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por Luis del Pino

11. Atando cabos

LOS ENIGMAS DEL 11-M

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NOTA: Puntualización sobre el Capítulo 10. ¿Se usaron mochilas en los trenes?
 

 
A lo largo de los últimos capítulos hemos ido desvelando una serie de hechos con respecto a los atentados del 11-M que hacen prácticamente insostenible la versión oficial que se nos quiso vender desde el principio. Hemos sabido, por ejemplo, que en los atentados se habría utilizado explosivo militar, que las dos mochilas encontradas en las estaciones parecen simples señuelos, que la famosa mochila de Vallecas jamás estuvo en los trenes de la muerte, que muchos de los implicados en la trama estaban siendo grabados antes de la masacre, que los explosivos y detonadores de los señuelos fueron suministrados por confidentes policiales, que al menos dos de los terroristas pasaron por comisaría seis días antes de los atentados, que la grabación de las conversaciones de El Chino se interrumpió el mismo 12-M...
 
Todos esos datos, extraídos del sumario, resultan inquietantes, por lo mucho que revelan. Pero mucho más inquietante que esos datos es el silencio del Gobierno con respecto a todo lo relativo al 11-M; y no por lo que revele, sino por lo que sugiere. Si hay silencios clamorosos, el del Gobierno de Zapatero está rozando ya el estruendo.
 
Precisamente porque no puedo siquiera concebir que el Gobierno tenga nada que ocultar en el tema del 11-M, me considero moralmente legitimado para pedirle que deje ya de actuar como si tuviera algo que ocultar, salga de su autismo y nos proporcione una explicación lógica y creíble de lo que sucedió antes, durante y después del 11-M.
 
Cómo ser un juez y no enloquecer en el intento
 
Porque no es sólo que el Gobierno haya boicoteado de forma sistemática cualquier intento de que los españoles conozcan la verdad a través de esa pantomima denominada Comisión de Investigación del 11-M. Porque no es sólo que desde los medios de comunicación dependientes del Gobierno se haya hurtado a los españoles cualquier mención a las investigaciones que algunos medios independientes han ido realizando. Es que ni siquiera la instrucción judicial se ha librado de los intentos del actual Gobierno por evitar a toda costa que lleguemos a saber algún día lo que el 11 de marzo sucedió.
 
Dos escritos del juez Del Olmo, fechados los días 10 y 18 de mayo de 2005 y dirigidos a diversos cuerpos policiales, resumen de forma muy ilustrativa la lista de informes reclamados por el juez y que hasta la fecha no le habían sido remitidos. Se trata de un total de 48 informes, alguno de los cuales Del Olmo llevaba ya esperando... ¡un año!
 
Entre esos datos que Del Olmo había solicitado, y que el Ministerio del Interior no le había remitido, se encuentran, por ejemplo, los listados de llamadas telefónicas de todos los implicados en la trama entre los días 10 y 12 de marzo. O las agendas telefónicas de Suárez Trashorras. O los datos relativos a las vías de comercialización de diversos teléfonos relacionados con los atentados.
 
El sumario entero está plagado de episodios ante los que no cabe sino sospechar que ha existido un deliberado intento de ajustar la labor del juez a lo que la versión oficial requería. Se nos han presentado sucesivamente no menos de media docena de "cerebros" del atentado: Zougham, El Chino, El Tunecino, Lamari, Almallah, Belhadj... Cada vez que el juez descubría nuevos datos que ponían en duda el carácter islamista, la condición terrorista o la implicación de tal o cual "cerebro", aparece de la nada en el sumario un nuevo testigo que viene a apuntalar la tambaleante versión oficial. Y cuando esa posición llega a ser indefendible, surge un nuevo "cerebro" para sustituir al que ya está quemado. Tendremos oportunidad de ver algún ejemplo curioso en futuros capítulos.
 
A día de hoy, el Gobierno trata, cada vez más a la desesperada, de que el juez cierre cuanto antes la instrucción del sumario. Sería desastroso para la versión oficial que Del Olmo intentara averiguar ahora de dónde salió el explosivo militar usado en los atentados, o las circunstancias exactas de la aparición de la mochila de Vallecas, o por qué se dio orden de interrumpir las escuchas a El Chino el 12 de marzo... Y lo malo es que resulta muy probable que el Gobierno se salga con la suya y que la instrucción sumarial se cierre también en falso, como la Comisión del 11-M, porque nadie está moviendo un dedo para instar al juez Del Olmo a realizar determinadas diligencias. Los pocos medios de comunicación que están investigando la masacre tratan de cumplir con su labor y poner datos sobre la mesa. Pero, si nadie hace nada con esos datos, toda esa labor de los medios no servirá para nada.
 
Vamos a tratar de echar la vista atrás y analizar algunas cuestiones relativas al atentado, a la luz de los datos que hemos ido conociendo. Eso nos permitirá, quizá, encajar algunas de las piezas de este complicado puzle.
 
Los explosivos de los trenes
 
¿Qué explosivo concreto se utilizó en las diez bombas que estallaron en los trenes? No lo sabemos, puesto que nadie se ha molestado en intentar averiguarlo. Los datos con los que contamos son tres:
 
  • Los destrozos causados en los trenes, que según el Jefe provincial de los TEDAX revelan que las bombas contenían algún tipo de explosivo militar, como por ejemplo C3 o C4.
  • La grabación de las explosiones de Atocha, que de nuevo apunta a que se habrían utilizado explosivos militares.
  • Los restos de "componentes genéricos de dinamita" encontrados en 8 de los 10 focos de explosión.
 
Teniendo en cuenta estos datos, una posibilidad (aunque no la única) es que se hubiera utilizado RDX mezclado con nitroglicerina. Esa mezcla, que tiene unas características muy similares al C4, ya ha sido empleada anteriormente por algunos grupos terroristas, por ejemplo en Chechenia. Eso explicaría tanto los destrozos en los trenes como los restos de "componentes genéricos" de dinamita en ocho de los focos de explosión, aunque sería altamente deseable conocer qué componentes exactos se detectaron en los análisis. ¿Se encontró metenamina (uno de los componentes del RDX) en alguno de esos 10 focos?
 
Los señuelos
 
Las dos bombas encontradas intactas en los trenes (y hechas explotar por los Tedax en las estaciones) contenían muy probablemente Goma-2. Pero, como nos han ocultado los informes sobre las inspecciones oculares realizadas a esos dos artefactos y como nos han ocultado qué componentes químicos se encontraron en los análisis después de la detonación de esas dos bombas, no estamos en condiciones de asegurarlo. Lo único que tenemos claro es que el tipo de explosivo era distinto al de las bombas que sí estallaron, así que esas dos mochilas eran sólo señuelos.
 
La sola existencia de esos señuelos nos revela un dato muy importante: que toda la operación del 11-M era algo más que un simple atentado terrorista, porque no se pretendía sólo hacer detonar unas bombas, sino también dejar las pistas que orientaran la investigación en una dirección concreta. Es a eso a lo que nos referíamos en el artículo segundo de esta serie, cuando nos preguntábamos por qué Al Qaeda iba a tener interés en poner en marcha una campaña de desinformación, paralela al propio atentado.
 
Todo parece indicar que quien concibió el 11-M no tenía sólo en mente los muertos, los heridos y la destrucción, sino también lo que había que hacer para que el atentado tuviera las consecuencias políticas deseadas.
 
La mochila de Vallecas
 
El tercero de los señuelos comparte con los otros dos que el explosivo era distinto del utilizado en las diez bombas que estallaron. Pero las semejanzas acaban ahí.
 
A diferencia de los otros dos señuelos, la mochila de Vallecas no estuvo nunca en los trenes. Si hubiera estado, no habría podido escapar a las inspecciones de los Tedax, que revisaron dos veces todos los bultos encontrados en las estaciones. Por tanto, esa mochila fue depositada con posterioridad a que los Tedax abandonaran la estación de El Pozo.
 
¿Qué sentido tiene que los terroristas depositaran esa decimotercera mochila? Pues uno muy simple: los dos señuelos originales habían fallado, porque los Tedax los hicieron detonar en las propias estaciones. Sin señuelos, no había Goma-2 que apuntara en dirección contraria a ETA, ni providenciales teléfonos que nos llevaran a los supuestos terroristas, así que el objetivo del atentado estaba comprometido. La decimotercera mochila apareció porque los otros dos señuelos fueron detonados.
 
¿Dónde fue depositada esa mochila por los terroristas? No lo sabemos, pero los bultos de El Pozo efectuaron el siguiente recorrido: Estación de El Pozo - Comisaría de Villa de Vallecas - IFEMA - Comisaría de Puente de Vallecas. La mochila tuvo que ser depositada, forzosamente, en algún punto de ese trayecto. Y el más probable es IFEMA, porque es allí donde, en medio de la confusión, nadie repararía en una persona que depositara aquella mochila.
 
Un último dato: la decimotercera mochila fue, muy probablemente, fabricada después de los atentados. Son dos los indicios que apuntan a ello:
 
  • la diferencia de composición con respecto al señuelo encontrado en la estación de El Pozo (bolsa de viaje en lugar de mochila, distinta cantidad de explosivo, distinta colocación del detonador, distinto color de los cables, distinto recipiente para el explosivo)
  • la hora a la que estaba programado el teléfono móvil de la mochila de Vallecas: las 7:40 de la mañana. Esa diferencia de dos minutos con respecto a la hora real a la que explotaron las bombas de El Pozo sólo puede explicarse si alguien programó "a ojo" el teléfono después de producirse las explosiones, cuando los datos concretos eran todavía confusos.
 
Los números que no cuadran
 
Nos preguntábamos en uno de los capítulos anteriores cómo es posible que no cuadraran los números en la versión oficial: número de mochilas, número de móviles comprados por los búlgaros, número de móviles liberados, número de tarjetas telefónicas compradas, número de móviles activados en Morata... Nos preguntábamos también por qué los terroristas utilizaron como temporizadores para las bombas unos teléfonos móviles que tan fácilmente permitían identificarles, en lugar de emplear un temporizador normal, infinitamente más seguro y que no deja ningún rastro.
 
La respuesta a esas dos dudas parece clara: es lógico pensar que los números no cuadran porque todo ese complicado montaje de los móviles, de los búlgaros, de los hindúes, de los locutorios de Lavapiés..., no tiene nada que ver con las bombas que estallaron en los trenes. Aquellas 10 bombas usaban, muy probablemente, un temporizador normal y corriente, programado para estallar cuando los trenes estuvieran en sus respectivas estaciones.
 
Donde únicamente se utilizaron móviles y tarjetas es allí donde esas pistas podían resultar de utilidad: en los señuelos. Había que dar a la Policía un hilo del que tirar, y nada mejor que una tarjeta telefónica que llevara en primer lugar a un "sospechoso habitual" al que poder detener antes de las elecciones y, más a medio plazo, que demostrara la supuesta implicación del comando de Morata. Las siete tarjetas activadas el 10 de marzo en Morata no tenían otro objeto que establecer la vinculación entre los atentados y esa casa tan conocida de las fuerzas policiales.
 
La trama asturiana
 
Puesto que la Goma-2 parece jugar en todo este drama el simple papel de señuelo, eso nos obliga a replantearnos la verdadera importancia de algunos de los actores. Los miembros de la trama asturiana, por ejemplo.
 
En primer lugar, si se utilizó explosivo militar en los trenes, la cantidad de Goma-2 que fue escamoteada en Asturias es menor de la que pensábamos en un principio. La Goma-2 asturiana se utilizó en los señuelos, en el artefacto encontrado en las vías del AVE y en Leganés, pero no en las 10 bombas que estallaron en los trenes, lo cual representa unos 100 kg menos de dinamita.
 
En segundo lugar, la trama asturiana no habría participado en el atentado propiamente dicho, sino en la elaboración de las cortinas de humo que rodean al atentado. Sigue siendo necesario investigar esa trama y, especialmente, a quienes la teledirigían, pero centrarse en esa trama secundaria, olvidando lo verdaderamente importante, sería un error: ni el explosivo militar salió de Asturias, ni probablemente estén en Asturias quienes concibieron el macabro guión de este atentado.
 
La trama de Morata
 
De nuevo, las últimas revelaciones nos dejan entrever claramente de qué estamos hablando al referirnos a la trama de Morata: de una panda de pringados, metidos hasta el corvejón en el mundo del narcotráfico, a quienes se les encarga transportar desde Asturias unos explosivos que no llegarían a utilizarse en las verdaderas bombas y a quienes también, posiblemente, se les encarga depositar unas mochilas-señuelo que no hubieran podido nunca estallar.
 
El comportamiento de El Chino y de su grupo en los días siguientes al atentado no es el de alguien que acaba de cometer una masacre, porque no tratan de huir ni de esconderse. El 19 de marzo, El Chino, a quien nos han querido vender como un islamista radical, celebra tranquilamente con una fiesta familiar el Día del Padre (la fiesta de San José) en su casa de Morata. ¿Resultaría lógico ese comportamiento en alguien que hubiera hecho algo más que actuar de simple transportista?
 
¿Cree alguien que es casualidad que le alquilaran a El Chino una casa "marcada" en Morata? ¿Cree alguien que es casualidad que se eligiera para ese transporte a alguien cuyas conversaciones estaban siendo grabadas en el marco de una operación antidroga? ¿Cree alguien que es casualidad que se eligiera a un pringado conocido de los confidentes asturianos (que probablemente son tan pringados como él)? ¿Cree alguien que es casualidad que El Chino acabe estallando en Leganés, sin que pueda ya decirnos quién le encargó ese transporte?
 
Cuando se tira un dado y sale un seis, eso se llama casualidad. Pero cuando sale un seis veinte veces seguidas, eso no es casualidad: eso se llama un dado cargado. El Chino y sus hombres empezaron a oler a muerto desde el mismo momento en que aceptaron transportar los explosivos. La pregunta es: ¿quién cargó esos dados que hicieron volar al comando de Morata por los aires aquel sábado 3 de abril, en Leganés?
 
Pero vayamos por partes. Hasta el momento, nos hemos centrado fundamentalmente en los acontecimientos que tuvieron lugar antes del 11-M y entre el 11 y el 14 de marzo. Volveremos sobre esas cuestiones, pero es momento de repasar algunos hechos interesantes acaecidos entre el día de los atentados y el estallido del piso de Leganés.
 
En el próximo capítulo: El cuento de El Chino

 
Tiene a su disposición las entregas anteriores de la serie de artículos "Los enigmas del 11-M" a cargo de Luis del Pino.

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