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A esta ceremonia, que fue presentada por el periodista Carlos Herrera, acudieron los principales dirigentes del PP vasco, quienes acompañaron al ex presidente y a su esposa, Ana Botella, y otros destacados cargos populares como Gabriel Elorriaga o el eurodiputado Jaime Mayor Oreja. Antes de la entrega del premio, Carlos Herrera leyó una carta remitida por el presidente del PP, Mariano Rajoy, en la que felicitaba a Aznar por el galardón y reafirmaba su compromiso por luchar por la "derrota" de ETA con lealtad al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.
En el discurso que pronunció Aznar al recibir el galardón, el ex presidente sostuvo que "nunca jamás se debe unir el final del terrorismo con una negociación política bajo ningún nombre" y proclamó que a los terroristas se les debe dejar claro que "no verán otra mesa que aquella en la que depositen sus armas".
El ex presidente subrayó la importancia del pacto antiterrorista que contenía, dijo, la defensa de la Transición, del pacto constitucional y de los Estatutos, tras lo que consideró que si estos principios "se entierran" con ellos quedará enterrada "la esperanza".
Aznar se preguntó para qué quiere el Gobierno buscar un consenso alternativo al pacto antiterrorista en el que pretende "entenderse con los que pactaron con ETA en Estella para echarles de la vida pública del País Vasco", en alusión a los nacionalistas vascos, de quienes dijo que "deslegitiman el Estado" y "dicen querer la paz pero alimentan su poder y su libertad excluyente con la falta de libertad de sus conciudadanos".
"Lo peor es que el objetivo de ese 'pacto de mínimos' ya no será la derrota de ETA, sino cómo se mantiene, a prueba de bombas, un proceso que reafirmará a la banda en la idea de que matar y negociar son ingredientes que entran en la misma receta", sostuvo Aznar, quien agregó que "es sólo cuestión de dosis y de tiempo que lo que hoy es un crimen pase a ser considerado como un mero accidente".
Por el contrario, confió en "el Estado de Derecho, en la movilización de la sociedad" para "evitar que el aventurerismo arrastre al conjunto de las instituciones del Estado hacia una crisis generalizada en los instrumentos básicos del Estado de Derecho y de la organización territorial".
Tras insistir en que ETA "puede y debe ser derrotada", Aznar defendió que "es preciso quitarle" a la organización terrorista "la llave de la solución dialogada", tras lo que pidió al Gobierno que "no reivindique sus errores como derecho" porque "hay errores que cuando se insiste en cometerlos son inexcusables y son además la expresión del miedo y la cobardía".
A Aznar le precedió en el uso de la palabra la viuda de Ordóñez, Ana Iribar, quien se mostró muy crítica con la política del Gobierno socialista, al que acusó de generar "incertidumbre" y "división" al haber roto "pactos fundamentales".
También intervino María San Gil, quien alabó las figuras de Ordóñez y de Aznar y destacó que el ex presidente tuvo el mérito de "acabar con el mito de la imbatibilidad de ETA".
Por su parte, Trinidad Jiménez Becerril hizo un emocionado discurso en el que defendió que los vascos, una sociedad que consideró "enferma", no tienen derecho a decidir su futuro al margen del resto de los españoles, algo que ella aprendió cuando ETA asesinó en Sevilla a su hermano y a su cuñada, dejando huérfanos a tres niños de 4, 7 y 8 años.
Dos horas antes del comienzo de este acto, José María Aznar acudió al cementerio de San Sebastián para participar en una ofrenda floral que se celebró en la tumba del teniente de alcalde de la ciudad asesinado hace 12 años.
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