La calificación no ha tenido ningún sobresalto y Alonso se ha tenido que conformar con haber firmado la mejor vuelta de todas, en la segunda sesión de la calificación, cuando, con neumáticos blandos, completó su giro en 1:26.841. En esos momentos ya estaban fuera de combate el 'hermanísimo' Ralf Schumacher, caído en primera ronda y que parece agotar sus últimas horas en Toyota. Y quién sabe si también en la Fórmula Uno. Tampoco seguían, al no pasar de la segunda -en una temporada para el olvido- los dos Honda del brasileño Rubens Barrichello y del inglés Jenson Button, antaño alabado por una prensa británica que ahora le ignora.
Alonso intentó su vuelta rápida con neumáticos duros, pero ésto no fue lo que le privó de la 'pole', sino el hecho de que apuró más de lo debido su última salida a pista y salió con un margen de sólo seis segundos sobre el tiempo estimado para completar su vuelta de calentamiento antes de acometer su giro rápido. El ovetense forzó al máximo el ritmo en la vuelta anterior a la lanzada y ahí desgastó algo los neumáticos, en unos instantes que definió como "estresantes". Su crono le hizo acreedor al cuarto puesto y saldrá junto a Kimi por delante de los dos pilotos de BMW, la más que confirmada tercera potencia del Mundial 2007, que colocó al polaco Robert Kubica quinto y al alemán Nick Heidfeld justo detrás.
El genial piloto asturiano no descarta celebrar el Gran Premio número cien con la decimonovena victoria de su carrera en la Fórmula Uno, en un circuito técnico, con subidas y bajadas, al que este domingo está previsto que se den 58 vueltas para completar un recorrido de 309 kilómetros. Con una curva, la ocho, que en opinión del doble campeón del mundo es "única en todo el campeonato". Amplia y hacia la izquierda, se completa en más de tres segundos, con el acelerador siempre "al ochenta o al noventa por ciento". Y a más de 250 kilómetros a la hora, con una fuerza 'G' "increíble" que recae todo ese tiempo sobre brazos y cuello. Un tipo de dificultad que favorece a valientes y a hábiles. No le viene mal, por tanto, a Alonso, que las dos temporadas anteriores (las únicas en las que se ha corrido en Turquía), en el camino hacia sus títulos, anotó sendos segundos puestos en Estambul.
Donde ganó Raikkonen hace dos años. Y donde el año pasado, el genio astur contuvo un brutal ataque del séptuple campeón mundial alemán Michael Schumacher, que le presionó a tope las últimas quince vueltas. El 'Kaiser' se tuvo que conformar con ser tercero, en una jornada en la que Fernando le dejó entrever que ni siquiera con las 'ayudas' de la FIA sería capaz de arrebatarle el Mundial. Ese día ganó Massa, que hará lo posible por repetir sensaciones mañana. Pero la rabia contenida de Alonso -que en Hungría perdió la posibilidad de ganar y de tomar el liderato, por circunstancias por todos conocidas- es enorme. Sus ansias de triunfo son mayores que nunca.

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