LIBERTAD DIGITAL
El político ya retirado parece que está pensando en compaginar su casi frenética actividad periodística (recordemos
sus artículos sobre la propiedad intelectual) con una nueva faceta de historiador que inicia con algunas revelaciones sorprendentes e inesperadas:
“La guerra la ganó Franco. No hay duda”.
Dicho descubrimiento forma parte de
un extenso (extensísimo, cabría decir) artículo que publica este lunes en El País que con el pomposo título:
“Víctimas vencidas y víctimas vencedoras” pretende ser una reflexión desde una izquierda moderada y dialogante sobre la Guerra Civil, las víctimas del Franquismo, la Transición y, en suma, la memoria histórica.
Pretende pero no parece lograr del todo, pues en algunos párrafos se desliza entre líneas el sectarismo, sólo ligeramente camuflado: “No es guerracivilismo estudiar los
excesos de los vencedores, pero tampoco ha de serlo entrar en la averiguación de las
torpezas republicanas”. “Excesos” versus “torpezas”, casi lo mismo, como pueden ver.
Del mismo modo, el ataque a la Transición encuentra también su hueco en algunos párrafos, emboscado en una reflexión sobre “algunas cosas” que se hicieron mal en aquel momento histórico: “La correlación de fuerzas era desigual. De una parte,
todo el aparato del franquismo, intacto, poderoso y retador, y, de otra, una izquierda débil, radicalizada y temerosa de no saber encontrar el hueco apropiado para que España se adentrara por la senda democrática y constitucional”.
¿No piden venganza?
A tenor de
lo que se ve en las últimas algaras callejeras, el empeño de
Rodríguez Ibarra de estudiar el presente parece dificultado por un velo de confusión, al menos, tan tupido como el que se diría que cubre ciertos acontecimientos históricos, o eso se diría al leer frases como esta: “Los hijos o nietos de aquellas víctimas
no quieren ya sacar los colores a nadie, ni buscar afrentas, ni pedir venganza”.
O párrafos como este: “La memoria histórica
no es un instrumento para afilar el arma arrojadiza,
sino una idea noble para devolver al presente nombres y circunstancias, a fin de que también moren en los vivos esas páginas reencontradas con toda la dignidad posible”.
Pero es al final del artículo cuando vemos la verdadera intención que late tras tan almibarados párrafos y, probablemente, tras todo lo referente a la memoria histórica y la agreste defensa de Garzón que está realizando la mayor parte de la izquierda española, un párrafo en el que
Rodríguez Ibarra pide “que se revise lo pactado en la Transición” y, por si esto no es suficiente, “que se legisle en función de la justicia y que ningún juez encuentre en esa legislación ningún resquicio para, unilateralmente,
alterar lo que se haya decidido en nombre de la soberanía nacional”.