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"Felipe González debería estar preocupado por los dispositivos de espionaje del castrismo”

Juan Reinaldo Sánchez desvela en su libro la lujosa vida privada del dictador cubano y los sistemáticos procedimientos de espionaje del régimen.

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A primera hora de la tarde, Juan Reinaldo Sánchez le pide permiso a la responsable de la editorial Península para salir a tomar un respiro y un cigarro en la puerta del céntrico hotel donde se somete a un maratón mediático en el que incluye a Libertad Digital. Una actividad muy distinta a la que desempeñaba en Cuba, trabajando estrechamente en la seguridad de Fidel Castro, como cuenta en su libro La Vida oculta de Fidel Castro un minucioso relato de la vida del dictador cubano que pronto podría dar el salto a la gran pantalla.

- Entre los mitos que adornan a Fidel Castro está el de que es un hombre que carece de fortuna o propiedades.

- No es verdad. Fidel tiene unas veinte casas en la isla, hablo de las que yo he conocido o visitado con él. Son de su exclusiva propiedad. En cuanto a las empresas en 1980 dio orden de crear un departamento de nombre Negocios Foráneos, que lo atendía un coronel de la Inteligencia, encargado de crear algunas pequeñas compañías para falsificar ropa de marca con material comprado en Panamá y el trabajo de presos cubanos, para venderlas como auténticas en Panamá. Incluso en Cuba se llegó a falsificar y a comercializarse en Panamá una conocida marca de güisqui. Estamos hablando de empresas fuera de la regulación cubana, que dependen directamente del Consejo de Estado y que Fidel recibía de sus directores dinero que se almacenaba en cuentas cifradas para su uso exclusivo. Aparte de otros negocios que tiene y de un coto de caza particular en Pinar del Río, la provincia más occidental de Cuba.

- Uno de los capítulos de su libro se titula "La manía de las grabaciones" y en él se habla de grabaciones de audio pero también de vídeo y no sólo en las dependencias oficiales del Gobierno cubano, sino también en determinados hoteles de La Habana y en visitas al extranjero de Fidel Castro. ¿Qué personas vivas de relevancia deberían estar preocupadas por esto?

- Desde gobernadores y senadores norteamericanos como George McGovern a presidentes que se hospedaron en residencias del Consejo de Estado, en un complejo que se llama El Laguito. Te diría que todo el que visitó Cuba a partir de 1980 hasta ahora tiene que estar preocupado.

Juan Reinaldo Sánchez. | LD / David Alonso Rincón

- Evidentemente hay dirigentes españoles que han pasado por La Habana estos últimos treinta años.

- Felipe González tiene que estar muy preocupado, porque seguro que le grabaron.

- Hace años Norberto Fuentes señaló al Nobel, ahora fallecido, Gabriel García Márquez, como una de las personas que podría haber estado comprometida.

- Estoy convencido. Dese cuenta que García Márquez se radica en Cuba porque Fidel le da una residencia de ese complejo del que le hablaba, El Laguito. En concreto la número 6. Le puso cocineros, sirvientes y chófer. Estoy convencido que por las misiones que cumplió García Márquez como emisario de Fidel ante Bill Clinton y otras personalidades era un objetivo muy señalado de la Inteligencia para grabar en su intimidad. Era muy cercano a Fidel, pasaban días juntos en Cayo Piedra. Era raro la noche que Fidel no pasaba por su casa y se pasaban horas conversando.

- Esa trama de espionaje, que evidentemente abarca la grabación de relaciones sexuales, ¿incluía también el tender trampas de ese tipo a los espiados?

- Le voy a contar algo que tampoco esta en el libro. El objetivo de las grabaciones no era sólo poder chantajear al espiado, sino también conocer sus verdaderas intenciones en su visita a Cuba y lo que pensaba, ya se tratase de un mandatario o de un empresario.

- Está el famoso caso de las conversaciones grabadas al presidente mejicano Vicente Fox y en 2009 la defenestración de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque.

- Exacto. Pero lo que quería contarle: en 1975 yo todavía no estaba en la escolta de Fidel, me estaba preparando en la escuela de especialistas de seguridad personal. Protegíamos a diversas personalidades que visitaban Cuba, como medio de entrenamiento. Y llegaron McGovern y otros senadores de EEUU. A McGovern le atendió enseguida Fidel y se quedó en La Habana, pero el resto de la delegación se trasladó a un hotel a las afueras, Marazul, que hoy se llama Trópico. Cuando llegamos dos agentes de los Servicios Secretos ya tenían dentro de la administración del hotel a gente encargada de escuchar las conversaciones telefónicas de los invitados y tenían los micrófonos preparados en las habitaciones. En el grupo de traductores había un cubana joven muy bonita, preciosa, y trataron de acercársela a uno de los senadores norteamericanos, mucho mayor que ella. Esta muchacha tenía relaciones con el jefe de armamento del Ministerio del Interior, el coronel Lucindo, que estaba casado. Por eso no se decidieron por ella finalmente. Entonces cogieron a otro muchacho, muy joven también, porque en la delegación estaba la hija de uno de los senadores que era de la misma edad. Yo fui testigo de cómo los dos agentes de la inteligencia hablaron con el muchacho y lo forzaron, porque él no se veía capaz. Se cerró la playa de noche, montaron una barbecue con langostas y otras cosas para que se dieran las condiciones propicias para el encuentro amoroso que al final se dio. Eso era algo habitual.

Juan Reinaldo Sánchez. | LD / D.A.

- Me imagino que todo ese archivo será algo que utilizarán el día de mañana los jerarcas del régimen si se produce en algún momento una apertura democrática en la isla.

- Hay un equipo del Consejo de Estado que se llama el equipo de versiones y traducciones simultáneas, es el que elabora todo lo que Fidel publica en Granma. La directora de ese equipo de llama Ilda Castro. Todo eso está a recaudo en una gran oficina secreta, incluidas las libretas secretas de Fidel.

Un 'hijo' desencantado

- A usted le pilla la revolución de 1959 con diez años. ¿Cómo llega a guardaespaldas de Fidel Castro?

- Cuando ya estuve en lo más alto de la seguridad del Estado me explicaron cómo desde el colegio se fijaron en mí, era un procedimiento habitual. Yo hacía mucho deporte y muchas artes marciales, mi familia además era muy revolucionaria. Hay un antecedente que no cuento en el libro pero que usted me ha hecho recordar ahora: una persona del Ministerio del Interior se presenta en mi casa, cuando tenía diecisiete años y la situación económica en mi familia no era muy buena, y me propone trabajar en un plan especial dirigido por Celia Sánchez, una de las más fieles a Fidel desde Sierra Maestra. Se trataba de arreglar todas las casas de los dirigentes del régimen, y estando ahí es cuando me llama el servicio secreto.

- Usted pasa de guardaespaldas de Fidel a represaliado y finalmente exiliado del régimen. ¿Cómo se produce eso?

- En 1989 yo oigo, precisamente a través de esos mecanismos de los que hemos hablado, una conversación entre Fidel y el ministro del Interior. Fidel está autorizando una estancia en Cuba para un lanchero, un narcotraficante cubano-americano. Y para eso se le daban 75.000 dólares. Se le montó un dispositivo como si ese lanchero fuese un infiltrado de la seguridad cubana en EEUU. Para que los familiares no dijesen que había estado en Cuba. Entonces yo llego a la conclusión que es Fidel Castro quien está dirigiendo el tráfico de drogas, algo que siempre había negado diciendo que era una maniobra del imperialismo. A mi se me derrumbó el pedestal en el que le tenía, porque me di cuenta de que estaba protegiendo a un narcotraficante. Pero más allá de eso: me sentí humillado, engañado, traicionado... Yo también, como el pueblo cubano, creía que era una maniobra imperialista. Después supe del tráfico de armas y luego vino el fusilamiento de Ochoa. Todo se me vino abajo. En ese momento no me podía jubilar, pero luego lo intenté, cosa que nunca había hecho un guardaespaldas de Fidel. Algunos con graves e irreparables lesiones físicas seguían ahí haciendo alguna tarea administrativa, nunca alguien volvió a la vida civil. Yo fui el primero y tuve que esperar hasta 1994. Me costó dos años de cárcel.

Juan Reinaldo Sánchez. | LD / D.A.

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