La UE amenaza a Kenia con revisar las ayudas si no acaba con la ola de violencia
Cuando se cumple un mes de las elecciones del 27-D, la violencia en Kenia se recrudece hasta el punto en el que la Unión Europea ha amenazado con revisar los "compromisos de los países donantes" si el Gobierno de Mwai Kibaki no pone punto y final a la crisis. Este lunes han muerto unas 16 personas en nuevos enfrentamientos étnicos.
L D (EFE) El origen de la crisis se encuentra en las elecciones del pasado 27 de diciembre, en las que se proclamó ganador el actual presidente, Mwai Kibaki, y en las que el líder de la oposición Raila Odinga, pero también Naciones Unidas han denunciado “irregularidades”.
Este lunes, 16 personas han perdido la vida en el valle del Rift, al oeste de Kenia. Durante la pasada madrugada, la Policía encontró catorce cadáveres en Naivasha (a 80 kilómetros al noroeste de Nairobi) que, según testigos oculares, presentaban "heridas atroces", probablemente causadas por machetes.
Horas más tarde dos personas murieron lapidadas, una en la misma ciudad y otra en Eldoret, como consecuencia de los choques étnicos. La oposición denuncia que el oeste de Kenia se "ha convertido en un infierno".
Pese al toque de queda impuesto por las fuerzas armadas en Nakuru y Naivasha, más de 130 personas fueron asesinadas en cuatro días de enfrentamientos.
Policía, pasiva
En algunos casos, según afirmaron numerosos testigos, la policía no intervino, los que provocó las críticas de la oposición.
El ministro keniano del Interior, George Saitoti, se desplazó hasta Naivasha, donde hizo un llamamiento por la paz en presencia de grupos de kikuyus y luos -protagonistas principales de la actual violencia tribal-, separados por un fuerte contingente de las fuerzas de seguridad.
Saitoti declaró que "el gobierno perseguirá a todos los criminales que ponen en peligro la seguridad de los ciudadanos".
En Kisumu, entretanto, más de un millar de jóvenes de etnias diferentes se enfrentaron con armas blancas y piedras hasta que la policía los dispersó con disparos al aire.
El comisario general de la policía, Ali Husein, rechazó las denuncias del opositor Movimiento Democrático Naranja (ODM) sobre la parcialidad de los agentes uniformados hacia las bandas de jóvenes kikuyus que atacan a los luos y kalenjins en el valle del Rift.
"La policía protege a todos por igual, sin distinciones tribales", aseguró Hussein.
Pero el presidente del ODM, Henry Kosgey, rechazó tajantemente las aseveraciones policiales.
"El deber de la policía es proteger la vida de los kenianos así como sus bienes, pero las fuerzas de seguridad se desentienden cada vez que los 'mungikis' atacan a otras etnias", afirmó Kosgey durante una conferencia de prensa en Nairobi.
Los mungikis son una violenta secta de la tribu kikuyu a la que las oposición responsabiliza de la muerte de más de 100 luos y kalenjins.
La Policía keniana es multiétnica en su composición, pero los mandos son en su inmensa mayoría kikuyus, argumento que emplea la oposición para justificar sus críticas. "El gobierno está fomentando y patrocinando la violencia a través de la policía y los mungikis, por lo que es culpable de organizar y perpetrar un genocidio", añadió Kosgey.
Misión de Annan
Kofi Annan continúa con su misión diplomática sobre el terreno y permanece a la espera de que el Gobierno y el ODM nombren, respectivamente, tres representantes encargados de reanudar las negociaciones para poner fin a la crisis.
Annan, quien llegó el pasado día 22 a Kenia, logró dos días después que se reunieran por primera vez desde que estalló la crisis el presidente keniano, Mwai Kibaki y el líder del ODM, Raila Odinga.
El ex secretario general de la ONU ha indicado que permanecerá algunos días más en Kenia para intentar que Kibaki y Odinga vuelvan a reunirse y "pongan punto final a esta crisis nacional, humanitaria y económica que también afecta a toda la región" del este africano.
Los choques entre clanes tribales y facciones políticas kenianos ha causado hasta ahora alrededor de 800 muertos y más de 250.000 desplazados.