L D (EFE) No hay duda: Menchov es el gran y claro favorito para proclamarse vencedor de la Vuelta en Madrid si el ruso no sufre una hecatombe en las etapas que restan. Lo admiten todos sus rivales, aunque no faltan los mensajes optimistas, como el de Sastre, que invita a los aficionados "a que sigan pegados al televisor porque habrá sorpresas". Habrá que hacerle caso al abulense. Por moral que no falte, aunque la general se manifiesta como la prueba del algodón y ésta no engaña. Menchov, ganador en Arcalís y segundo en Cerler, ha sido el único de los favoritos que ha demostrado tal condición y mira a todos sus rivales a partir de los dos minutos, a su compatriota Efimkin y al australiano Evans, por ejemplo, segundo y tercero en el podio provisional.
Después de los fuegos de artificio en los Lagos, con el liderato ficticio de Efinkin, la cronometrada de Zaragoza de 52 kilómetros, en aquella desértica autopista entre Cariñena y la capital maña, desmontó las ilusiones de nombres de mucho peso en el cartel. Y marcó la Vuelta para siempre. Sastre, Samuel Sánchez y Oscar Pereiro salieron escaldados, Menchov tomó impulso. Los Pirineos no causaron destrozos insalvables, pero Menchov dio sendos golpes de autoridad que le permitieron llegar a la jornada de descanso como líder solido. Oscar Freire, con tres triunfos de etapa antes de marcharse, ha salvado de momento el pabellón español, en el que el veterano Ezequiel Mosquera (Karpin Galicia) se ha colado como revelación como quinto en la general.
Queda la segunda parte de la Vuelta, once etapas en las que habrá recorrido suficiente para todo, si hay fuerzas. La idea de la organización de poner etapas tan selectivas hasta la primera mitad, tres llegada en alto y una contrarreloj larga, se ha convertido en un peligro de eliminar cualquier tipo de interés hasta Madrid, aspecto peligroso para una prueba que no vive los mejores momentos de su historia.
Al menos, el primer objetivo del director, Víctor Cordero, antes de la prueba, de vivir una Vuelta sin escándalos, se está cumpliendo. El dopaje, a tocar madera, no está siendo protagonista en la ronda española, pero la UCI ya se está encargando de que se mantenga el suspense de la participación de Alejandro Valverde en el Mundial de Stuttgart, una semana después del final de la Vuelta. La Vuelta está siendo salpicada por el pulso que libran la Federación internacional y el doble subcampeón del mundo, a riesgo de convertirse el tema estrella como no se animen las cosas en la carretera. No le faltaran recursos a la UCI para caldear el ambiente a medida que la carrera se acerque a Madrid.
Los equipos hubieron de trasladarse por carretera desde Andorra a Oropesa del Mar, unos 450 kilómetros en la jornada de descanso que a nadie le hizo la menos gracia. Los corredores llegaron a mediodía y salieron a entrenarse alrededor de 2 ó 3 horas. Después de la montaña vuelven las oportunidades para los esprinters con la disputa de la undécima etapa entre Oropesa del Mar y Algemesí, de 191 kilómetros.

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