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Franz Lackner, de 'casco azul' a príncipe de la Iglesia

Casco azul de la ONU, electricista, corredor de maratones, franciscano y ahora heredero de una histórica diócesis-principado. Este es Franz Lackner.

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Franz Lackner | www.salzburg.com

Este pasado mes de noviembre el Papa Francisco eligió a Franz Lackner como nuevo arzobispo de Salzburgo, una de las sedes más históricas del centro de Europa. Este obispo culmina así una vida que le ha llevado por distintos derroteros conformando en él una biografía de lo más curiosa.

Con una prometedora carrera eclesiástica por delante, pues apenas tiene 57 años y ya es arzobispo, no siempre la vocación religiosa es la que ha regido en este austriaco de la región de Estiria. Y tendrá que tirar de sus antiguas profesiones para regir una iglesia católica austriaca que vive una crisis de fe histórica y un clero que en un porcentaje nada desdeñable se ha rebelado contra Roma.

Como casco azul encontró la fe

Y es que Franz Lackner estudió electricidad y posteriormente se embarcó como militar a una misión internacional. Entre 1978 y 1979 este joven austriaco fue uno de los miles de 'cascos azules' de la ONU que sirvió en la entonces inestable Chipre.

Fue su experiencia como fuerza internacional y en un país como Chipre lo que provocó en él empezar a ver la vida de otro modo y a llevarle a un camino muy diferente al de las armas, al menos a las de los ejércitos. Precisamente, Chipre es una de las zonas que está al cuidado de la Custodia de Tierra Santa, a cargo de los franciscanos, isla en la que San Pablo vivió auténticas aventuras.

Según recuerda el propio obispo, su paso como casco azul fue "una experiencia fundamental en mi búsqueda de Dios y del sentido de la vida". Allí quedó impregnado de Dios y de la espiritualidad franciscana, la que le marcaría para siempre.

Al volver a Austria proveniente de la misión internacional retomó sus estudios de electricidad pero ya nada era igual y vio que su vocación iba por otro camino, por lo que entró en el noviciado de los Frailes Menores de San Francisco. Tras varios años de formación en 1991 era ordenado sacerdote.

Las históricas concesiones al obispo de Salzburgo

Posteriormente, siguió con sus estudios en Austria y en Roma, siendo incluso profesor en Italia. Sin embargo, en 1999 su orden le llamó de vuelta a Austria donde fue nombrado provincial de los franciscanos en Viena. Fue en 2002 cuando Juan Pablo II le eligió para ser obispo auxiliar de Graz, cargo en el que ha estado hasta que se le ha encomendado la que será su misión más importante, regir el histórico Principado-Archidiócesis de Salzburgo, una diócesis llena de curiosidades y de concesiones papales debido a su importancia histórica.

La elección episcopal en Salzburgo es muy distinta a la que se puede ver en otros lugares del mundo puesto que en este caso el cabildo catedralicio tiene el derecho de elegir él mismo al arzobispo ante una terna presentada por el Vaticano. Finalmente, el Papa Francisco ha aceptado al candidato elegido por el cabildo pues es el Pontífice el que tiene la última palabra en los nombramientos.

Un príncipe sin ser príncipe

Pero el arzobispo de Salzburgo tiene una serie de concesiones que proceden algunas de ellas del Sacro Imperio Romano Germánico. De hecho, en un primer momento el propio arzobispo era príncipe. De este modo, es primado de Germania (Primas Germanaiae). Este titulo honorífico llevaba aparejado ser la primera corresponsalía de los obispos de habla germana ante el Papa y anteriormente le concedía la potestad de convocar a los príncipes electores del Imperio.

En la actualidad, el antaño militar tiene otra concesión que le confiere ser el arzobispo de Salzburgo. Ostenta el título igualmente de Legado Permanente del Papa lo que le hace tener ciertos derechos y privilegios. Por ello, pese a no ser cardenal puede llevar las vestiduras de color rojo de los príncipes de la Iglesia e incluso puede vestir de esta manera en el Vaticano por el mero hecho de ser el obispo de este histórico principado austriaco.

Con estos títulos y con este currículum llega este obispo a esta sede. Cosmopolita y deportista, Lackner corre habitualmente maratones lo que, sin duda, debe colocarle como uno de los obispos más en forma del mundo. Esta resistencia y también su mano firme como militar y su humildad como franciscano e incluso el luchar contra los cortocircuitos en su etapa como electricista le serán muy necesarios para enderezar a una iglesia en debacle. Está llamado a ser uno de las piezas claves que resucite o que termine de hundir el catolicismo en el centro de Europa.

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