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El verdadero papel de Bergoglio en la dictadura argentina contado por él mismo

En 2010, el entonces cardenal Bergoglio habló de las acusaciones contra él. Lejos de colaborar, arriesgó mucho para proteger a varias personas.

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Bergoglio, celebrando misa de joven | Archivo

La elección del cardenal Bergoglio como Papa no gustó nada a ciertos sectores de la "izquierda anticlerical", tal y como les definió la Santa Sede. Por ello, pocos minutos después de que Francisco apareciera en la logia central de la Basílica de San Pedro a saludar a las miles de personas allí congregadas comenzaron a salir informaciones sobra la supuesta colaboración del nuevo Pontífice con la dictadura argentina.

De nada sirvieron los desmentidos de la Santa Sede al respecto e incluso las declaraciones de uno de los dos jesuitas que habrían sido secuestrados por la connivencia del entonces Bergoglio.

Durante años guardó silencio sobre el asunto pero en 2010 quiso dejar muy clara esta cuestión: "si no hablé antes fue para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese nada que ocultar". De hecho, él ya declaró todo lo que sabía a la Justicia. Pero tras su elección como Papa y todo el revuelo que se está generando en torno a esta supuesta colaboración lo mejor es que él mismo explique qué hizo durante esos años.

La versión del entonces Bergoglio

En este sentido, durante los años en los que se le acusa de colaborar con la dictadura el era un joven provincial. Así, preguntado sobre su actuación aseguró que durante su residencia en el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús "escondí a unos cuantos. No recuerdo exactamente el número, pero fueron varios". Además, asegura haber cobijado a tres seminaristas. "No estaban escondidos, pero sí cuidados, protegidos".

Del mismo modo, explicó otras actuaciones que llevó a cabo durante ese tiempo. "Saqué del país, por Foz de Iguazú, a un joven que era bastante parecido a mí con mi cédula de identidad, vestido de sacerdote, con el clergyman, y de esa forma, pudo salvar su vida. Además, hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba, para abogar por personas secuestradas. Llegué a ver dos veces al general Videla y al almirante Massera. En uno de mis intentos de conversar con Videla, me las arreglé para averiguar qué capellán militar le oficiaba la misa y lo convencí para que dijera que se había enfermado y me enviara a mí en su reemplazo".

Así, continuaba su relato afirmando: "recuerdo que oficié en la residencia del comandante en Jefe del Ejército ante toda la familia de Videla, un sábado a la tarde. Después, le pedí a Videla hablar con él, siempre en plan de averiguar el paradero de los curas detenidos. A lugares de detención no fui, salvo una vez que concurrí a una base aeronáutica, cercana a San Miguel, de la vecina localidad de José C. Paz, para averiguar sobre la suerte de un muchacho".

"Me moví dentro de mis pocas posibilidades"

También fue preguntado sobre alguna otra gestión que llevara a buen término. El entonces cardenal afirmaba que "me viene a la mente el caso de un joven catequista que había sido secuestrado y por el que me pidieron que intercediera. También en este caso me moví dentro de mis pocas posibilidades y mi escaso peso. No sé cuánto habrán influido mis averiguaciones, pero lo cierto es que, gracias a Dios, al poco tiempo el muchacho fue liberado".

También habló del polémico y ahora mediático caso del secuestro de dos jesuitas. "Para responder tengo que contar que ellos estaban pergeñando una congregación religiosa (...) El superior general de los jesuitas, quien por entonces era el padre Arrupe, dijo que eligieran entre la comunidad en que vivían y la Compañía de Jesús y ordenó que cambiaran de comunidad. Como ellos persistieron en su proyecto, y se disolvió el grupo, pidieron la salida de la Compañía". De este modo, añadió que "ante los rumores de la inminencia de un golpe, les dije que tuvieran mucho cuidado".

Sobre estos dos jesuitas afirmaba Bergoglio que "vivían en el llamado barrio Rivadavia del Bajo Flores. Nunca creí que estuvieran involucrados en ‘actividades subversivas’ como sostenían sus perseguidores, y realmente no lo estaban".

Pese a ello, continuaba, "por su relación con algunos curas de las villas de emergencia, quedaban demasiado expuestos a la paranoia de caza de brujas. Como permanecieron en el barrio, Yorio y Jalics fueron secuestrados durante un rastrillaje". El cardenal argentino explicaba más tarde que "afortunadamente, tiempo después fueron liberados, primero porque no pudieron acusarlos de nada, y segundo, porque nos movimos como locos. Esa misma noche en que me enteré de su secuestro, comencé a moverme. Cuando dije que estuve dos veces con Videla y dos con Massera fue por el secuestro de ellos".

Por último, sobre las acusaciones sobre su persona, él lo tenía muy claro: "no quiero ceder a los que me quieren meter en un conventillo. Acabo de exponer, con toda sinceridad, cuál era mi visión sobre el desempeño de esos sacerdotes y la actitud que asumí tras su secuestro. Jalics, cuando viene a Buenos Aires, me visita. Una vez, incluso, concelebramos la misa. Viene a dar cursos con mi permiso".

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