
Napoleón entra en Berlín en 1806 seguido por sus generales que acaban de derrotar a la invencible Prusia de los Federicos en la batalla de Jena. Francia ha construido un imperio sobre las cenizas que dejaron los españoles. Desde Luis XIV manda en un mundo que habla francés. Tras la derrota de Napoleón en Waterloo, Francia no podrá competir con los ingleses e irá, de crisis en crisis, conformándose con las migajas que dejen. En 1870 el káiser Guillermo les devolvería la visita paseando por Versalles como potencia conquistadora.