Paranoias

Dr. Joaquín Galván

Biografía del doctor Joaquín Galván Fradejas



Nacido en noviembre de 1940, el doctor Joaquín Galván Fradejas es Licenciado en Medicina por la Universidad de Salamanca, especializado en Psiquiatría en la Escuela del Profesor López Ybor, en Psicología Clínica por la Universidad de Madrid y en Gerencia de Hospitales por el Ministerio de Sanidad. A parte de ser autor de innumerables artículos y de tener una intensa actividad como docente y como ponente en numerosos congresos, ha desarrollado su actividad profesional como Jefe de los Servicios de Salud Mental y Psiquiatría de entidades como la Comunidad de Madrid, Gas Natural, Iberdrola Telefónica, Unión FENOSA o Tabacalera, así como en centros de los Distritos de Retiro y Moratalaz. Ha sido Jefe de Servicio del Centro de Conducta Infantil en Madrid y Jefe Clínico y de Servicio del Hospital de Alcohete, en Guadalajara.


Entendemos por paranoia un trastorno mental que consiste en la aparición de ideas delirantes de evolución crónica. Ahora bien ¿qué es una idea delirante?. Se considera idea delirante aquella sobrevenida de forma patológica, enfermiza, que es errónea y que, además, resulta irrebatible a toda argumentación. Por ejemplo, que yo crea que me va a tocar la lotería puede ser una idea equivocada o, como mucho, una sobre-valoración optimista de que tal hecho suceda. Pero que yo mantenga esa idea con firmeza y convicción, a pesar de las argumentaciones lógicas que se me hagan, da la base para determinar las tres notas que caracterizan una idea delirante: Es errónea y a pesar de ello irrebatible y aparece de forma patológica. Si se dan estas características, es porque esa idea proviene de una enfermedad.

Las ideas delirantes pueden ser absurdas. En el ejemplo anteriormente expuesto, desde el principio puede percibirse que algo no va bien. No obstante estas ideas pueden llegar a ser más coherentes y sistematizadas. En estos casos, el interlocutor se queda con la duda de si realmente no será cierto lo que el paciente cuenta. A tal respecto recuerdo el caso de un acaudalado empresario que creyó que sus hermanos se habían confabulado para apoderarse de sus fábricas y propiedades. Llevó el tema a los tribunales solicitándose una prueba pericial psiquiátrica. Ante esta petición, dos psiquiatrias muy conocidos y acreditados del Madrid de la época dieron dictámenes contradictorios. Uno de ellos creía que el empresario no padecía enfermedad alguna y el otro opinaba que había hecho un desarrollo paranoico.

Años más tarde, cuando yo le atendí en una institución pública era evidente, pese al muy buen nivel de inteligencia que conservaba, que se trataba de una paranoia posiblemente originada por el consumo de anfetaminas.

El ejemplo anterior nos puede ilustrar de lo complejas y sistematizadas que pueden llegar a ser las ideas delirantes en la paranoia, sobre todo teniendo en cuenta que este tipo de pacientes conservan íntegra su inteligencia, su memoria y su capacidad de juicio y raciocinio para todo aquello que no afecte a su delirio.

Los delirios pueden ser de diversos tipos. Está el pleitistas, el erótico o el querulante, que es el ejemplo anteriormente descrito. También existen los delirios de grandeza, en los que el sujeto se cree alguien importante o poseer una enorme fortuna. Otras personas deliran y piensan que son una personalidad o que un personaje famoso, como un actor o un periodista, se ha enamorado del sujeto delirante.

La expresión paranoide se utiliza para designar aquellos delirios que si bien guardan una lógica es evidente que algo falla en su argumentación pero éstos ya no son propios de la paranoia. Paranoide es tanto como decir parecido pero no igual a paranoico.

Hoy en día, el diagnóstico de paranoia ha desaparecido de los manuales y clasificaciones psiquiátricas y se ha sustituido por el de trastorno de ideas delirantes, que es donde se engloba la paranoia. Sucede con esto igual que con los diagnósticos extinguidos de idiota, imbécil o débil mental que a su vez, han sido sustituidos por el de retraso mental, especificando el grado.

Característico de este tipo de pacientes es la ausencia de alucinaciones y de deterioro mental. Las alucinaciones consisten en percepciones sin objeto, es decir, oír un ruido, una conversación sin que nadie la produzca, oler algo inexistente... Puede presentarse en cualquier edad, desde la juventud a la senectud pero es más frecuente en mujeres en la edad media de la vida. Se trata de una enfermedad rara ya que su prevalencia (el número de casos existentes en un momento dado) es de 0,025 a 0,03 por ciento (Datos de EEUU) y los nuevos casos de 1 a 3 por cada 100.000 habitantes.

Este trastorno se diferencia de la esquizofrenia por lo coherente y lógico que es el delirio, por la ausencia de deterioro mental y de síntomas primarios determinantes del diagnóstico de esquizofrenia. A largo plazo, la mitad se recuperan, una tercera parte no varían y alrededor de la quinta parte ven atenuarse su sintomatología.