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Pablo VI, el "timonel" que a base de sufrimiento guió a la Iglesia en la tempestad

Gran defensor de la familia, el milagro declarado se produjo al salvar un feto desahuciado. Clausuró y puso en práctica el Concilio Vaticano II.

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La Plaza de San Pedro se ha convertido más que nunca en el gran recinto de los papas. En estos últimos meses se ha producido una unión sin parangón entre todos los pontífices del último medio siglo. Este curioso hecho se ha dado con la canonización de San Juan Pablo II y San Juan XXIII y este domingo con la beatificación de Pablo VI, el otro gran Papa del siglo XX al que le tocó conducir la Iglesia en una profunda renovación interior tras el Concilio Vaticano II. Para cerrar el círculo la ceremonia ha sido presidida por el papa Francisco y en ella también ha estado presente Benedicto XVI y así honrar al Pontífice que lo creó obispo y cardenal.

Miles de personas llegadas de todo el mundo pero sobre todo de Brescia y Milán, los lugares en los que nació y ejerció su labor pastoral, han llenado el Vaticano y sus alrededores para un acto en el que además se clausuraba el Sínodo Extraordinario de la Familia. Precisamente, Pablo VI fue un acérrimo defensor de la familia y la vida, lo que le provocó numerosos sufrimientos a lo largo de su pontificado.

Es además esta defensa de la vida humana la que le ha alzado a los altares. El milagro necesario para ser beatificado se produjo en un bebé todavía en el seno materno y que estaba desahuciado. Ocurrió en 2001 en Estados Unidos cuando en el quinto mes de embarazo se produjo la rotura de la vejiga fetal y se vació de líquido todo el saco amniótico. El diagnóstico era claro: el niño moriría en el vientre o tendría graves secuelas. Le ofrecieron abortar y la madre se negó. Pablo VI entra en esta historia gracias a una religiosa que le había conocido y que instó a la familia que pidiera su intercesión. Finalmente, la familia le colocó una estampa del nuevo beato en el vientre junto a una reliquia. Tras numerosas pruebas médicas posteriores en la semana 34 del embarazo se percataron de una mejora extraordinaria del feto y tras el parto se vio un bebé en buenas condiciones físicas. Ahora ese bebé tiene 13 años y ha estado presente en la beatificación.

"Timonel en una sociedad hostil"

"Pablo VI, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría y con visión de futuro -y quizás en solitario- el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la fe en el Señor". Así lo definió Francisco durante la ceremonia de beatificación.

No se puede hablar de este beato sin su papel de renovador de la Iglesia en un contexto socio-político complicado, en plena Guerra Fría y con el inicio de la fuerte secularización de Europa. No fue el que convocó el Concilio Vaticano II pero sí el que tuvo que cerrarlo y tener la gran responsabilidad de llevarlo a la práctica.

Giovanni Montini fue elegido Papa en 1963 tras la repentina muerte de Juan XXIII cuando el Concilio estaba todavía en plena discusión. Muy cercano a Pio XII y también a su antecesor, Pablo VI fue el "timonel" de un Concilio histórico para la Iglesia y que supuso una renovación interna tan abrumadora como el del Concilio de Trento.

Y llevar a la práctica este Concilio no le eximió de sufrimientos. Es más, fue incomprendido, e incluso algunas líneas magisteriales propuestas por él encontraron fuerte rechazo y contestación por importantes sectores de la Iglesia. Él mismo dejó escrito su diario este sentido del sufrimiento.

"Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva. (P. Macchi, Paolo VI nella sua parola, Brescia 2001, 120-121).

Pablo VI puso en marcha la Iglesia tal y como la conocemos hoy y que luego siguieron llevando a cabo sus predecesores. Fue el primer Papa viajero y realizó numerosos viajes al extranjero en los que incluso sufrió dos atentados en los que logró salir ileso. Uno en Bombay en 1964 y otro en Manila en 1970. Sin embargo, esto no le impidió seguir viajando.

Uno de los momentos más importantes de su Pontificado y que supuso un gesto histórico fue su viaje a Tierra Santa, siendo la primera vez desde San Pedro en la que un Papa visitaba la tierra de Jesús. Y durante ese viaje se produjo otro de los momentos estelares y que ejemplificaban su encomiable y decidida misión de unir a los cristianos. Ese año 1964 Pablo VI se abrazaba en Jerusalén con el patriarca de Constantinopla, Atenagoras I, abriendo el camino de reconciliación con los ortodoxos tras siglos de disputas y divisiones.

Sin embargo, más complicada aún que esa ansiada instantánea fue la aplicación del Concilio Vaticano II en su intención de tener una mejor visión del mundo contemporáneo. A Pablo VI le tocó lidiar entre los que se oponían a las reformas en la Iglesia y los que querían ir demasiado lejos y rápido con ellas. Fueron años difíciles y de confusión en los que tuvo que mostrarse firme ante las numerosas presiones que recibió. Y todo ello en un mundo dividido entre comunismo y capitalismo, con la revolución sexual en pleno apogeo y una transformación meteórica de la sociedad europea y norteamericana.

Dejó escritas varias encíclicas durante su Pontificado pero sobre todo será recordado por una de ellas, precisamente la última, la Humanae Vitae. Este escrito trataba sobre la defensa de la vida humana y dejaba clara la postura contraria de la Iglesia ante los anticonceptivos y los métodos de control de la natalidad. Su publicación estuvo a punto de provocar un cisma en la Iglesia pues numerosos teólogos, obispos y sacerdotes se rebelaron contra ella, incluso conferencias episcopales enteras. Estos aducían que había que seguir los vientos de los tiempos. Él se mantuvo firme pese a los grandes sufrimientos que le conllevó. De hecho, llegó a escribir siete encíclicas durante sus primeros cinco años como Papa y tras la Humanae Vitae no escribió ninguna más hasta su muerte, diez años después de su publicación.

Pablo VI fue un transformador y un renovador que no quiso romper con la tradición y que inició la transición de la Iglesia en el tercer milenio a manos de Juan Pablo II, un Papa que siguió sus pasos de hacer patente la universalidad de la Iglesia, que acrecentó su carácter misionero y que puso de nuevo claro los puntos centrales del Evangelio. Ahora es beato y cierra el círculo de los Papas de un momento de la historia sin precedentes.

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