
El mismo día de su muerte, Christian Poveda habló sin tapujos sobre la realidad de la violencia en El Salvador. Horas después de conceder esta entrevista, pandilleros de "Mara 18" lo torturaron y asesinaron salvajemente en las afueras de la capital.
Sus palabras se revelan ahora como premonitorias: "No se puede negar que en este país hay muertos tirados en la calle todos los días, y que es un espectáculo, y que la gente lleva hasta los niños a ver los muertos en la calle. Querer negar eso es una hipocresía", declaró en la entrevista que recoge el diario El Universal. El testimonio de Poveda va más allá de repetir machaconamente que El Salvador es el país más violento de América Latina, o que 15 personas mueren a diario a manos de las maras. El fotoperiodista llama la atención sobre la forma en la que la sociedad ha asumido estos crímenes como algo natural, propio de su idiosincrasia.
Poveda señaló que esa violencia, procede de "la miseria" y "de los genes de los salvadoreños", por lo que es necesario "cambiar las mentalidades de las gentes", y añadió que "El Salvador es un país muy machista donde la violencia se reproduce de madre a hijo desde que nace". Pero, lamentaba Poveda, con un poder político y unos medios de comunicación empeñados en negar este cáncer, se trata de una tarea poco menos que imposible.
Sobre la respuesta institucional también dio testimonio el analista político guatemalteco Pedro Trujillo –en la mesa redonda organizada en Madrid la pasada semana por la Asociación de Iberoamericanos por la Libertad– que confirmó que el 60 por ciento de los homicidios cometidos en El Salvador, son responsabilidad de la acción directa de las pandillas o maras. Trujillo consideró que la mera descripción de sus acciones basta para denominarlos "psicópatas, no pandillas. No hemos llegado a entenderlas. Yo ví en un correccional, como niños de 16 años matan a su profesor a palos. Tenía 35 años –relata Trujillo– pero no contentos con eso le arrancan el corazón y juegan al fútbol". Trujillo retrató la crudeza de esos jóvenes, que explicaban que escogieron a ese profesor "porque ya había vivido demasiado".
Y frente a esto, el mutismo absoluto de los medios. Christian Poveda denunció el pacto de silencio que los medios salvadoreños firmaron en 2007, llamado Medios Unidos por la Paz. "Este pacto es una gran hipocresía de los medios, es una censura directa de una realidad de este país", declaró. "Negar esta realidad cuando uno es periodista o fotoperiodista merece cambiar de profesión (...). Los que iniciaron esta censura son gente que no son periodistas, realmente son gente que trabajan para un partido político y que defienden una cierta política".
Pedro Trujillo, como ya recogió LD, explicó que son las ayudas internacionales, las que están detrás del interés los Gobiernos centroamericanos por no erradicar la violencia: "A más violencia, mayor donación". Además, extiende su crítica a otros organismos supranacionales: "Yo trabajé en Naciones Unidas y pude ver como, al final, a funcionarios que trabajan por los Derechos Humanos, y ganan 10.000 dólares al mes, se les encargan informes en los que no recogen casos reales de violaciones de los derechos humanos".
En este sentido, Trujillo añadió que "se promueve una violencia desde lo oficial" y "aquí nadie está dispuesto a acabar con esto, porque pierde su empleo". Para el analista, si los Gobiernos tuvieran voluntad de acabar con la violencia, actuarían en esta dirección, pero “valga como ejemplo que en Guatemala –donde reside Trujillo– murieron 200 conductores de autobús el año pasado. Y este año ya van por 170. Eso ya es como para que el Gobierno hubiera dicho, bueno, como matan a 300 pilotos, pensemos en hacer algo, pero no. Nada, no hay ninguna voluntad porque el Gobierno vive de la violencia".

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