Narbona hizo estas consideraciones en declaraciones a los periodistas tras escuchar el anuncio de Estados Unidos. El país que preside George Bush aceptó tras una larga negociación que el texto contenga de forma expresa que los países industrializados transferirán tecnología a los emergentes para ayudarles a luchar contra el calentamiento global, como exigía el llamado G-77 más China, que aglutina a 132 países en desarrollo.
A cambio, este grupo se compromete a llevar a cabo medidas para rebajar sus niveles de dióxido de carbono de una forma que sean controlables y verificables.
El documento alcanzado también incluye una referencia, aunque indirecta y no obligatoria, a la necesidad de que los países industrializados reduzcan sus emisiones de gases contaminantes entre el 25 y el 40 por ciento, respecto a los niveles de 1990, para el año 2020.
La Unión Europea (UE) y otros países trataron que la medida fuera vinculante, pero al final quedó como una nota a pie de página atribuida a los expertos del Panel Intergubernamental sobre del Cambio Climático de la ONU.
La UE ha mantenido durante dos semanas su posición de firmeza para que el acuerdo recogiera de una forma clara que las naciones industrializados se comprometen a reducir sus emisiones de dióxido de carbono y siempre apostó por que el texto incorporara esta horquilla.
Estados Unidos, Canadá y Japón se han opuesto a esos compromisos por considerarlos prescindibles y que podían condicionar las futuras conversaciones.

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