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Corea del Norte, el país enganchado a la metanfetamina

Un estudio estima que en las provincias del norte del país, entre el 40% y el 50% estaría enganchado a este tipo de droga.

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Militares norcoreanos. | Corbis

La teoría dice que en Corea del Norte, quien se arriesgue a consumir o traficar con drogas, será castigado a pena de muerte. En la práctica, la dictadura comunista es uno de los mayores productores de metanfetamina del mercado asiático, y según ha publicado la revista North Korea Review, su población está experimentado una "epidemia" en el consumo de esta droga, especialmente en las provincias del norte del país, cercanas a la frontera con China.

Los números que apunta el estudio son alarmantes. Según indica a The Wall Street Journal uno de los autores del estudio: "Al menos el 40% o el 50% de los habitantes de estas zonas están seriamente enganchados" a la metanfetamina, conocida coloquialmente como "ice" o "bingdu", asegura Kim Seok-Hyang.

Pero, ¿cómo consigue la población de Corea del Norte, que atraviesa continuas hambrunas poder costearse este tipo de consumos? Es más, ¿cómo lo hace en una economía hiperregulada, con controles casi orwellianos? La historia de Corea del Norte y las drogas va mucho más allá de la teórica prohibición bajo pena de muerte.

El negocio norcoreano de la droga

Como recuerda el Washington Post, los inicios se remontan a 1991 y la caída de la Unión Soviética, cuando la 'Península Paranoica' sufrió una hambruna tan devastadora que dejó al país al borde del colapso. Uno de los parches encontrados entonces por Pyongyang fue abrir su economía aislacionista y permitir cierto grado de comercio en el mercado negro a través de la frontera con China. Pero no sólo entraron alimentos que evitaron la hambruna en el país.

Aprovechando esa pequeña grieta, Corea del Norte comenzó a fabricar metanfetamina en laboratorios estatales en las provincias del norte, para después enviarlo a través de dicha frontera a todo el mercado asiático. El país sanaba así parte de su urgente necesidad de divisas y de productos de primera necesidad. Desde entonces, el régimen comunista ha impulsado este tipo de mercado como uno de los principales motores de su economía, e incluso ha llegado a exigir a sus diplomáticos en el exterior que traficaran con drogas.

Pyongyang gestiona esos ingresos "ilícitos" a través de una oficina llamada "Room 39", que, según ciertos cálculos podría manejar al año entre 100 y 200 millones de dólares sólo con el negocio de la metanfetamina. Y el tráfico va más allá de China: se estima que el 40% del producto incautado en Japón se fabrica en Corea del Norte. Los cálculos más conservadores apuntan a que la dictadura comunista exporta en torno a 15 toneladas de esta droga cada año, pero, como todo lo relacionado con el país, reina la opacidad y es difícil obtener cifras contrastadas.

Desde que surgiera en los años 90 como una solución a la hambruna, el negocio de la metanfetamina ha llegado hasta el ámbito doméstico. Además de crearse en fábricas estatales, los ciudadanos comenzado a fabricarla por su cuenta en pequeños laboratorios, como medio de subsistencia.

Este creciente mercado interno, unido al colapso del sistema sanitario en Corea del Norte ha provocado un aumento del consumo de metanfetamina que ha derivado en la situación actual. Y es que, mientras la medicina real escasea en el país – sin apenas estructura sanitaria- , este tipo de droga es mucho más común y accesible. Como señalaba un informe de Newsweek, en una cultura sin mucha educación sanitaria y con prevalencia de medios tradicionales, el consumo de metanfetamina ha calado profundamente. El estudio de North Korea Review recoge testimonios de desertores que logran huir del país y que en su inmensa mayoría experimentan una seria adicción al "cristal". El resultado es que, según los datos manejados por este estudio el país podría esta atravesando una auténtica epidemia de consumo de metanfetamina.

Así han podido corroborarlo las autoridades de Corea del Sur, que acogen a los más de 25.000 desertores del régimen comunista. Tal y como certificó el psiquiatra Jeon Jin-young, la mayoría de los que logran cruzan la frontera revisten los síntomas de consumo de metanfetamina, y de la abstinencia posterior.

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