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SEIS DE LOS AMOTINADOS NO QUIEREN ENTREGAR SUS ARMAS

Tropas oficiales capturan a los militares rebeldes amotinados en Manila

El general Danilo Lin, y el oficial del Ejército y senador Antonio Trillanes, líderes del grupo de militares que se amotinaron en el lujoso hotel "Península" para exigir la renuncia de la presidenta Gloria Macapagal Arroyo, se han rendido al numeroso contingente de soldados y policías que rodeaban la lujosa zona ubicada en el distrito financiero de Manila. Los dos líderes declararon a los medios de comunicación que adoptaron su decisión para evitar loa perdida de vidas humanas. No obstante, fuentes oficiales afirman que seis de los rebeldes aún se resisten a entregar sus armas.



Noticia publicada el 29-11-2007

LD (EFE) Inmediatamente después de que un vehículo blindado tumbara la puerta principal del hotel "Península", el general Danilo Lin, y el oficial del Ejército y senador Antonio Trillanes, líderes de los militares rebeldes amotinados, anunciaron su rendición para evitar la perdida de vidas humanas.
 
Fuentes militares explicaron que no obstante, seis soldados rebeldes se resisten a rendirse y deponer las armas. Las tropas gubernamentales seguirán acordonando el hotel hasta conseguir que los seis soldados decidan entregarse.
 
Antes del anuncio de la rendición, afirmaron medios de comunicación locales, en el interior se escucharon disparos y se vio salir humo por las ventanas, aparentemente producido por los gases lacrimógenos que fueron arrojados por las fuerzas de seguridad.
 
Trillanes y Lim, que encabezaron unas pocas horas antes una marcha de decenas de personas, entre ellas soldados armados, por las principales calles de Makati se había negado a negociar su rendición con el jefe de la Policía Nacional, Geary Barias.
 
"Por la seguridad de todos, vamos a salir, si alguien resulta herido no queremos tenerlo en nuestra conciencia", dijo Trillanes a los periodistas. Las autoridades advirtieron a los rebeldes que asaltaría el inmueble a las tres de la tarde, hora local, si los rebeldes no se rendían transcurrido el plazo.
 
Los rebeldes, que ya participaron en el motín de 2003, exigían la dimisión de la presidenta filipina, Gloria Macapagal Arroyo, a quien acusan de corrupción, y reclamaban la formación de un Gobierno interino encabezado por el presidente del Tribunal Supremo.

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