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LA ÚLTIMA maniobra DEL LABORISTA

¿Y si Brown se niega a dimitir?

El premier británico aún puede jugar su última baza si finalmente Cameron vence las elecciones pero no logra la mayoría absoluta en el Westminster Hall. La normativa no obliga a Brown a dimitir, lo que le legitima para buscar apoyo en los liberal-demócratas y mantener a los laboristas en la presidencia.

Brown, Clegg y Cameron | EFE
BÁRBARA AYUSO

Los tories tienen sobrados motivos para el nerviosismo si las urnas arrojan un resultado que provoque un Hang Parliament -un parlamento sin ningún partido con mayoría clara-. De ser así, Gordon Brown aún no habría dicho su última palabra, y haría tambalear el acceso de David Cameron al 10 de Downing Street.

Y es que las convenciones constitucionales británicas, que establecen las normas para las transiciones de poder complican aún más, si cabe, el escenario post-electoral británico. Esta normativa no obliga a Gordon Brown a dimitir si es derrotado, y solo podría forzarse su salida a través de una moción de censura por vía parlamentaria.

Hace semanas que los sondeos anticipan un histórico y enrevesado panorama, por lo que el pasado 6 de abril el alto funcionario del país, sir Gus O'Donell, se vio en la obligación de publicar directrices oficiales, en aclaración de la normativa vigente. Después de la consulta con varios expertos constitucionales, el dictamen fue el siguiente:

"Cuando unas elecciones no ofrecen una clara mayoría de un partido, el Gobierno titular se mantiene en el cargo a menos, y hasta que el primer ministro ofrece su dimisión y la de su gobierno al monarca. Un gobierno titular tiene derecho a esperar que se reúna el parlamento para ver si puede conseguir la confiezana de la Cámara de los Comunes o dimitr si está claro que no es probable que pueda conseguir esa confianza".

Por lo tanto, Gordon Brown contaría con el respaldo legal para mantenerse en Downing Street, si considera que puede alcanzar un pacto con los liberales de Clegg. Incluso aunque los laboristas sean la fuerza menos votada en los comicios, contarían con el privilegio de ser los primeros en comenzar la ronda de negociaciones, que puede prolongar hasta una semana, hasta el 12 de Mayo. Además,  Brown no debe presentar su programa de Gobierno -el discurso de la reina- hasta la semana siguiente. Es decir, quince días más de incertidumbre, a unas elecciones teñidas por el suspense.

A diferencia de otras circunstancias de estos comicios, esta situación sí tiene precedente en la historia electoral británica. Fue en 1974, en los que la ciudadanía no dio la mayoría a ningún partido. El primer ministro Edward Heath no dimitió e intentó negociar con los liberales y los unionistas de Irlanda del Norte. Pero no tuvo éxito, porque se negó a reformar el sistema electoral que le demandaban. Finalmente, el laborista Harold Wilson fue designado primer ministro.

¿Pactaría Clegg con Brown?

Con todo, la arriesgada maniobra de Brown depende enteramente de la fiabiliad de palabra de Nick Clegg. Al laborista le convendría que el liberal no fuera un hombre de palabra, y cumplir con una ajustada aricmética electoral.

De entrada, Brown necesitaría superar en votos a los liberal demócratas, y quedar en segundo lugar tras el recuento. Y esta exigencia se debe enteramente a la advertencia que le hizo Clegg, afirmando que si los laboristas perdían los comicios, quedando terceros en las elecciones, no pactaría con ellos. Eso, si Clegg mantiene su palabra.

Pero las exigencias de la fulgurante estrella política han ido más allá, poniendo más obstáculos en el camino de un sofocado Gordon Brown. El líder de los liberal- demócratas consideró que dado el mismo escenario – en el que los laboristas pierden las elecciones- David Cameron debería ser el primero en comenzar con las rondas de negociaciones. ¿Inconveniente?. Eso obligaría a Brown a dimitir.

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