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La peligrosa aventura de la monja que se infiltró tras las líneas del Estado Islámico

Sanaa Hana es la madre superiora de un convento en Irak y jugándose la vida entró en la zona controlada por EI para recuperar algo vital para ella.

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La madre superiora, protagonista de la aventura, con los niños refugiados en Erbil | Ayuda a la Iglesia Necesitada

La ciudad de Mosul, la tercera más grande de Irak con dos millones de habitantes, es un enclave estratégico que está actualmente en manos del Estado Islámico. Antes de la llegada de los yihadistas había en la ciudad algunas decenas de miles de cristianos, aunque hace años eran bastantes miles más.

Esta ciudad ha albergado el cristianismo desde casi sus inicios. Durante casi 2.000 años el signo de la cruz ha estado presente en esta zona bíblica. Hasta ahora. Los islamistas han conseguido eliminar cualquier vestigio cristiano de esta enorme ciudad. Ya no hay cristianos, el arzobispo de Mosul está exiliado en Erbil y las iglesias han desaparecido.

El Estado Islámico está utilizando las iglesias de los caldeos como prisiones donde encierra a los cientos de prisioneros que tiene en su poder. Sin embargo, otros templos han tenido aún peor suerte. Es el caso del convento de las Hermanas del Sagrado Corazón con el que los yihadistas se ensañaron especialmente.

La madre superiora de esta comunidad, Sanaa Hana, explicó a Ayuda a la Iglesia Necesitada el odio visceral del Estado Islámico a los símbolos cristianos. "ISIS hizo saltar por los aires el convento el 24 de noviembre. Primero intentaron destruir las cuatro cruces del tejado. Después destruyeron todo el edificio. No sabemos exactamente por qué", relataba esta religiosa iraquí. En esta iglesia las hermanas mantenían una pastoral muy viva e incluso mantenían un centro de acogida para ancianos en sus instalaciones. Ya no queda piedra sobre piedra.

Pero si algo ha caracterizado a estas religiosas ha sido su valentía. Han visto de cerca la muerte y su madre superiora incluso ha ido más allá protagonizando una peligrosa y arriesgada aventura infiltrándose detrás de las líneas del Estado Islámico.

Todo comenzó el pasado mes de junio cuando los islamistas cercaban la ciudad de Mosul. Las hermanas consiguieron escapar por los pelos antes de que la ciudad fuese tomada. No querían dejar la ciudad, ni el convento ni a sus vecinos. "Los disparos ya llegaban al convento, huyeron realmente en el último instante. Pero antes consumieron el Santísimo Sacramento para no dejarlo en manos de los yihadistas. Desgraciadamente tuvieron que abandonar el tabernáculo porque no cabía en el coche", recuerda la madre superiora que en esos días no se encontraba en la ciudad.

Tras salir de Mosul se instalaron en Tall Kayf, otra ciudad con una importante minoría cristiana. Pero pocas semanas después tuvieron que volver a huir ante la llegada de los islamistas del ISIS, que finalmente tomaron la ciudad. Ahora la comunidad religiosa está instalada en Erbil, la capital del Kurdistán que ha acogido en los últimos meses a miles de cristianos que huyen de los yihadistas.

La peligrosa aventura de Saana Hana

Aunque a salvo de los islamistas, la hermana Sanaa Hana tenía una misión en mente. Algo que era tan peligroso que lo normal es que hubiera caído cautiva o muerta. Como madre superiora tenía una espina clavada en su corazón. Al abandonar Mosul se fueron con lo puesto y allí se quedó el archivo de la comunidad. En ellos estaba más de un siglo de historia de la comunidad y de la iglesia iraquí. Cuando todo se acaba sólo queda la memoria. Y no quería perder la historia.

"Como madre superiora del convento consideré que era mi deber guardar el archivo", recuerda Hana, que ni corta ni perezosa decidió dejar la relativa tranquilidad de Erbil y traspasar la zona controlada por el Estado Islámico, llegar a Mosul y de ahí conseguir rescatar el archivo del convento.

Varios voluntarios no dudaron en querer ayudarla en esta peligrosa aventura pero ella no les dejó puesto que "era muy peligroso" y recordó que otras monjas habían sido secuestradas por el Estado Islámico.

Y así sin más la madre superiora puso rumbo a Mosul. Sin saber aún cómo lo hizo, esta monja consiguió pasar uno a uno todos los controles de los combatientes islámicos a la orden de la bandera del califato. Consiguió recoger varios documentos y logró volver a salvo a Erbil.

Sin embargo, no se dio por satisfecha y sabiendo que aún quedaban documentos importantes en el convento, Sanaa Hana realizó esta misma operación hasta en otras dos ocasiones saliendo completamente indemne en ambas. Su responsabilidad y santa testarudez hicieron que esta comunidad mantenga su memoria y su historia escrita.

Ahora esta monja aventurera lleva una vida más tranquila pero no por ello más fácil. La comunidad vive en el barrio cristiano de Ankawa, en Erbil. Las 20 religiosas de la comunidad intentan rehacer su vida monástica y gracias al apoyo de organizaciones católicas internacionales han creado una escuela en la que pueden ir a clase los hijos de los miles de refugiados y se mantienen realizando hostias para las misas y cosiendo ornamentos litúrgicos.

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