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Las precisiones de Benedicto XVI al Papa Francisco

La primera entrevista a Francisco dio la vuelta al mundo y el Papa pidió a Benedicto XVI su opinión. Éste le envió cuatro páginas de comentarios.

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Francisco, en una de las visitas a Benedicto XVI | EFE

Era una situación sin precedentes cercanos. La Iglesia Católica tiene en estos momentos un Papa y un Papa emérito. Y se temía una especie de bicefalia que finalmente no se ha producido sino que Francisco ha aprovechado esta situación para tener un consejero y asesor de lujo, seguramente el mejor que pueda ayudarle en su ministerio petrino.

En este sentido, el Papa no quiere que Benedicto XVI viva aislado sin tener ningún contacto con él por lo que en este año de Pontificado han hablado y se han visto en varias ocasiones. Además, tienen un gran intermediario. El secretario del Papa alemán, Georg Gänswein es además el prefecto de la Casa Pontificia, lo que le hace tener contacto diario con Francisco. Y por ello es utilizado como correa de transmisión entre ellos.

Esto ocurre a menudo y así lo ha revelado el propio monseñor Gänswein. En una entrevista en la cadena alemana ZDF sobre el primer aniversario de Francisco explicó una anécdota que muestra la estrecha relación y colaboración entre el Santo Padre y Benedicto XVI.

El secretario de Ratzinger habló de la famosa y extensa entrevista que Francisco concedió a la revista La Civiltá Cattolica, la primera que dio y que produjo un gran revuelo.

De este modo, Gänswein explicó a la televisión alemana que "cuando el padre Spadaro entregó el primer ejemplar de esta entrevista, Francisco me lo dio y me pidió que se lo llevara a Benedicto". Añadía que Francisco le dijo: "mira, la primera página, después del índice, está vacía. Aquí el Papa debe escribir todas las críticas que le vengan a la mente y después dármelas".

Dicho y hecho. El prefecto de la Casa Pontificia relata que "así que fui a ver al Papa Benedicto y le dije que el Papa Francisco le pedía que escribiera ahí todos sus pensamientos, críticas o sugerencias tras leer la entrevista, y después yo informaría al Papa".

Benedicto XVI dijo tras su renuncia que su gran misión a partir de ese momento consistía en rezar por su sucesor y servirle en lo que fuera necesario. El Papa alemán obedeció e hizo este servicio a Francisco. "Tres días más tarde -proseguía Georg Gänswein- me dio cuatro páginas, por supuesto no escritas a mano sino que le había dictado a la hermana Brigit en una carta".

La hoja en blanco tras el índice destinada originalmente a estos comentarios no había sido suficiente sino que el Papa le envió hasta cuatro páginas en una carta. No hay que olvidar que Ratzinger es una de las mentes más privilegiadas de la Iglesia Católica desde la segunda mitad del siglo XX.

Sin embargo, el contenido de los comentarios que le hizo a Francisco son una incógnita. Lo cierto es que Benedicto se tomó muy en serio el encargo y quiso ayudar al Papa en su misión. "Él (Ratzinger) ha hecho sus deberes. Lo leyó e hizo algunas reflexiones y comentarios sobre ciertas cuestiones para desarrollar más en otra ocasión. Por supuesto, yo no voy a decir lo que el Papa emérito dijo", concluyó el secretario de uno y prefecto del otro.

La nueva vida de Benedicto XVI

Desde su renuncia, Benedicto XVI vive en un convento, el Mater Ecclesiae, en el interior de los muros vaticanos. Allí tiene previsto pasar el resto de los días que le quedan. Y lo hace contento y con la conciencia tranquila de que tomó la decisión adecuada pese a la sorpresa generalizada que concitó en todo el mundo. El alemán lleva una vida de estudio y de oración y se ha puesto como prioridad rezar por Francisco como conocedor en primera persona de la dura carga del Papado.

A sus 87 años, Benedicto XVI se levanta todos los días a las 5.30 de la mañana. Antes de las 7 ya ha oficiado la misa y dedica la mañana a la lectura de los padres de la Iglesia así como a la correspondencia personal que llega de la Secretaría de Estado. De hecho, incluso ha rebatido en sus cartas a intelectuales como la que envió a Piergiorgio Odifreddi contestando a su libro y que fue publicada por la prensa italiana

Tras comer, el Papa emérito duerme la siesta y tras este descanso pasea con monseñor Gänswein, su hijo espiritual, mientras rezan el Rosario por los jardines que rodean el convento. El resto de la tarde lo vuelve a dedicar a la lectura y a escribir hasta la hora con la cena. Y a las 20 horas tiene su cita primordial con el telediario. A las diez de la noche, Benedicto acaba su jornada y las luces se apagan en su estancia. El propio Gänswein ha revelado a sus amigos que cuando por la noche se escucha al pontífice alemán tocando el piano es que el día ha transcurrido con serenidad y paz.

Esta rutina sólo se ve afectada por las visitas que recibe, entre las que se han producido varias de Francisco, ya que sus salidas sólo se han producido en contadas ocasiones. Tras renunciar estuvo viviendo en Castel Gandolfo hasta que se habilitó el convento. Una vez allí ha salido una vez de incógnito para visitar a su hermano Georg que permanecía ingresado en la Clínica Gemelli. En otra ocasión acudió invitado por Francisco a los jardines vaticanos para bendecir la estatua dedicada al Arcángel San Miguel.

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