
El verano de 2007 se preveía relativamente tranquilo. Sólo la agitada campaña electoral en EEUU, con Barack Obama y John McCain disputándose la Casa Blanca, ofrece titulares a la prensa. Sin embargo, el día 9 de agosto, la Fed (en la imagen su sede en Washington D. C.) y el BCE sorprenden con el anuncio de una inyección de liquidez "para facilitar el funcionamiento ordenado de los mercados financieros". Aquella jornada es considerada como el punto de inicio de la crisis. En realidad, es sólo el momento en el que estalló la bomba de relojería en la que se habían convertido los bancos mundiales. La Gran Recesión ya está en marcha.