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EL G-20 ASPIRA A DISEÑAR, AL MENOS, UNA HOJA DE RUTA

Las expectativas de la Cumbre

Con una cena a la que logró asistir Zapatero gracias a la silla de Sarkozy y un cheque en blanco, arrancó la Cumbre de Washington. Bush defendió al capitalismo como la vía para salir de la crisis. Las posiciones de los países participantes, sin embargo, auguran dificultades para formular soluciones.

L D (Agencias) Estados Unidos y Europa llegan a esta primera Cumbre de los Mercados Financieros dispuestos a sentar las bases que guíen las futuras reformas financieras y frenar futuras turbulencias, pero con distintas sugerencias para conseguirlo.

Tras el megarrescate aprobado en el Congreso, el Gobierno de George W. Bush quiere preservar el espíritu de libre mercado y aboga por evitar una excesiva intervención del Estado.

La Unión Europea, por el contrario, busca que de estas reuniones salga un compromiso para que los distintos gobiernos ejerzan un mayor control sobre sus sistemas financieros, la única manera posible de evitar los excesos que han llevado al actual desastre económico. En lo que sí están de acuerdo es en incrementar el gasto público para salir de la crisis.

Del encuentro, pese a las expectativas generadas, no se espera que salgan unas reglas nuevas para los mercados financieros, sino las bases para formularlas en reuniones sucesivas.

Todos coinciden en que habrá que esperar a la próxima cumbre, que se celebrará a finales de febrero o principios de marzo, cuando el presidente electo de EEUU, el demócrata Barack Obama, haya tomado ya posesión del cargo.

Sí llegará, al menos, un mensaje común de optimismo ante el deterioro económico y hablarán de medidas a corto plazo para atajar la crisis de la economía real, después de que se haya confirmado que las principales potencias han entrado en recesión o están a punto de hacerlo. El Reino Unido, Alemania y China han anunciado ya medidas de estímulo fiscal.

Una de las propuestas que ha calado entre los Gobiernos del G-20 es la de crear una red de agencias de supervisión, que puedan controlar a los gigantes bancarios que actúan en todos los puntos del planeta.

El Gobierno de Bush apoya esta propuesta, que fue formulada por el Gobierno británico. Es un proyecto mucho más modesto que el establecimiento de una agencia única de regulación internacional adelantada por Francia y a la que se oponía Estados Unidos. El primer ministro de Canadá, Stephen Harper, también mostró sus discrepancias ante la propuesta francesa, al afirmar ayer que no era ni "realista ni factible".

Uno de los resultados tangibles de la cumbre probablemente será un aumento de las contribuciones al Fondo Monetario Internacional (FMI), para que cuente con una mayor capacidad de maniobra para apagar los fuegos iniciales de la crisis. El primer ministro japonés, Taro Aso, ofrecerá 100.000 millones de dólares a la entidad, iniciativa que podría ser seguida por China y algunos de los países exportadores de petróleo.

El organismo cuenta con 200.000 millones de dólares y puede obtener fácilmente otros 50.000 millones, pero si un país grande como Polonia o Turquía se viera en problemas, sus reservas se evaporarían.

El presidente estadounidense también adelantó esta semana que otro de los resultados de la cumbre podría ser el compromiso para elaborar unas normas estándar de contabilidad financiera y crear reglas comunes para los productos derivados financieros más sofisticados.

Salgan o no adelante estas propuestas, en lo que sí coinciden todos los mandatarios de los países del G-20, que agrupan al 85 por ciento de la economía mundial, es en la necesidad de volverse a reunir en el futuro.



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