Efectos en el paciente
Esta patología repercute en todos los ámbitos de la vida del paciente y, en función a la gravedad y circunstancias, quienes la sufren, pueden llegar a ver deteriorada su imagen corporal, su personalidad, hábitos y costumbres.
LD (Europa Press) La mitad de las mujeres y uno de cada tres hombres mayores de 65 años que viven en centros de mayores sufre incontinencia urinaria, según muestran los resultados del 'Estudio Poblacional de Incontinencia Carga y Coste (EPICC)', en el que ha trabajado el médico adjunto del Hospital Clínico Universitario de San Juan (Alicante), y colaborador del Instituto Indas, el doctor Luis Gómez.
Esta patología repercute en todos los ámbitos de la vida del paciente y, en función a la gravedad y circunstancias, quienes la sufren, pueden llegar a ver deteriorada su imagen corporal, su personalidad, hábitos y costumbres. Y en muchas, ocasiones es asumida como una condición vergonzante de la propia edad, causando una limitación extrema de la actividad, aislamiento social, ansiedad, depresión y disfunción sexual.
Por todo ello, destacan que es fundamental trabajar por la mejora de su calidad de vida, porque, si bien la incontinencia de orina no es, ni mucho menos, una patología reciente, ha sido en la década de los 70 cuando ha adquirido una relevancia particular, por ser mejor conocidas sus causas y soluciones. Además, la expectativa de vida en los países desarrollados aumenta, y por tanto, también la necesidad de garantizar a sus mayores una mejor calidad de vida.
Se trata, además, de una de las principales causas de institucionalización entre la población mayor (ingreso en residencias de la tercera edad), y sin embargo --al contrario de lo que la mayoría de la sociedad cree-- la incontinencia no es un fenómeno normal del envejecimiento, sino una disfunción cuya prevalencia aumenta con los años de vida a partir del inicio de la senectud.
Lo más recomendable, es, por tanto, que la continencia, una función básica adquirida en la infancia, se mantenga y se tenga en cuenta como cualquier otro aspecto fundamental incluido en las actividades básicas de la vida diaria de un anciano, necesaria para permitir el autocuidado, junto con la movilidad, el aseo, vestido, baño y alimentación.
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