirió a él en ningún momento y se centró en la necesidad de que todos sus interlocutores hagan un esfuerzo en aras del bienestar común. "España es responsabilidad de todos", avisó, y citó también a comunidades autónomas y ayuntamientos.

Aviso directo a Puigdemont

A partir de ahí, la idea que quiso dejar bien clara es que no permitirá el referéndum en Cataluña. "Lo que tenemos claro es lo que no vamos a permitir que pase", advirtió ante los suyos, a puerta cerrada. Y así lo proclamó públicamente poco después: "No vamos a tratar ni a comercializar sobre un proceso que pasa por encima de la Constitución y que conduce a la fractura de España y a la liquidación de la soberanía nacional. Nadie nos puede pedir que seamos cómplices de esa arbitrariedad", expuso contundente. "Sobre el cumplimiento de la ley no es posible negociación alguna", se reafirmó, y tachó de "disparate" los planes de Carles Puigdemont.

Por supuesto, Rajoy no dio ningún detalle de su plan. No habló de medidas coercitivas ni del artículo 155 de la Carta Magna. Pero dio su palabra de que impedirá la consulta. Lo dijo de todas las formas posibles. "No vamos a admitir la celebración de un referéndum que busca la independencia y la ruptura de España", aseveró, para a renglón seguido prometer que no "abandonará" a los catalanes. "Queremos estar presentes en su día a día, y lo estamos haciendo cada vez más", sacó pecho, después de que Soraya Sáenz de Santamaría inaugurara despacho en Barcelona esta legislatura. Según puntualizó, su objetivo pasa por cambiar "la dinámica" instalada en dicha comunidad.

"España va a seguir siendo España", zanjó el presidente, para quien los españoles "ya tienen el futuro delante de sus ojos", en referencia a la mejora económica. En este sentido, se dedicó a reivindicarse sin cesar. "Antes todo era invierno y ahora vivimos una primavera tibia llena de esperanzas", razonó. "España es un gran país, hay que hablar bien de él y resaltar sus cosas buenas", pidió a su partido, al que dedicó sus últimas palabras. "Sostened el PP como lo habéis hecho hasta ahora", emplazó, y citó a aquellos que enarbolan la bandera de su formación en los pueblos más apartados. "Creo que merece la pena y estamos aquí gracias a ello. No lo voy a olvidar", sentenció.

A partir de ahora, empezarán a celebrarse los congresos regionales y locales del partido, en los que sí que se podrían librar batallas internas importantes.

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