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¿Dónde han ido a parar los 10.000 millones de dólares de ayuda a Centroamérica?

Centroamérica ha recibido desde los años 80 más de 10.000 millones de dólares de ayuda, pero su situación es aún peor que en esa década de guerras, con la mafia y la corrupción insertas hasta el tuétano de los Gobiernos. Este lunes en Madrid, varios expertos analizaron las causas.

BÁRBARA AYUSO
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Diecisiete personas mueren asesinadas al día en cada país centroamericano, donde la violencia campa a sus anchas y el crimen organizado controla la región. Mientras, los niveles de pobreza continúan en cotas máximas. Pero, ¿cómo es posible que 10.000 millones de dólares no hayan conseguido absolutamente nada?

En una mesa redonda organizada por la Asociación de Iberoamericanos por la Libertad este lunes en la Casa de América de Madrid,  especialistas de Guatemala, Nicaragua, Honduras y El Salvador formularon una revisión crítica de estas políticas “de ayuda” y sus efectos perniciosos sobre la región.  

El ex diputado guatemalteco Álvaro Dubón, señaló que es evidente que están "en la misma situación, o peor de hace 40 años, mucho peor que antes de que se firmase la paz" aunque haya ciertos sectores a los que sí ha llegado el desarrollo. Frente a la retórica populista, lo cierto es que en las necesidades primarias de la población los Gobiernos siguen sin dar la talla: "No consiguen garantizar ni la salud, ni la seguridad. Ambas infraestructuras no logran que la mayoría de los niños acudan a la escuela, ni que una gran parte de la población tenga acceso al sistema de salud nacional".

"Continuamos con ese cinturón de pobreza alrededor de nuestras ciudades, en el corazón mismo de las urbes y también en el área rural, producto de la forma en la que el gobierno está manejando la situación". Y es precisamente esa corrupción estatal la que desencadena y alimenta el crimen organizado, como señala el analista político Pedro Trujillo, que dirige las el Instituto de Relaciones Internacionales guatemalteco: "Las mafias y otros grupos han terminado por ocupar los espacios que ha dejado el poder político, asfixiando a las poblaciones". Además los propios políticos centroamericanos aprovechan la tesitura "siendo financiados por ese mismo crimen organizado, de forma que esta mafia termina cobrándose la factura cuando llegan al poder", señala Trujillo.

Los participantes en la mesa redonda


La ruta de los 6.000 millones de dólares destinados a Nicaragua, los 3.500 a Guatemala o los 1.500 de El Salvador se pierde en el mismo Gobierno que los recibe. "En el momento que se comenzaron a dar los recursos a través del Gobierno, se degeneró en la corrupción del dinero de esa cooperación. Posteriormente se dio a las ONG, que se contaminaron también y ahora están utilizando un procedimiento mixto: se les entrega a los Gobiernos pero se le da a una ONG para trata de aparentar, y al final es una forma de corrupción mixta que incluye dos burocracias", asegura Álvaro Dubón.

El periodista y escritor cubano Alberto Montaner señaló que, con todas las distancias "El Plan Marshall desembolsó 6.000 millones de dólares, pero para la reconstrucción de toda Europa. Y aunque un dólar no sea lo mismo ahora que entonces... Centroamérica se ha tragado 11,000 millones de dólares que ha destinado Estados Unidos sin que ocurra nada sustancial en lo que debió ser la transformación del país”. Además Montaner hace extensivo este problema a todo el continente latinoaméricano: “Solo en la década de los 60 Sudamérica se tragó, porque no hay otro verbo, los 60.000 millones de dólares de ayuda de la Alianza del desarrollo y los indicadores quedaron más o menos igual”.

Todos los expertos se negaron a aceptar que la corrupción sea algo constitutivo del ADN de Centroamérica, y señalaron que no puede señalarse otro culpable que los propios Gobiernos, como dijo Martha McCoy, ex Ministra de Salud de Nicaragua :“Los Gobiernos, en lugar de ser parte de la solución al problema de la pobreza, es el problema más grande que existe para salvar estos países”.

Tanto la clase política centroamericana, como el sistema de partidos de estas democracias, está completamente pervertido por la corrupción, el narcotráfico y las maras, que han penetrado hasta los esquemas más profundos del sistema. Así lo advierte César Indiano, escritor y dramaturgo hondureño, que ha vivido en primera persona “el calvario de sufrir a Zelaya, que solo entienden los venezolanos”. Indiano considera que se subestima el poder del político centroamericano ya que “la cantera nuestros políticos son los pobres, que ven en la política la oportunidad de desquitarse de todo, desquitarse de toda la riqueza que nunca alcanzaron, de todas las mujeres que no conquistaron...de todo aquello a lo que no tuvieron acceso cuando era miserables. Es un placer morboso de controlar a las castas superiores”.

Ante esta situación, era irremediable que el ciudadano desarrollase un profundo desencanto con los gestores políticos y el manejo que han hecho del poder. Álvaro Dubón indica como “los informes del Latinobarómetro evidencian que 3 de cada 5 ciudadanos consideran que la democracia no le ha servido, y estarían dispuestos a permitir un cierto grado de mano dura e incluso del autoritarismo si los problemas de la violencia, el desempleo y la economía les fueran resueltos”. Es decir, que no se ven reflejados en la institucionalidad del Estado, y optarían por una dictadura, siempre y cuando les saque de su miseria.

Trujillo es tajante: “El Estado vive de la violencia, por eso no acaba con ella. No hay voluntad de acabar con ella, a mayor violencia, mayor donación a la cooperación”. En su opinión, la violencia – la de las maras y cualquier otra - está promovida desde el Estado”. Si perviven las donaciones millonarias, estas deben “empezar a financiar ideas, y dejar de financiar pobres”, dijo César Indiano, aunque la tesis compartida continúa siendo que “cada país americano debe dejar de pensar que hará Estados Unidos por ellos y elaborar su futuro por sí mismos”.

Un caldo de cultivo que ha sido polo de atracción para el auge del populismo en una región, en una población hastiada, cansada y ávida de cambio real; que ahora, además, debe afronta el reto de frenar el avance de los regímenes totalitarios populistas.

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