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Noticia publicada el 25-07-2008
Tres días después de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminara que no hubo un juicio independiente e imparcial en el caso Sogecable y mientras algunos medios mantienen su pataleta, Javier Gómez de Liaño escribe este viernes en El Mundo un artículo titulado "Adiós a una década dolorosa", que él mismo califica como "una especie de epílogo" de "palabra mesurada". En su texto recuerda que en el tribunal que le juzgó "había dos magistrados con pésimos pensamientos que tenían tomado el rumbo". Para el juez, "más que en un banquillo estuve en un patíbulo".
(Libertad Digital) Pese a haber dado ya sus impresiones ante la histórica sentencia del tribunal europeo, Javier Gómez de Liaño ha querido resumir todos sus sentimientos y pensamientos en un artículo titulado "Adiós a una década dolorosa" y que publica este viernes el diario El Mundo.
Según el juez, "hasta ahora nada ni nadie ha logrado quitármelo de la cabeza, es que en el tribunal que me juzgó había dos magistrados con pésimos pensamientos que, desde que comenzó el sumario, tenían tomado el rumbo". Sobre el proceso que se le siguió entonces apunta que "un juicio es siempre una caja de sorpresas y algo que atemoriza al acusado por lo que tiene de misterio, aunque, en mi caso, lo más parecido era un ataúd con el muerto dentro como toda novedad. Más que en un banquillo estuve en un patíbulo".
Dice claramente que "el proceso que sufrí no aspiraba a ser más –ni menos, ciertamente– que la crónica de una cabronada judicial –con perdón– vivida paso a paso, sin caridad, como la injusticia misma suele discurrir". "Estaba seguro de que, con ellos en el tribunal, no iba a un juicio sino más bien a una ejecución. Los dados llevaban rodando hacía meses y estaban trucados", afirma.
Sus palabras sobre la Justicia son claras en este texto: "En este trance para mí tan trascendental quisiera comenzar confesando en voz alta mi amor a la Justicia sobre todas las cosas (…) Quiero a la Justicia como a veces se quiere a una mujer, con frenesí, y no descarto que este apasionado amor quizá me entumezca el sentimiento, pues, en palabras del Quijote, donde hay mucho amor no suele haber demasiada desenvoltura".
Pese a todo lo ocurrido y a los continuos ataques recibidos, el juez subraya que "también declaro que destierro cualquier tipo de rencor. A lo mejor esto me viene de que de niño me enseñaron que hay cosas que engordan pero no alimentan. Sé que los hay con ganas aún de llenar más páginas de ofensas, figuraciones y hasta de amenazas". Y hasta se dirige a ellos: "en todo caso, gracias igualmente por haberme azuzado, hostigado y despreciado; todo nutre y lo que no mata, tonifica".
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