
El stand del mundo es negro y diáfano. Sobre el suelo y en la pared un escultor ha colocado unos pedruscos de alabastro para homenajear a un tal Robert Smithson II que, a lo mejor, era cantero y de ahí lo de las piedras. A su autor, Alberto Bañuelos, no le gusta nada que le digan que el rey está en pelotas. | LD/FDV