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Sean O´Malley: un fraile capuchino enamorado de España que ha encabezado la limpieza en la Iglesia

El arzobispo de Boston es un referente en la lucha contra la pederastia. Aparece como el gran tapado en el Cónclave. Es doctor en literatura española.

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El gran tapado de EEUU

Sean O´Malley aparece como el gran tapado de cara al Cónclave y cada día que pasa su nombre va sonando con más fuerza como candidato firme. Este estadounidense ha estado todo este tiempo a la sombra de su compatriota Dolan y del canadiense Ouellet como principales papables de Norteamérica. Con ellos comparte grandes virtudes como el empuje que están mostrando en renovar la Iglesia sin modificar un ápice los principios no negociables. Pero además a esto suma su buen hacer durante estos años, lo que le ha convertido en un gran ejemplo para toda la Iglesia.

Este fraile capuchino de 68 años que suele llevar siempre su hábito marrón y que va en sandalias es arzobispo de Boston desde 2003, tradicional ciudad católica de Estados Unidos y una de las cunas del progreso. 

Durante todos estos años, el cardenal O´Malley ha sido la persona de confianza tanto de Juan Pablo II como de Benedicto XVI para afrontar uno de los mayores problemas que ha afrontado la Iglesia Católica en los últimos años, los escándalos de pederastia. Ha sido nombrado obispo de varias diócesis azotadas por estos casos como las de Fall River y Palm Beach hasta ser enviado a Boston, epicentro del problema, a apagar un fuego que parecía que apuntaba a quemar el catolicismo en aquella ciudad.

El gran ejemplo en la lucha contra la pederastia

Con gran firmeza pero también con mano izquierda ha hecho una labor encomiable y ha reconciliado a muchos con una Iglesia que ya no sentían suya. Ha afrontado y barrido con fuerza este problema sin esconder el escándalo sino más bien optando por la transparencia, hecho por el que optó Benedicto XVI desde que inició su Pontificado en 2005.

Su buen hacer y su ejemplo le han hecho ser un referente entre los cardenales. Su sencillez de vida no es incompatible con su firmeza a la hora de actuar. Como ejemplo vale que tras los juicios y las indemnizaciones que debían pagar a las víctimas, O´Malley vendió la sede del Arzobispado y se instaló en una celda monacal.

Sin embargo, a su espiritualidad capuchina añade un impulso preferente por la Nueva Evangelización. Fue el primer cardenal en tener un blog personal en el que asiduamente responde a las dudas de fieles y de no creyentes. Es muy cercano a la gente y se maneja perfectamente en los medios de comunicación y en los debates con el mundo de hoy. Además, no ha dudado en criticar duramente a la administración Obama puesto que O´Malley es uno de los referentes provida más importantes de Estados Unidos.

De cara al Cónclave aparece en un discreto segundo plano pero muchos cardenales ven en él lo que quieren para la Iglesia del futuro: la sencillez de vida y la capacidad para los retos del hoy y del mañana. Y el cardenal de Boston lo ha demostrado sobremanera. No ha dudado en enfrentarse a graves problemas, que como Papa podrían pasar por la reforma de la Curia, y atesora además una gran experiencia pastoral en una Diócesis grande, metropolita y complicada.

Es cardenal desde 2006 y en la Curia es miembro de las Congregaciones para el Clero y de los religiosos así como del Pontificio Consejo para la Familia. Salvando enormemente las distancias, debido a su carácter abierto, bromista y afable sería un perfil más parecido a Juan Pablo II que a Benedicto XVI.

El amor a la herencia española en América

Pero Sean O´Malley es mucho más que un ‘barrendero’. Su vida pastoral ha sido especialmente intensa y destaca su gran amor por la herencia española en América. Desde muy joven sintió la llamada a la misión y por ello comenzó a estudiar español, idioma que habla a la perfección. De hecho, es doctor por la Universidad Católica de América en literatura española y portuguesa donde pudo conocer a los místicos españoles.

En este sentido, durante más de veinte años fue el encargado de atender a los inmigrantes iberoamericanos que llegaban a Estados Unidos. En este tiempo pudo conocer su cultura y también sus grandes problemas. Su experiencia la define así: "tuve el privilegio de trabajar allí durante veinte años, lo que yo llamo la luna de miel de mi sacerdocio y mi vida como religioso. La fe, la alegría, el sentido de celebración, la centralidad de la familia y la comunidad, el sentido de generosidad y sacrificio, la religiosidad popular y la piedad mariana enriquecieron ciertamente mi vida y mi vocación".

En Washington fue el director del Centro Católico Hispano e incluso llegó a ser el vicario episcopal encargado de las comunidades hispanas, portuguesas y haitianas. En San Francisco también atendió a dichas comunidades. Así fue fraguando aún más su amor a la herencia española en América.

Su experiencia aumentó aún más tras su designación como obispo en las Islas Vírgenes, en el Caribe. Conoce a la perfección el Boston más desarrollado pero también a los pobres que habitan también en el primer mundo. Lo mismo le ocurre con toda Iberoamérica, países con los que ha tenido gran contacto y con cuyos obispos tiene una gran relación. En el Cónclave podría recibir el apoyo de los cardenales americanos pues representaría a todo el continente: al norte, al centro y al sur.

Un agudo sentido del humor

Además, el cardenal O´Malley tiene un gran sentido del humor y no es difícil escucharle contar anécdotas de su propia vida en intervenciones u homilías. Entre ellas hay una que destaca y donde pagó la "novatada" una vez ordenado.

Poco después de salir del seminario fue nombrado capellán de una cárcel: "yo estaba muy nervioso. No sabía qué decir por lo que agarré un libro que se llamaba ‘Como escribir un sermón’ y que decía que hablara a los horizontes de los oyentes". Este pasaje le inspiró para hablar a los presos de las grandes escapatorias bíblicas como la de Daniel, San Pedro o San Pablo. Evidentemente consiguió la atención total y absoluta de los presos durante la homilía. Y claro él se fue muy contento y satisfecho a casa. Pero el problema fue cuando a la mañana siguiente le llamaron más que enfadados y le contaron que se habían escapado seis reclusos durante la noche.

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