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La escandalosa historia del chivatazo a ETA

El caso del soplo a ETA volvió a las portadas esta semana para intentar acallarlo definitivamente: la Fiscalía pidió el archivo de una causa que, en manos de Garzón, ha permanecido dormida durante años. El escándalo, pese a algunos, vuelve a estar de actualidad.

MERCEDES R. MARTÍN
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El ya conocido como chivatazo a ETA saltó a la luz en 2006, en el marco de una operación contra la trama de extorsión de la banda, realizada mientras continuaban las negociaciones entre el Gobierno y los terroristas. Tras el arresto de Joseba Elosua, el supuesto cabecilla de la trama y propietario del bar Faisán en Irún, trascendió que una primera operación, prevista para unas semanas antes, fracasó por un soplo que habría venido de la propia Policía.

El 4 de mayo de 2006, Elosua fue alertado de la inminente operación contra él y otros miembros de la trama a través de un teléfono móvil que le facilitó una persona que se le acercó cuando salía de su casa. El soplo se conoció porque Elosua tenía su teléfono pinchado y en una de sus conversaciones, le habló de lo ocurrido a su cuñado. Según las conversaciones transcritas por el diario El Mundo, el “madero” que, según palabras de Elosúa, le llamó, le instó a no decir quién le había llamado y relacionó el aviso con la negociación abierta con ETA: “Oye, no vas a decir que te he llamado yo, ¿eh?'. Para no fastidiar todo el 'proceso'”.

La grabación, que evidenciaba que el arrestado había recibido un chivatazo, fue investigada por el juez Fernando Grande Marlaska en una pieza separada de la que dirigía él mismo contra la trama de extorsión de la banda. El juez procuró que el caso fuera investigado por miembros de la Policía y de la Guardia Civil, asignando a dos equipos de la Benemérita a la investigación. Entre sus decisiones, destacó la de apartar de la investigación a Telesforo Rubio, entonces comisario general de Información. En su momento, trascendieron fuertes desavenencias entre ellos que, según se desveló, se debieron a que Rubio tardó tres días en informar al juez del soplo a la banda terrorista.

Las pesquisas sufrieron un vuelco radical con el regreso de Baltasar Garzón a España tras periplo americano: Marlaska se había hecho cargo en esos meses de los casos asignados al juzgado de instrucción número 5 de la Audiencia y el regreso de su titular supuso un cambio radical en la forma de llevar la investigación del chivatazo. La estrategia del juez se basó, fundamentalmente, en no hacer nada que acelerara el sclarecimiento del caso. A diferencia de su actuación al frente de otros casos importantes, Garzón optó en este asunto por la discreción más absoluta y la ausencia de actuaciones relevantes. Hubo, sin embargo, una importante excepción.

El cuatro de octubre de 2006, el magistrado dictó un auto en el que desestimaba cualquier indicio de culpabilidad en tres personas vinculadas en informaciones periodísticas con el chivatazo. Se trataba de Telesforo Rubio, Fernando Mariscal, jefe de seguridad del PSOE, y Manuel Risco, comisario jefe de San Sebastián. La investigación de las llamadas recibidas en la zona del bar Faisán de Irún el 4 de mayo apuntaban a una efectuada desde la sede del PSOE en Ferraz y que habría realizado el propio Mariscal, según se informó. Este después se justificó diciendo que había telefoneado a Risco para felicitarle por su cumpleaños. El sindicato Manos Limpias interpuso una querella que quedó definitivamente desestimada tras el auto exculpatorio de Garzón. Pero esta no fue la única actuación polémica del juez en este tiempo: cuando la AVT pidió personarse en la causa, como hace en prácticamente cualquier caso relacionado con el terrorismo, el juez le pidió 4.000 euros de fianza.

El escándalo cayó en el olvido excepto para unos pocos medios y ni siquiera se debatía en el ámbito político tras el fin de la negociación con ETA y la nueva relación PP-PSOE en este asunto. Esta semana, sin embargo, se ha vuelto a hablar, y mucho, de un caso que sigue lejos de resolverse y en el que parece que el principal interés es acallarlo. El lunes, la Fiscalía pedía el archivo de la causa pero surgían nuevas informaciones relativas al escándalo derivadas de las investigaciones, como los intentos de la Policía por torpedear la investigación de la Guardia Civil o la reveladora frase “No te preocupes, Baltasar es amigo”, que le dijo el comisario García Castaño a uno de los imputados. ¿Llegará algún día a saberse la verdad?

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