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Noticia publicada el 18-09-2005
L D (EFE) Como el pasado año en la final de Moscú, también contra Francia, el doble decidió la victoria. Elena Dementieva y Dinara Safina, sobre todo ésta última con una fenomenal actuación, vencieron a Mary Pierce y Amelie Mauresmo, por 6-4, 1-6 y 6-3 en una hora y 47 minutos. Francia buscaba la venganza del 2004 pero fue Rusia defendió el título y lo ganó por segunda vez en su historia. Antes, Mary Pierce, que había perdido el sábado su partido contra Elena Dementieva, logró el 2-2 al imponerse a Anastasia Myskina, por 4-6, 6-4 y 6-2 en una hora y 52 minutos, después de que Dementieva abriera las puertas del triunfo al equipo ruso al doblegar en un gran encuentro a Amelie Mauresmo por 6-4, 4-6 y 6-2 en dos horas y 45 minutos.
Casi 15.000 personas llenaron este domingo la central de este colosal estadio, el sol apareció radiante, sin rastro de las lluvias previstas, y la revancha de la final perdida el pasado año en Moscú parecía probable, incluso después de que la primera jornada acabase con un inquietante 1-1. Georges Goven, capitán del equipo francés, jugó fuerte sus bazas. Mantuvo, como parecía lógico a Mauresmo contra Dementieva, y arriesgó, quizás más de lo necesario, al confiar de nuevo en Mary Pierce, cansada después de perder en tres sets contra Elena el sábado, para hacer frente a Myskina, campeona de Roland Garros en el 2004 y con quien mantenía un desfavorable 4-1 en sus enfrentamientos, con victoria de la rusa en los dos últimos.
La primera apuesta le salió mal, la segunda fue un acierto. A Mauresmo, como en otras grandes citas en Roland Garros, le pesó de nuevo su responsabilidad de líder y aunque tuvo destellos de gran jugadora, sobre todo con su elegante revés liftado a una mano, y ganó el segundo set que fue lo mejor de este fin de semana, en el tercer sufrió un bajón físico inaceptable para la número cuatro del mundo.
Mauresmo ya había tenido problemas, mentales en este caso, en el primer set, cuando en el séptimo juego discutió acaloradamente con el juez de silla, el suizo Andreas Egli, por una bola dudosa en el fondo. Egli dio el tanto, intrascendental pues se trataba de 15-30, a Rusia y la francesa se fue de cabeza, perdió después su saque y el siguiente juego, y Elena sentenció en el décimo a la cuarta oportunidad. Aunque Dementieva llevaba una desventaja de 3-5 en sus enfrentamientos con la francesa, había ganado a ésta en las dos últimas oportunidades, ambas en el 2004, una en su territorio sagrado de Roland Garros y otra en el US Open, las dos en cuartos de final.
Dementieva utilizó esa 'costumbre' para lanzarse en el tercer set, y colgar un 3-0, distancia que le sería suficiente para intimidar a Mauresmo quien en el séptimo juego entregó su saque con su cuarta doble falta. La rusa, después, no perdonó en el siguiente. El público francés no se desanimó por la pérdida de este punto y siguió manteniendo su confianza en Pierce. La campeona de Roland Garros en el 2000, finalista la pasada semana en el US Open, supo aceptar que el primer set se le escapase en 31 minutos, tras perder su saque en el séptimo juego y flirteó con la derrota cuando Myskina se colocó 4-1 y servicio en el segundo.
Pero este parcial, en una auténtica ruleta rusa a la hora de conservar el saque (hubo siete rupturas), Pierce fue capaz de ganar seis juegos consecutivos para hacerse por 6-4 en este acto en 41 minutos, ante el delirio del público que le aclamaba cantando la Marsella, y situarse después con 1-0 en el tercero. Myskina fallaba demasiado, mientras que Pierce solo tenía que poner la bola en juego para ganar el punto. El público francés se calentó entonces lo suficiente para llevar en volandas a Pierce que en un partido memorable mantuvo la llama para propiciar el encuentro de dobles, aunque luego en el duelo definitivo la de Montreal no pudo rematar su gran faena anterior.
Casi 15.000 personas llenaron este domingo la central de este colosal estadio, el sol apareció radiante, sin rastro de las lluvias previstas, y la revancha de la final perdida el pasado año en Moscú parecía probable, incluso después de que la primera jornada acabase con un inquietante 1-1. Georges Goven, capitán del equipo francés, jugó fuerte sus bazas. Mantuvo, como parecía lógico a Mauresmo contra Dementieva, y arriesgó, quizás más de lo necesario, al confiar de nuevo en Mary Pierce, cansada después de perder en tres sets contra Elena el sábado, para hacer frente a Myskina, campeona de Roland Garros en el 2004 y con quien mantenía un desfavorable 4-1 en sus enfrentamientos, con victoria de la rusa en los dos últimos.
La primera apuesta le salió mal, la segunda fue un acierto. A Mauresmo, como en otras grandes citas en Roland Garros, le pesó de nuevo su responsabilidad de líder y aunque tuvo destellos de gran jugadora, sobre todo con su elegante revés liftado a una mano, y ganó el segundo set que fue lo mejor de este fin de semana, en el tercer sufrió un bajón físico inaceptable para la número cuatro del mundo.
Mauresmo ya había tenido problemas, mentales en este caso, en el primer set, cuando en el séptimo juego discutió acaloradamente con el juez de silla, el suizo Andreas Egli, por una bola dudosa en el fondo. Egli dio el tanto, intrascendental pues se trataba de 15-30, a Rusia y la francesa se fue de cabeza, perdió después su saque y el siguiente juego, y Elena sentenció en el décimo a la cuarta oportunidad. Aunque Dementieva llevaba una desventaja de 3-5 en sus enfrentamientos con la francesa, había ganado a ésta en las dos últimas oportunidades, ambas en el 2004, una en su territorio sagrado de Roland Garros y otra en el US Open, las dos en cuartos de final.
Dementieva utilizó esa 'costumbre' para lanzarse en el tercer set, y colgar un 3-0, distancia que le sería suficiente para intimidar a Mauresmo quien en el séptimo juego entregó su saque con su cuarta doble falta. La rusa, después, no perdonó en el siguiente. El público francés no se desanimó por la pérdida de este punto y siguió manteniendo su confianza en Pierce. La campeona de Roland Garros en el 2000, finalista la pasada semana en el US Open, supo aceptar que el primer set se le escapase en 31 minutos, tras perder su saque en el séptimo juego y flirteó con la derrota cuando Myskina se colocó 4-1 y servicio en el segundo.
Pero este parcial, en una auténtica ruleta rusa a la hora de conservar el saque (hubo siete rupturas), Pierce fue capaz de ganar seis juegos consecutivos para hacerse por 6-4 en este acto en 41 minutos, ante el delirio del público que le aclamaba cantando la Marsella, y situarse después con 1-0 en el tercero. Myskina fallaba demasiado, mientras que Pierce solo tenía que poner la bola en juego para ganar el punto. El público francés se calentó entonces lo suficiente para llevar en volandas a Pierce que en un partido memorable mantuvo la llama para propiciar el encuentro de dobles, aunque luego en el duelo definitivo la de Montreal no pudo rematar su gran faena anterior.
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