A duras penas, la comitiva podía llegar al lugar donde se había extendido un libro para que pudiera dejar sus palabras de condolencia, siempre seguido por varios equipos de televisiones venezolanas, lo que provocó la indignación del resto de medios de comunicación, que no podían acercarse tanto e impedían ver lo que sucedía. Como los diferentes cuerpos de seguridad -Policía Nacional, vigilantes de seguridad de Atocha y los escoltas de Chavez- no retiraban a esos cámaras venezolanos, el resto de periodistas se saltó también el cordón de seguridad.
A partir de ese momento, entre gritos a favor del presidente, de América Latina y en contra de la política norteamericana, los empujones y caídas se sucedieron. Los periodistas, mayoritariamente españoles, conminaban a la Policía a que retirara a los periodistas que continuaban en las proximidades de la comitiva, hasta el punto de que uno de los agentes señaló "qué quieren que saque la pistola", al tiempo que intentaba poner calma en el ambiente. A un fotógrafo de Efe le arrebataron un objetivo y a un cámara de Atlas un vigilante de Atocha le lastimó la mano, al intentar evitar que se acerca más a Chavez.
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