Moratinos y Taieb Fassi-Fihri, en imagen actual.
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LOS ENIGMAS DEL 11-M. CAPÍTULO 40

El viceministro de Exteriores de Marruecos se reunió en secreto con Moratinos una semana después del 11-M

Con el Gobierno presidido por José María Aznar todavía en funciones y la investigación policial sobre la masacre de marzo apenas arrancando, se produjo en Madrid una reunión entre el número dos del ministro de Exteriores marroquí y el que, un mes después, se convertiría en ministro de Exteriores en España. Ni nuestra Embajada en Rabat ni el Gobierno –todavía en manos del PP– tuvo conocimiento alguno de ello. Fue un encuentro secreto. Días después se produjo la explosión de Leganés, asunto que ni el sumario ni la sentencia han conseguido aclarar. Sin embargo, indagando en los movimientos diplomáticos de aquellos días aparecen nuevos interrogantes.


Noticia publicada el 12-12-2007

L D (Luis del Pino) El sumario del 11-M está plagado de intoxicaciones, pero quizá sea el episodio de Leganés el que ostenta el récord de intentos de intoxicación. Así, por ejemplo, a la hora de explicar cómo se localizó aquel piso, el sumario recoge varias versiones policiales distintas. Una de ellas afirmaba que el piso se localizó debido a que fuerzas policiales entablaron un tiroteo en Zarzaquemada con un vehículo conducido por unos árabes, que terminaron refugiándose en el piso de la C/ Carmen Martín Gaite. Esa historia del tiroteo entraba en contradicción con otros informes en los que se aseveraba que el piso de Leganés se localizó siguiendo el rastro de las tarjetas telefónicas usadas por los miembros de la trama del 11-M.
 
El juez Del Olmo intentó indagar de dónde había salido la información del tiroteo en Zarzaquemada y la contestación que recibió fue que se había dado cuenta de ese tiroteo a través del 091. Pero, cuando Del Olmo pidió las cintas donde quedan grabadas las comunicaciones del número de emergencias de la Policía, lo que le dijeron es que esas cintas ya habían sido borradas.
 
La Fiscalía llegó a incluir en su escrito de acusación esa versión falsa de cómo se había localizado el piso, pero finalmente tuvo que dejar caer la historia después de escuchar los testimonios de los mandos policiales en la sala del juicio. Por ejemplo, el del comisario Gómez-Menor, que corroboró que a Leganés se había llegado por el rastro de las tarjetas telefónicas, no por ningún tiroteo.
 
Sin embargo, la eliminación de esa historia del tiroteo de Zarzaquemada hubiera debido tener consecuencias, y no las ha tenido. Si la historia era falsa, ¿por qué se incluyó en el sumario? ¿Quién inventó esa historia y con qué objeto? Está claro que alguien se inventó una falsa explicación para tratar de justificar cómo se había llegado al piso de Leganés, así que lo normal hubiera sido indagar quién creó esa intoxicación y cuál era su propósito al hacerlo, pero el tribunal del 11-M ha optado por mirar hacia otro lado, no sea que lo que encontremos no nos guste. Porque lo que está claro es que ese tipo de intoxicaciones no han podido ser creadas ni por ETA, ni por Al Qaeda, sino por personas vinculadas a los aparatos del Estado. Y está claro también que no hubiera habido necesidad ninguna de inventar intoxicaciones si el episodio de Leganés hubiera sido tal como nos lo han contado.
 
Las llamadas imposibles
 
Ya hemos señalado en artículos anteriores que una de las mejores corroboraciones de que en Leganés no hubo ningún suicida es el enorme esfuerzo que se puso en inventar datos falsos que permitieran "demostrar" a la opinión pública el carácter suicida de los supuestos habitantes del piso.
 
Hemos mencionado en otros artículos, por ejemplo, la falsa carta de despedida de Abdenabi Kounjaa, tan chapuceramente realizada que al "lumbreras" que la colocó no se le ocurrió otra cosa que incluir la firma en caracteres latinos de Kounjaa en un manuscrito árabe. ¿Para qué iba un árabe a firmar en caracteres latinos un manuscrito en árabe dirigido a su familia en Marruecos?
 
Hemos mencionado también los faxes amenazantes presuntamente enviados por los "suicidas" de Leganés en la tarde del 3 de abril al periódico ABC y a Telemadrid. Esos faxes, manuscritos por El Tunecino, fueron enviados, como el propio sumario demuestra y como la sentencia del 11-M recoge, desde Madrid, a muchos kilómetros de ese piso de Leganés que en aquellos momentos estaba rodeado por la Policía. ¿Quién envió esos faxes en nombre de esos "suicidas" que habitaban el piso?
 
También denunciamos hace ya tiempo que al menos una parte de las supuestas llamadas de despedida presuntamente realizadas por los "suicidas" habían sido hechas desde fuera del piso. La sentencia del 11-M ha venido, de nuevo, a corroborar este aspecto de nuestras investigaciones, al reconocer que varias de esas llamadas se hicieron desde un teléfono que no fue encontrado en el desescombro del piso de Leganés y que siguió funcionando después de la explosión. ¿Quién estuvo haciendo falsas llamadas de despedida desde fuera del piso, en nombre de esos presuntos "suicidas"?
 
Desgraciadamente, a pesar de que la sentencia constata como hecho probado que una parte de las "llamadas de despedida" tuvo que hacerse desde fuera del piso, tampoco se extraen las consecuencias jurídicas obligadas: si alguien efectuó falsas llamadas de despedida en nombre de los "suicidas", será necesario investigar quién fue. Como también será necesario extraer la única conclusión lógica posible: en aquel piso no había ningún suicida; si lo hubiera habido, nadie habría tenido la necesidad de efectuar falsas llamadas en su nombre.
 
La embajada
 
Pero las intoxicaciones referidas a Leganés no acaban aquí. De hecho, uno de los episodios más flagrantes de intoxicación se refiere también, aunque desde otro punto de vista, a esas falsas llamadas de despedida efectuadas en la tarde del 3 de abril.
 
En enero de 2005, el periódico El Mundo se hacía eco, en una crónica de su corresponsal en Marruecos, Ali Lmrabet, de una escena que presuntamente tuvo lugar en la Embajada española en Rabat aquella misma tarde del 3 de abril de 2004. Según la crónica de Ali Lmrabet, las llamadas telefónicas efectuadas a Marruecos por los presuntos suicidas fueron interceptadas por personal de los servicios secretos españoles. El CNI, a través de la Embajada en Marruecos, pidió ayuda a las autoridades marroquíes, que enviaron a varios funcionarios de sus propios servicios secretos a la Embajada española. Allí, en un despacho de la Embajada, esos funcionarios marroquíes, junto con sus colegas españoles, se dedicaron a grabar y traducir en tiempo real las conversaciones que los suicidas estaban manteniendo con sus familias.
 
La revista marroquí Le Journal Hebdomadaire relata esa escena en uno de sus artículos con algo más de detalle. Según este medio de comunicación marroquí, los terroristas rodeados en el piso de Leganés aquel sábado 3 de abril utilizaron sus móviles para despedirse de sus familias; cuatro de ellos hablaban el dialecto marroquí. La policía española interceptó las conversaciones, pero necesitaban que alguien tradujera lo que iban diciendo. Siempre según ese artículo, a las tres de la tarde la policía española pidió ayuda a las fuerzas de seguridad marroquíes. Habían dispuesto un sistema que permitía transmitir las conversaciones telefónicas en tiempo real hasta la sede del Ministerio de Interior marroquí, en el bosque de Temara. A su vez, los marroquíes interceptaron los teléfonos del norte de Marruecos que recibían las llamadas procedentes de Leganés.
 
El comisario Enrique de Federico, agregado del Ministerio de Interior de la Embajada española en Rabat, se hacía traducir las conversaciones por los agentes marroquíes y las retransmitía en Madrid. Los marroquíes, al escuchar las conversaciones, quedaron convencidos de que sus compatriotas encerrados en Leganés estaban dispuestos a todo. "Parece que no van a tardar en suicidarse", le dijeron a Enrique de Federico. Entonces, Jamal Ahmidan, alias el Chino, le dijo a su madre: "En nueve minutos iré a encontrarme con Dios". Y repetía que ése era su destino, mientras que su madre lloraba en Tetuán, desesperada. La hermana de Jamal Ahmidan intentó disuadirlo, pero éste le respondió: "No puedo echarme atrás". Poco después de las 9 de la noche, Leganés fue sacudido por una terrible explosión que causó la muerte de un miembro del GEO, Francisco Javier Torronteras, y de siete terroristas, entre ellos cinco marroquíes.
 
Una interesante historia
 
La historia resulta muy interesante. Y lo sería más si no fuera falsa. Basta con analizar lo que se nos cuenta en ella para ver que hay muchos aspectos completamente absurdos.
 
En primer lugar, si la Policía española había interceptado los teléfonos, entonces forzosamente tenía que conocer los números españoles desde los que se estaban efectuando las llamadas. ¿Para qué iba a necesitar entonces efectuar la intercepción y grabación de las conversaciones en la Embajada de Rabat? Podían perfectamente hacer esa tarea en España, sin más que efectuar una llamada a las operadoras telefónicas correspondientes. O sin más que decirle al CNI que se encargara de la tarea.
 
En segundo lugar, la Policía y los servicios secretos españoles disponen de traductores de árabe. No había ninguna necesidad de recurrir a las autoridades marroquíes para que tradujeran las conversaciones en tiempo real. ¿O es que nos van a decir que para traducir los documentos o conversaciones en árabe recopilados en Marruecos por nuestros servicios secretos le piden ayuda a los propios marroquíes? Si no estuviéramos hablando de algo tan trágico, daría para un capítulo de Mortadelo y Filemón: sería algo así como si los servicios de inteligencia rusos tuvieran que pedir ayuda al FBI para traducir los documentos secretos que se agenciaran en Estados Unidos.
 
En tercer lugar, ¿cómo es posible que la Policía española pidiera ayuda a la marroquí a las 3 de la tarde, según dice el artículo de Le Journal, para traducir unas conversaciones que no tuvieron lugar hasta cuatro horas después?
 
Pero la demostración más palpable de que se trata de otra intoxicación es el hecho de que ese episodio no ha dejado la más mínima huella en el sumario del 11-M.
 
Si se grabaron las conversaciones a los terroristas cuando se estaban despidiendo de sus familias, ¿dónde están esas conversaciones? ¿Por qué no se han incorporado al sumario? ¿Por qué no hay ni siquiera una mísera transcripción? ¿Por qué el sumario del 11-M no incorpora esa supuesta conversación entre Jamal Ahmidan, su madre y su hermana, de la que el artículo de la revista marroquí incluye supuestas frases textuales entrecomilladas? ¿Por qué no hay en todo el sumario del 11-M la más mínima mención a ese episodio de la Embajada española en Rabat? ¿Por qué no consta el nombre de quienes solicitaron la ayuda de las autoridades marroquíes? ¿Por qué no consta el nombre de los funcionarios españoles o marroquíes que participaran en el operativo? ¿Por qué no consta qué números telefónicos se intervinieron y a qué números marroquíes llamaron? ¿Por qué nadie ha llamado a declarar al comisario Enrique de Federico durante la instrucción de la causa, ni en el juicio?
 
Está claro, puesto que la propia Policía no ha incluido nunca la más mínima mención a ella en sus informes, que esa escena de la Embajada de Rabat no puede ser sino inventada.
 
El comisario
 
Pero lo más inquietante de este episodio es que esa intoxicación no es una invención tardía, no es una elaboración efectuada meses después del atentado. Porque lo cierto es que la historia de la intercepción de las llamadas de los presuntos suicidas en la Embajada española de Rabat empezó a circular el propio día de la explosión de Leganés.
 
Aquel día, en efecto, el comisario Enrique de Federico le informó el embajador español, Fernando Arias-Salgado, mientras la Policía rodeaba el piso de la C/ Carmen Martín Gaite, de que habían interceptado esas llamadas y le dijo, incluso, que dos funcionarios marroquíes habían acudido a la Embajada para ayudar en la traducción. El periódico El Mundo y la revista marroquí Le Journal no estaban, por tanto, sino haciéndose eco de una historia que ya había sido puesta en circulación el propio 3 de abril.
 
¿Existió realmente esa intercepción de las llamadas y existieron esos funcionarios marroquíes que acudieron a la Embajada? El embajador español no llegó a ver nunca esos funcionarios, de cuya existencia tiene tan sólo la referencia que le dio el comisario Enrique de Federico. En cuanto a lo de que las llamadas se interceptaran en la Embajada, ya hemos puesto de manifiesto que no tiene ningún sentido.
 
Cabe deducir, por tanto, que la escena entera es falsa, igual que era falso el tiroteo de Zarzaquemada. Como también cabe deducir que ambas escenas, la de Zarzaquemada y la de la Embajada de Rabat, tenían el mismo objetivo: intoxicar, en lo referente al episodio de Leganés, a ese gobierno en funciones del PP que, noqueado como estaba después del atentado, se encaminaba ya hacia el traspaso de poderes.
 
¿Quién decidió, dentro de la estructura de mando policial, poner en marcha esas intoxicaciones dirigidas al que todavía era el Gobierno legítimo de la Nación? Porque resulta difícil de creer que la decisión de inventar esas intoxicaciones se tomara por parte de responsables de segunda o tercera fila.
 
¿Qué papel jugó el comisario Enrique de Federico en la creación de esa intoxicación referida a las conversaciones presuntamente intervenidas en la Embajada? ¿Participó conscientemente en la creación de esa historia, o alguien le condujo también a él a una trampa? Desde luego, el que era agregado del Ministerio de Interior en Rabat disponía de buenos canales de comunicación con sus colegas en Madrid, porque una hora antes de que la SER comenzara a difundir el bulo de los terroristas suicidas en la noche del 11-M, Enrique de Federico ya le había avanzado el embajador español en Marruecos que habían aparecido suicidas en los trenes, dato que luego se demostró que era falso. Seguramente, le debió de informar alguna de las "tres fuentes de la lucha antiterrorista" que la Ser invocaba para refrendar su "información" de los suicidas.
 
El extraño viaje
 
El de las llamadas falsamente interceptadas el día de la explosión del piso de Leganés no es el único episodio extraño vivido en aquella Embajada española en torno al 11-M.
 
Una semana después del atentado del 11-M, y dos semanas antes de la explosión de Leganés, el embajador español en Rabat recibía una llamada desde una de las bases aéreas cercanas a Madrid, en la que le comunicaban que Taieb Fassi-Fihri, adjunto al Ministro de Exteriores marroquí, acababa de salir desde Madrid hacia Marruecos en un avión de las Fuerzas Aéreas marroquíes que había ido a recogerle.
 
El embajador español se quedó estupefacto. El segundo del Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí había acudido a Madrid a entrevistarse en secreto con Moratinos, sin conocimiento del Gobierno del PP, ni tampoco de la Embajada española en Rabat. ¿Por qué Moratinos mantuvo una reunión secreta con las autoridades marroquíes tan sólo una semana después de los atentados del 11-M, sin informar al Gobierno de Aznar, que todavía estaba en funciones? ¿Qué tenía Moratinos que tratar o negociar con tanta urgencia que no pudiera esperar a la toma de posesión del nuevo Gobierno, prevista para escasas semanas después? ¿Quién más participó en aquella reunión?
 
Y, sobre todo, ¿qué otras conversaciones se mantuvieron desde el Partido Socialista con las autoridades de Marruecos entre la fecha del atentado y el día de la explosión del piso de Leganés? ¿Se trató en algún momento con las autoridades marroquíes, sin conocimiento del Gobierno del PP, del asunto de la marcha de las investigaciones del 11-M?
 
Porque hay que recordar que, en torno a aquellos días, la versión oficial del 11-M estaba aún gestándose, y que no terminaría de adoptar su forma definitiva hasta bastante más adelante, después de aquella explosión de Leganés de la cual se intentó, por todos los medios, vender al PP una falsa versión.
 

Foto de la noticia: Moratinos como ministro de Exteriores junto a Taieb Fassi-Fihri, en un encuentro reciente( MAE)



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