
Otras supuestas incongruencias de la realidad del 11-S sería el hecho de que las Fuerzas Aéras no interceptaran y echaran abajo los vuelos. Sin embargo, antes de los atentados no existía ningún programa previsto que previera esta eventualidad: debían ser los responsables del control aéreo los que informaran a los militares, cosa que hicieron en tres ocasiones, equivocándose en dos de ellas. La única vez que se interceptó un vuelo en el aire llevó una hora y 22 minutos al F-16 alcanzarlo. Era el avión privado del golfista Payne Stewart, y todos sus ocupantes habían muerto por una despresurización. | Roberto Robanne / National September 11 Memorial & Museum