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El cura que celebra misa con chaleco antibalas

El padre López se ha erigido en un referente en la lucha contra la violencia de los cárteles. Le han intentado asesinar en varias ocasiones.

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México vive inmerso en la violencia. Las autoridades no consiguen frenar una escalada de violencia que ha convertido al país en uno de los menos seguros de América. Los cárteles tienen tomadas zonas enteras y a menudo la población civil sufre en sus carnes la guerra entre distintos grupos de narcotraficantes.

Y es precisamente lo que está ocurriendo ahora en el estado de Michoacan, donde se están produciendo gravísimos episodios de violencia entre el cártel de los Caballeros Templarios y los grupos de autodefensa que actúan al margen de las autoridades.

En medio están los habitantes de este estado, hastiados y asustados, ante una escalada de muerte y de ataques. Pero ellos tampoco quieren permanecer callados y precisamente un sacerdote se ha erigido en la voz de la gente que sufre lo que le ha conllevado ser el objetivo número uno de este cártel.

El padre Gregorio López tiene 46 años y ha estado al borde de la muerte en numerosas ocasiones. Ha sufrido varios ataques e intentos de asesinato y ahora es conocido en todo el mundo por ser el sacerdote que celebra misa con un chaleco antibalas.

Sólo en 2013 fueron asesinados en México hasta cuatro sacerdotes y Gregorio López podría haber engordado esta estadística tras denunciar sin descanso el mal que los cárteles provocan en su país.

La imagen con el chaleco ha dado la vuelta al mundo y ha vuelto a poner en la diana a este sacerdote que ha sufrido varios intentos de asesinato y que hace escasos días iba a ser víctima de un nuevo atentado y que fue frustrado por la Policía.

"Morir por una causa como es la libertad de mi pueblo, vale la pena", dijo el padre Greogio a El Universal. Justo antes de estas declaraciones, las fuerzas federales le detallaron que el jefe de la inteligencia militar intervino una llamada en el que se estaba fraguando un plan para matarle.

Así lo contaba él mismo: "Anoche fui a una boda y regresé a las 22:00 y me llamaron para decirme que habían captado una llamada de que me estaban esperando a la entrada de la ciudad".

El Rosario, el mejor arma

Sin embargo, pese a las amenazas no se echa para atrás. "Si lo hago es por mi gente, estamos hartos, estoy harto de predicar a la gente, al Dios de la vida, Jesucristo, pero donde apesta a muerte", aseguró. Y por ello lidera esta especie de revuelta cívica.

Esta respuesta no es otra que la de empuñar el arma que considera más eficaz. Encabezando una columna de más de 700 personas recorrió las peligrosas calles de Apatzingán rezando "el Rosario en silencio".

"Quiero hacer que la comunidad despierte, crea, confíe", aseguraba este sacerdote, que invitó a toda la ciudad a participar "con la mejor arma que tenemos, el Rosario", y "levantar la mano al unísono" denunciando "a todo delincuente".

"Basta de vivir bajo el miedo, no más robos, extorsiones y amenazas. Apatzingán no quiere 'templarios' (cártel), quiere comunidad", sentenció y por ello ha dejado de llevar el chaleco antibalas. De momento, los cárteles van retrocediendo aunque la violencia continúa, aunque con un pueblo con menos miedo y más unido.

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