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Una fatua autoriza a los musulmanes sirios a "confiscar los bienes" de los cristianos

La fatua de los ulemas de Damasco ha puesto en alerta a los cristianos y al resto de minorías, temerosas de los ataques de los islamistas.

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Cristianos de Siria rezando | Cordon Press

La guerra civil que ha asolado durante los últimos dos años Siria y que ha dejado ya decenas de miles de muertos se está cebando sobre todo con las minorías más vulnerables del país. Los cristianos son una de estas minorías. Antes del inicio de la guerra representaban poco más del cinco por ciento de la población.

Sin embargo, muchos de ellos han huido y otros han muerto en un conflicto en el que tienen todas las de perder. Los rebeldes están mayoritariamente dominados por grupos islamistas mientras que el bando de Asad también defienden su particular visión del Islam.

Por ello, no es de extrañar el temor existente en las minorías cristianas. Sobre todo, tras conocer algunas de las maniobras que se están llevando en Siria. Por si no fuera poco con la guerra, los cristianos deben aguantar la persecución y discriminación de los líderes musulmanes.

Es por ejemplo lo que está ocurriendo en Damasco. Según informa la agencia Fides, hasta 36 ulemas de la capital siria han emitido una fatua (un decreto jurídico del islam) que legitima a los musulmanes sunitas a requisar y apropiarse de los bienes, casas y propiedades pertenecientes a los cristianos, drusos y alauitas y demás minorías que "no profesan la religión sunita del Profeta".

En este sentido, este mandato aconseja "boicotear y romper cualquier relación con los habitantes de Damasco que han traicionado a los revolucionarios o los han abandonado".

Además, la fatua explica que las propiedades confiscadas serán utilizadas en parte "para comprar armas", y en parte para ayudar a los huérfanos, pobres y a las familias de los que denominan mártires.

"Pedimos a nuestro pueblo que se agarre a nuestras tradiciones islámicas y que frecuente regularmente la casa de Dios con el fin de salvaguardar nuestra alma y la de la sociedad", concluye la fatua.

Tras conocer el texto, las diferentes iglesias cristianas de Damasco han mostrado su preocupación ante los posibles ataques de extremistas musulmanes. Consideran que este tipo de mensajes consiguen "acuciar la violencia confesional, que es el resquebrajamiento de la sociedad siria".

Los escalofriantes datos de la guerra

Mientras tanto, la catástrofe en Siria no para de crecer. En Aleppo, la segunda ciudad siria, el arzobispo greco-católico Jean Clement Jeanbart ha aportado cifras que permiten comprender la magnitud de lo que se está viviendo.

Ya no es únicamente la cantidad de muertos y desplazados sino que el país en sí está en la total ruina. Sólo en la ciudad de Aleppo, "en los últimos meses 1.400 fábricas y oficinas han sido saqueadas, destruidas o quemadas, mientras que en todo el país más de dos mil escuelas han sido devastadas o no pueden usarse, 37 hospitales junto con mil pequeñas clínicas y dispensarios han sufrido actos de vandalismo".

Del mismo modo, el obispo añadió que "la mayoría de los silos de grano han sido vaciados, las centrales eléctricas saboteadas, líneas de ferrocarril y carreteras bloqueadas o en estado impracticable y peligroso a causa de las bandas armadas que aterrorizan a los viajeros que se atreven a moverse y salir de la ciudad. Ante estas dificultades y desgracias hemos caído".

Por ello, monseñor Jeanbart dice que "sólo nos queda confiar en la misericordia divina, que es lo único que nos puede liberar y restaurar la paz en el país. Que la Santa Cruz del Señor ilumine a los que tienen el poder".

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