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Los blancos entregaron una tarjeta de presentación contudente. Los andaluces arrastran una dañina losa de pérdidas de balón -15,5 por partidos, la más alta de la Liga- y un robo propició la madrugadora demostración de ganas de los locales. Alex Mumbrú recorrió la cancha y la hundió en solitario en el aro. No habían pasado aún ni cinco minutos y la acción del alero internacional añadía pompa a una serie de 10-0 que hubiera acogotado a muchos (14-4). Las cosas pintaban mal para el Unicaja, el octavo de los ocho aspirantes, un papel que nadie ha saldado con éxito porque nadie ha apeado de la carrera por el título al campeón de la primera fase nunca. Ahora bien, si algo distingue a los equipos del italiano Sergio Scariolo es el carácter.
El técnico de Brescia inyectó la dosis de solidez que le faltaba al cinco inicial inmediatamente. Y cambió el curso de los acontecimientos. El puertorriqueño Daniel Santiago aportó la ración de consistencia que le faltaba al Unicaja. La irrupción del boricua volteó el choque. El Unicaja remontó de la mano del poste antillano y del serbio Marko Popovic, letal en el lanzamiento. El checo Jiri Welsch situó el tanteo en 22-18 al cabo de un cuarto envenenado para los de Scariolo. La eliminatoria cobraba otra dimensión. El estadounidense Louis Bullock figuraba, pese a un generoso empeño, en los aledaños de la acción. Santiago, Popovic y, posteriormente, Germán Gabriel, dueño de una muñeca privilegiada, canalizaron los impulsos de un Unicaja, ahora sí, inmerso en la dinámica del asalto al título.
Un triple imposible con tiro libre añadido de Gabriel rompieron el dominio local en plena expansión malagueña (34-38 m.17). El Madrid acababa de igualar con el primer triple de la noche, a cargo de Raúl López, y un descorazonador 1/9 desde el arco. Pero si el Unicaja raras veces abandona el frente, el Madrid tampoco responde al perfil del impostor. El belga Axel Hervelle -catorce puntos en la primera parte y muchos intangibles concernientes a la entrega, a la fe y la ambición que operan en la psiquis de los equipos- había hecho un trabajo constante; Raúl había sacado a pasear la clase con tiros en momentos destinados a los que establecen distancia entre los proletarios y los nobles de este deporte y, además, Felipe Reyes había dedicado los cinco sentidos a hacer su habitual labor infatigable.
El Madrid aguantó el empellón y miró a los ojos a su adversario. Reyes le sacó la tercera falta a Santiago con poco más de treinta segundos de juego para el descanso y el Madrid culminó el asalto por delante (41-40 m.20). El dos de catorce desde los 6,25 sólo lustraba la fama de irreductible que adorna al defensor del campeonato. La pujanza mostrada por el Unicaja también ampliaba el mérito madridista. Sólo el griego Lazaros Papadopulos, un hombre que los madrileños necesitan para plantar cara a la poderosa línea interior cajista, que a los cinco minutos sumó la segunda falta y cometió la cuarta en los albores del tercer tramo, despertaba dudas sobre la prestancia de los anfitriones.
Tampoco cabía cuestionar la altura desplegada por la huestes de Scariolo. Mucho menos tras contemplar cómo retomaron el juego. Mediado el tercer cuarto, Hervelle cometió la cuarta personal, el Unicaja amasó un 0-12 (43-53) y el banquillo madridista pidió tiempo para frenar el bombardeo. La llamada de Plaza interrumpió la lluvia, pero no la detuvo. Carlos Cabezas la reanudó. De entrada, remató un contragolpe desde el triple. A renglón seguido, y gracias a una técnica sobre Plaza, anotó dos tiros libres. El base campeón del mundo remató esa febril racha con una bandeja. La conclusión de todo eso dibujó un terrorífico porvenir al Madrid: 45-62 (m.28). Le pesaba la ausencia de Bullock y de Raúl López. Todas las bendiciones apuntaban al cuadro andaluz. Incluso después de encajar cuatro tiros libres seguidos a cargo de Bullock consecuencia de una personal y una técnica para Scariolo. A un cuarto del telón reinaba el Unicaja (52-66).
Los madridistas, que habían encontrado el camino correcto instintivamente en el estreno, daban palos de ciego. Un dos de diecinueve en triples tras treinta minutos ilustraban la poca clarividencia blanca. El 11-26 de parcial en el periodo la clarividencia andaluza. La defensa malagueña condenaba a la vía del pundonor a un Madrid lentamente acorralado. Hervelle, Reyes, la casta y todos los atributos de intensa personalidad que han dado crédito a la tropa de Vistalegre contuvieron la avalancha a tiempo de volver a poner en cuestión el envite (60-68 m.37). Cabezas, en forma de triple, y dos libres de Boniface N'Dong producto de una antideportiva para Felipe Reyes confirmaron finalmente que, ahora mismo, el Unicaja puede ser el primer octavo clasificado que saca del asalto por el título al campeón de la primera fase. El Martín Carpena sueña con el partido del sábado.
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